El sábado pude completar los regalos del Día de las Madres. La calle repleta de gente ansiosa queriendo multiplicar su dinerito al estilo de Jesús. Mientras los objetos caros permanecían morosos en los anaqueles, la colonia barata, los jaboncitos, las flores plásticas, los abanicos y las tarjetas de felicitación se agotaban temprano. Un poco “cayucos”, mis regalos recuerdan la época de los “convoyados” del Mincin; lo mejor fue encontrar papel de regalos de papel, no ese de brillo plateado tan bonito, pero tan poco dócil.
Con mis vistosos rollos de papel en la mano, llegué tarde (2.30) a la convocatoria de Observatorio Crítico en Carlos III y Belascoaín. Con el vívido recuerdo de haber visto nacer el movimiento de Indignados en España, crucé la avenida en dirección al parque de la citación; además de los cinco policías uniformados a los que le pasé por el lado, vi numerosos grupos de civil diseminados por la explanada, pero ninguna reunión. En la esquina de San Carlos (primera noticia que esa calle se llama así, es la paralela a Belascoaín), otro grupo donde reconocí caras del día del concierto de Los Aldeanos en el cine Acapulco. Caras a las que no les gusta ni el hip-hop, ni las marchas con gladiolos, ni siquiera les gustó esta convocatoria en contra de todos los capitalismos.
En la entrada de la escuela primaria allí mismo, dos jóvenes me permitieron comprobar que la nueva hornada de la policía política ha roto con la camisita de cuadros y se viste con el mismo mal gusto de los jineteros. Una mujer en la puerta de la escuela rezongaba con un anciano CVP que la policía le había cogido el local pal trajín. Todo esto sin ver una cara conocida. Por suerte me encontré con Anddy Sierra, desconcertado como yo, y para abreviar, nos dirigimos a los compañeros a los que no les gusta el hip hop para indagar por la estatua de Karl Marx. Señalaron al centro del parque, yo seguía sin ver estatua ninguna, así que ya en el parque, me dirigí a otro grupo de los mismos compañeros. Uno de ellos me señaló un bajorrelieve muy discreto en un muro largo que con mi mala vista había creído un escudo, sin un alma cerca al resol de la hora. Al mismo compañero le pregunté por la actividad citada allí, y haciendo un gesto displicente con la mano me dijo: –¡Ah!, pero eso se acabó hace rato. –¿Tan cortica?– repuse incrédula. –Sí, cantaron La Internacional, dijeron una palabras y ya.
Como estaba cerca, decidí tomarle el café a Miriam Celaya, la llamé desde los bajos de su edificio para que me abriera la puerta, pero ¡oh sorpresa!, Miriam y Eugenio Leal fueron “relocalizados” en el municipio Playa por los compañeros a los que tampoco les gustan las marchas con gladiolos, justo cuando se dirigían hacia la convocatoria del Observatorio Crítico.
A juzgar por el despliegue, hubo más policía que solidarios con el M-15. La izquierda se monitorea dentro del enfrentamiento a los grupúsculos como uno más. ¡Quién iba a decir que La Internacional sería subversiva…!
Y hablando como los locos… ¿Cuánto le cuesta al pobre Liborio un operativo así?




