Archivo del Autor: Regina Coyula

Acerca de Regina Coyula

La Habana 1956. Licenciada en Historia. Entre 1972 y 1989 trabajé en la Dirección de Contrainteligencia del Ministerio del Interior. Posteriormente he fungido (o fingido) como chofer, masajista, profesora, artesana y vendedora. Soy una pésima ama de casa, no obstante llevo veinte años "gobernando" a mi marido y a mi hijo. reginacoyula@gmail.com

Guerra perdida

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La guerra contra el paquete audiovisual semanal es una guerra perdida. La programación televisiva es de una ayuda inestimable. Y como estas cosas suelen sintetizarse con ejemplos, les pongo el de mis vecinos de al lado. No me hubiera enterado de que son clientes del paquete de no ser por la discusión entre padre de ochentaipico, militante y miembro de la Asociación de combatientes de la revolución cubana, e hija de trentaipico civil del Minint:
–¡Eso es diversionismo ideológico!—tronaba el padre, repitiendo sin dudas alguna “orientación” recibida en el núcleo del partido.
–¡Pero papi, si nosotras lo que vemos son las novelas!
–¡diversionismo igual!
Y en esas se mantuvieron hasta la intervención de la esposa del combatiente jubilado y madre de la combatienta en activo:
–Tú, mira tu Telesur y tu pelota y déjame mis novelas tranquilas, y si eso es diversionismo ideológico, por lo menos es bonito.

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Indiferencia con fondo de Juan Formell

Acabo de escribir un texto para BBC donde me valgo de experiencias propias para ilustrar cómo ante situaciones cotidianas, se pone de manifiesto la precaria educación de los ciudadanos. O tengo muy mala suerte y me monto en las guaguas donde los problemas estallan, o estos están tan generalizados que le tocan a cualquiera.
Los ómnibus Yutong tienen una plataforma frente a la puerta trasera y a un costado, según la concepción original, para coches de bebés y alguna otra impedimenta, pero aquí, son ocupados casi sin excepción por pasajeros. En una de esas guaguas que me acechan con sus problemas, una ruta 69 llena, pero no repleta, viajaba un pasajero con un enorme saco y lo había colocado en una esquina de la plataforma. Frente al hospital Clínico Quirúrgico de 26, por la puerta del fondo, una pareja sube a una impedida en silla de ruedas, y el hombre que acompañaba a la impedida, amablemente pide al hombre del saco que le hiciera un espacio para la silla de ruedas de forma que la impedida pudiera ayudarse con la baranda para levantar su peso. La reacción del hombre del saco fue defensiva: que no había espacio, que la silla cabía atravesada. Un señor mayor que viajaba de pie, no hizo caso a los tirones de manga de su pareja, e intervino airado para acusar al hombre del saco de insensible. La impedida y la pareja que la acompañaba estaban en silencio, pero se les notaba la incomodidad. El hombre del saco se viró hacia el señor: –¿Insensible yo?, No me joda, en esta misma guagua me monté ayer con mi niño de dos años y nadie me dio el asiento ni me cargaron al niño, y no se meta, que no es con usted.
Silencio, hasta del señor cuya dama acompañante había aconsejado con éxito no responder. La impedida se bajó en Santa Catalina y Vento y yo dos paradas más allá. El hombre del saco continuaba en un soliloquio, me imagino que trataba de justificarse. Solo al bajar, ya en la calle, dos personas cruzaron expresiones: En este país se acabó el querer. Y la respuesta: Sí, ya nadie quiere a nadie.

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Mi trabajo en otros sitios, en las pestañas superiores

Escribir aquí me ha dado la posibilidad de ser invitada a colaborar en otros sitios. Poco a poco iré incorporando nuevas pestañas con trabajos en Diario de Cuba o la revista Voces que andan dispersos. Por ahora BBC y 14 y medio.  No pienso abandonar mi malaletra aunque la he tenido abandonada estos últimos tiempos…

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El largo tour de Pancho Céspedes

Voy a comenzar a reunir por acá mis publicaciones en otros sitios, porque estoy escribiendo muy poco y tengo el blog medio abandonado. Además de este concierto, estuve en el de Fito Páez y lo disfruté más aun, pero Fito vino hace dos años y Pancho no cantaba para el público hace una pila. A continuación, esta crónica publicada en 14ymedio.

panchoDesde las ocho de la noche del sábado, el tránsito congestionado en la esquina de 1ra y 10 en Miramar indicaba que un suceso estaba por producirse en el teatro Karl Marx. Artistas conocidos, como Carlos Varela o Edesio Alejandro podían distinguirse en el gentío. Poco después de las nueve, con la sala repleta, un ágil y espigado Pancho Céspedes sorprendía con esa nueva imagen. Luego de veinticuatro años sin cantar para su público, estaba muy nervioso. Lo confesó varias veces, además era evidente, pero tanto nerviosismo no pudo estropear más de dos horas de conversación, sonrisas, lágrimas, pero sobre todo, canciones con un público que lo recibió con cariño, lo coreó y estuvo todo el tiempo dispuesto a hacerlo sentir cómodo: estaba en casa.

Este concierto único forma parte del Festival Leo Brouwer de música de cámara que se celebra entre el 26 de septiembre y el 12 de octubre en homenaje a los 75 años de este excepcional compositor, director e instrumentista. Por lo que Pancho Céspedes mencionara, este festival no volverá a celebrarse en Cuba, y es evidente que su organización tuvo no pocos tropiezos y solo la voluntad de Leo y su oficina pudo sacarlo adelante en esta oportunidad, pero sucesivas ediciones –de hacerse- serán fuera de Cuba. Pancho Céspedes no fue parco en halagos hacia el maestro Brouwer, quien materializó el deseo del cantante de presentarse de nuevo ante un gran auditorio nacional.

Muchas personas grabaron en teléfonos, tablets y cámaras el concierto, y la televisión estuvo allí, por lo que seguramente los televidentes también podrán disfrutarlo más adelante. El cantante no hizo alusiones a su decisión en 1990 de abandonar Cuba y, aunque nada más lejos de su ánimo que esas alusiones, jugueteó con la idea de la larga gira que lo mantuvo alejado de Cuba; con simple aritmética cualquiera pudo sacar la cuenta de que reunirse con su esposa le llevó seis años. Y como los artistas se alimentan de tristezas, depresiones y fracasos, esos años de separación incubaron Vida Loca de 1998, el más exitoso de sus discos. Siguiendo con esa misma aritmética, volver a hacer un concierto en Cuba le llevó 24 años.

No tenía que esforzarse tanto Céspedes en conectar con el auditorio, y ese afán le hizo perder en algunos momentos elegancia en su fluido intercambio con el público entre las piezas musicales. Innecesario, pues el artista derrocha carisma y sus cualidades vocales destacan con esa manera de interpretar, muchas veces cercana a un susurro compartido en complicidad.

Dentro del público siempre existen los que dejan encendido el teléfono móvil, y hasta más de un caso de conversación telefónica dentro de la sala como si de la sala de su casa se tratara, y en ese preocupante indicio de por dónde anda la educación, hasta se ponen bravos si se les llama la atención. Eso y un uso indiscriminado de un moderno sistema de iluminación por leds con frecuencia dirigido hacia el público, cegándolo, impidieron que fuera una velada perfecta.

Sobraron emociones en el artista, que domina a la perfección el espacio escenográficamente desnudo, donde los músicos acompañantes mantuvieron un discreto segundo plano. Hasta un escenario enorme como el del Karl Marx se hizo íntimo y acogedor, y eso, a pesar de que un reflector cenital que conseguía un efecto hipnótico en el público fijando únicamente al cantante sin más parafernalia, fue utilizado pocas veces. Adiós Felicidad, de Ela O´Farrill, me hizo recordar la época en que esa pieza fuera retirada de la radiodifusión por concentrarse en un sentimiento egoísta, incompatible con el entusiasmo de la construcción del socialismo.

Lo mejor de la noche es difícil de elegir; subieron las revoluciones al entonar Señora o Vida Loca, cantadas de punta a punta a coro con el público, pero hubo dos momentos particularmente emotivos. El primero con una canción hermosísima de cómo la añoranza hace nombrar lugares ajenos con los nombres de lugares que quedaron atrás (Átame la mirada). Luego los aplausos fueron ovación cuando Pancho anunció a Pablo Milanés en su primera aparición pública luego de una delicada situación de salud hace apenas unos meses. Pablo, también visiblemente más delgado y todo de negro, se unió a Pancho que ya para ese momento se había despojado del saco y sacado la camisa por fuera. El dúo de esas dulces mentiras y amargas verdades fue premiado por el teatro de pie.

Excelente velada con Pancho Céspedes, quien más por sabio que por viejo ha dado un largo tour de Donde está la vida a la Vida loca. O al revés.

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Accesorios y refuerzos

Recién comienza el curso escolar, para muchos niños, por primera vez. Llenos de entusiasmo o extrañeza, esos pequeños son ajenos al trastorno que su nueva condición de alumnos crea en muchas familias cubanas.

El uniforme escolar, con la canastilla el último reducto de la libreta de racionamiento para los productos industriales, se complementa al momento de la matrícula, donde cada nuevo educando recibe una boleta para comprar dos uniformes subvencionados que deberán cuidar mucho pues no habrá otro nuevo hasta el cuarto grado, eso, si la familia no transgrede el marco del mercado sumergido donde, a diferencia de las tiendas de la red comercial, hay uniformes y tallas.

Como se sabe, la educación es gratuita en Cuba. Pero otros aspectos relacionados con el curso gravitarán directamente sobre el presupuesto familiar. No me refiero solo a los zapatos, la mochila o la bolsa de merienda. La primera reunión de padres confirmará lo que la familia ya sabía por experiencia propia o referida. Siempre hay padres que se ofrecen para comprar pintura y otros que se ofrecen a pintar; siempre hay que hacer colectas para útiles de limpieza y listado de madres para limpiar los baños; ya es un clásico que ese inicio de la vida escolar sea con ventiladores comprados con los cinco cuc por niño que se recaudan cada año.

Los maestros y directivos adoptan el papel de plegarse a las iniciativas de la familia en un juego de roles donde se supone que el Ministerio de Educación provee todo lo que se necesita para el trabajo y la familia desea que sus niños estén lo mejor atendidos posible.

Todo lo anterior y lo que sigue es parte de una metodología no escrita pero de probada eficacia que se aplica y se mejora de un curso en otro. Los más pequeños no deben llevar mochilas, solo “lunchera”. Si llevan refrescos deben hacerlo en pomos plásticos aunque sean enlatados, todo debe ser conservable a temperatura ambiente, especial énfasis para el “refuerzo” del almuerzo. Nada de bistec, ni picadillo ni pescado. El pollo debe ser desmenuzado, el jamón troceado; mejor que el refuerzo sea con el popular “perrito” (salchichas de pollo).

Cada niño de preescolar debe llevar una caja de zapatos forrada para colectar sus trabajos durante todo el curso, y debe tener también tijeras de papel, crayolas, goma de pegar, materiales todos disponibles en cuc.

La escuela es un lugar donde puede observarse la disparidad que se ha entronizado en la sociedad. Todos los niños tienen derecho a la instrucción, todos reciben la misma clase, pero sus igualdades terminan ahí. Desde que llegan a la escuela, antes de comenzar el matutino, su calzado y sus accesorios cuentan una historia de la que ellos mismos son ignorantes protagonistas y de la que sus padres hablarán en privado con cinismo o vergüenza, en correspondencia con su idea personal del éxito.

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Vacaciones

Con el calor, mi opción de verano es sentarme frente al televisor, pero no frente a la programación veraniega que no me interesa, sino para decidir qué veo pues al fin tengo un televisor de esos que son medio inteligentes.

“24” con sus trepidantes temporadas ha sido el plato de acción. Y no es que uno no sepa luego de la tercera temporada que Jack Bauer salvará el mundo una vez más apenas con la ayuda de Chloe, pero no obstante terminará jodido; es que en ese pacto tácito, estoy dispuesta a creer en Súper Bauer si está bien contado.

También de acción, Duro de matar, ¿V, VII, XII? Bruce Willis, tío putativo de Bauer, hace lo suyo en un Moscú irreconocible para quien lo dejó en la URSS.

No todo es banal. Películas como La educación siberiana o El mapa en las nubes han puesto la nota dramática. El humor ligero ha venido de la mano de Familia Moderna; muchas gracias por no poner risa enlatada y con Breaking bad, excelente humor negro, lo mejor del verano. El martillo y las cosquillas, un documental canadiense sobre el humor en la URSS y Europa del Este me hizo reír y me hizo pensar en los calcos, y que la actual sequía de buenos chistes se debe en gran medida a que muchísimos de esos chistes eran adaptación criolla de originales de allá tú me ves, allá.

Pero lo mejor ha sido la llegada de Piura, la nueva perrita de la casa. Sata, lista, cariñosa, ya es la dueña de todos. Y como todos mis perros, recogida. Es un concepto raro de vacaciones pasarme el día limpiando orines y buena parte de la noche consolando a una cachorra que no le gusta la oscuridad, pero los perreros me entienden.

Eso han sido las vacaciones. Eso y un proyecto personal muy lindo que me ha tenido de cabeza. Les pongo el enlace para no hacer este posteo más largo, por si se motivan.

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