¿Qué hacer con los ni-ni?

En la saga de nuestra dependencia nacional, Venezuela viene a ser el más reciente capítulo (y esperemos que el último). Por esa razón es que sigo con el mayor interés la campaña presidencial venezolana.   Ambos candidatos se afanan por atraer el voto de los “ni-ni”, ese sector que no está ni con Chávez ni con Capriles.

La palabrita está simpática y queda bien para definir también a una ancha franja social en Cuba, limbo electoral entre el “cielo gubernamental” y el “infierno opositor”. Definitivamente un amplio sector de la población no simpatiza con el gobierno, pero tampoco se muestra animado a apoyar un cambio proveniente de la disidencia.  Esta última ha estado siempre en desventaja pues el gobierno utiliza la represión  y el descrédito en los medios de difusión como baza para lograr miedo y/o rechazo hacia los opositores y sus proyectos.  Nuestros ni-ni manifiestan que ningún  político vale la pena, sea dirigente o disidente, porque unos no quieren soltar el poder y los otros lo desean para quedarse con él.

Esa actitud beneficia al gobierno, porque además del mito de que a la hora del voto la boleta tiene una marca secreta y de que hay cámaras estratégicas, pesa la desidia de que un voto no cambia nada y la convicción de que se puede saber cuál es el conteo de votos del colegio electoral pero de esa instancia en adelante la única información serán las cifras que ofrezca el gobierno (mediante las comisiones electorales), todo lo cual hace muy difícil inclinar a los ni-ni en dirección contraria.

Sin aparato de “Opinión del Pueblo”, solo con mi atenta mirada, puedo asegurar que la insatisfacción y el desencanto van en aumento; la crisis económica nacional ha puesto de manifiesto las profundas diferencias sociales dentro de un proyecto que propugnó la igualdad, la pirámide social se halla de cabeza y la mayor insatisfacción de los trabajadores es ver que su salario no es suficiente para vivir el paraíso bello de la humanidad, a lo que ha venido a sumarse también sobre ellos la sombra del desempleo.

Al igual que en Venezuela, el éxito será del que consiga convencer la mayor cantidad de ni-nis.  Lejos de cerrar el tema, les invito a ampliarlo con ideas y opiniones.

 

Un punto de vista y una leve prognosis

Quizás los años me hagan mesurada con ciertos deseos, pero prefiero una transición pacífica hacia la democracia antes que una revolución.  Es por ello que miro hacia adelante, hacia el día después en que por ley de la vida –exacto el lugar común– nuestros actuales dirigentes no puedan mantenerse en el poder.  Seguirá un momento de confusión, de quítate tu pa ponerme yo, razón más que justificada para trabajar desde ahora para ese momento y tratar de esquivar los males que aquejan a muchos países ex socialistas, distantes de la seguridad ciudadana y de la democracia.

La democracia es un aprendizaje.  El legado de los años de república no resulta suficiente, porque entre intervenciones norteamericanas, bravas electorales, componendas políticas  y golpes de estado, viene quedando el período en que gobernaron los Auténticos, un auténtico relajo, como se sabe.

A partir de ese legado, se ha construido el mito de la superioridad del actual sistema que ha minimizado sus carencias y amplifica sus logros.  Como un dogma, generaciones de cubanos han crecido escuchando discursos donde se advierte de la recurrente amenaza imperialista, el regreso al pasado, el despojo de sus bienes, la mendicidad, la prostitución infantil y todo género de males.  Son ideas arraigadas y serán difíciles de erradicar, sobre todo porque la mayoría de la sociedad es refractaria al tema político, sus miras son más inmediatas y perentorias, sin embargo durante toda su vida han recibido masivas dosis de esa propaganda de la que algo queda, aun cuando solo sean los clichés.

Por eso mismo, parto de creer que al inicio de este proceso, algunas figuras más jóvenes  del actual gobierno podrían hasta llegar a obtener mayoría en las urnas, aún con la contradicción que supone el alto nivel de insatisfacción existente.  El mayor reto para sentar las bases de una democracia sería evaporar el espejismo que el control sobre los medios de información y difusión ha creado.  No puede menospreciarse como algunos hacen, el poder de internet masivo.  Muchas personas se dedicarían a seguir a sus artistas favoritos, a ver pornografía o a chatear desde Facebook.  Pero no todos y no siempre. El gobierno eso lo tiene muy claro luego de la experiencia árabe.

Es posible que yo esté distraída y no sepa de propuestas cívicas, donde se pormenorice una vía legal para el establecimiento democrático, y aunque soy optimista y algo ingenua para mis años y sé que los cubanos no nos transformaremos de masa en ciudadanos por generación espontánea; un buen proyecto podría inspirarse en la república martiana con todos y para el bien de todos.

En un proyecto así cabemos los cubanos de adentro y de afuera, dispuestos a debatir y a respetar lo que se decida en las urnas, y mucho que habría que votar en los próximos años.  Como en toda empresa colectiva, nadie saldrá enteramente ganador.  Las negociaciones a que eso dé lugar serán abiertas, como abierto ha de ser cualquier proyecto que suceda al secretismo de estos años.  Y que el voto ciudadano tenga la última palabra.

 

 

¿Democracia postcastrista?

¿Un cambio nos traerá democracia? El cambio está en proceso, aunque haya quien no vea moverse una hoja, pero hacia dónde nos lleva ese cambio es la incógnita, y cuando veo a nuestro General-Presidente de visita por Vietnam, China y Rusia, siento un escalofrío involuntario.

A los asiáticos de socialistas solo les queda el nombre; mucho capitalismo rudo, allí nadie oye hablar de dictadura del proletariado; la dictadura es del partido único bien pragmático que le dice a sus ciudadanos: –Enriquécete si puedes, que yo me ocupo de la política–. Reprimen con bajo perfil a sus disidentes y todo el mundo contento.

Los rusos “se quitaron la careta” hace rato, pero como ellos están afanados en recuperar hegemonismo, le llevan la contraria a los Estados Unidos, y, es lugar común, los enemigos de mis enemigos, son mis amigos. O mis aliados, que a lo mejor no hay que exagerar.

Y mientras, ¿Qué pasa en casa? Es como en La Comedia Silente: el policía de Keystone vigila la puerta principal, y los ladrones se escabullen con el botín por el fondo. Aquí Marino Murillo con su economía de podar el bonsái del trabajo privado para que no crezca, mientras los gerentes, directores y toda esa fauna diversa arrima la sardina para el día después, y los más impacientes, para el ahora mismo, pero lejos.

“Nuestro pueblo trabajador” como le encanta decir a la propaganda oficial, está condicionado por la manipulación informativa. Se le ha inculcado el miedo a un cambio en el que siempre su situación empeora. En estos días en que he viajado en ómnibus, en almendrones, que he pedido botella; que he conversado con médicos, enfermeros, técnicos, enfermos, acompañantes, vendedores legales e ilegales; he palpado el agotamiento ante una situación de excepción que para la mayoría es toda su vida, pero también he palpado una cautela rayana en miedo para señalar responsables o para verbalizar el deseo de un cambio. Nadie tuvo lo que antes se conocía como “una actitud combativa”, ni siquiera tropecé con algún creyente de las reformas raulistas, de esos que con el entusiasmo del primer día afirman que ahora sí.

Pareciera que me alejo del tema de la democracia, pero la democracia no se crea por generación espontánea. Personas que no serán capaces de hacer suya una demanda social espontánea, personas que creerán estéril cualquier movilización, personas que se sienten dispuestas a quebrantar la ley por ventajas económicas pero no por mejoras políticas. No me gusta, pero es lo que veo. Por eso, el reducto de valores que pueda existir en la familia, en la sociedad civil, en ciertos centros de enseñanza o de trabajo está en franca desventaja con esa moral de supervivencia más propia de la postguerra que de la construcción de una sociedad mejor.

Regreso a mi preocupación inicial. A la china o a la rusa, habrá cambio, pero no democracia. Aunque siempre existe el imponderable.

 

¿Político o patriota?


El discurso oficial ha “educado” al ciudadano en el carácter patológico del pensamiento independiente, en especial el ideológico.  Durante medio siglo los cubanos hemos recibido sobre el tema un mensaje excluyente, lleno de lugares comunes, generalizaciones y situaciones fuera de contexto, además de una maltratada enseñanza de la Historia. Parece más saludable (recuerden que hablé de patología) evitar el contacto con influencias perniciosas.  Los espacios de la alteridad son abiertos, pero nimbados de malevolencia; en cambio los espacios oficiales tienen listas, solapines, derecho de admisión.
Cómo podemos revertir el daño social que se percibe en cualquier foro interactivo (pongo este ejemplo por ser el espacio en que las personas se manifiestan con mayor libertad en todos los sentidos, lo que no sucede en espacios reales.) al leer comentarios cargados de intransigencia ante una expresión que no “machea” con determinada manera de pensar?  Extremos y odiosos en Cubadebate, pero en otros sitios de signo contrario también.  ¿Por qué nuestra reacción primaria es gritar, manotear, descalificar, insultarnos?
Las leyes biológicas traerán la renovación del gobierno; y aquí siempre habrá un comentarista que pedirá cuentas.  Esas cuentas, creo que las sacará la historia, no la justicia, y es bueno que así sea, para cortar la espiral de odio y resentimiento que nos han inculcado.  Cuando eso suceda, necesitaremos la cultura del diálogo, donde las partes determinen quiénes serán sus voces; porque hay también una tendencia desde el poder de escoger  a sus potenciales dialogantes.  Despenalizar la discrepancia adquiere carácter de urgencia y es un llamado para todo el que prefiera ser recordado como patriota antes que como político.
Postdata: Tenía un archivo sobre la visita del Papa; informaciones que reuní de todo signo para hacer un trabajo.  Decidí borrarlo. (el archivo, el trabajo no llegué a comenzarlo.)

Desprohibiciones y libertad

Conversaba con un vecino treintañero-cuarentón que con alivio me confesaba que: el raulismo ha mejorado las condiciones de vida, nos ha dado oxígeno, pues el hermano nos tenía sofocados.

Sonreí antes de echarle un jarro de escepticismo por la cabeza. –Sí, Raúl está desprohibiendo un montón de absurdos que su hermano implantó; pero eso, ni mejora la base económica, ni mejora la falta de libertades individuales.

–¡Tú siempre criticando!, ¿Me vas a negar que estamos mejor? Y ahora ni dependemos de los americanos, ni dependemos de los rusos. Por primera vez somos libres.

–Libertad no es sinónimo de soberanía. ¿Por qué tú crees que abren el banderín?– mi vecino sólo abrió los ojos y encogió los hombros –¡Gobernabilidad, chico, gobernabilidad! Ésa es la única razón de estos cambios.

–¿De qué libertad tú me hablas? Ahora yo puedo abrir un negocito, me quito al Partido y al Sindicato, soy mi jefe, pongo mis reglas. Eso me hace libre.

–Pues si quieres una libertad así— le dije casi uniendo el pulgar y el índice –eres el ideal de futuro para nuestra sociedad. Te felicito.

Cambié el tema. El tipo se quedó medio contento entre mi felicitación y los planes fraguados en su mente. Nunca entendió nada.

 

 

 

LML en LJC (21)

Para Roberto Pérez por sus Reflexiones…

El encabezado de Engels, en Cuba se cumple al pie de la letra. El cubano consume una buena parte de su tiempo corriendo tras el transporte, en cola para los alimentos, soñando con un cuartico para vivir en pareja. Es la misma realidad para un ingeniero que para un obrero agrícola. Luego de tantos años de guerra avisada (conocida por bloqueo) nuestros “soldados” siguen bajo el mismo fuego. Le recuerdo que en los lineamientos de la política económica se afirma que vamos a avanzar y se resolverán muchos problemas, pero el bloqueo no se menciona.

Socialismo es transformación dialéctica de la sociedad. El subtítulo llama la atención precisamente sobre uno de los mayores defectos que padece la sociedad cubana: inmovilismo. A los diseñadores de nuestra sociedad no debía haberles preocupado tanto la semántica como la esencia. Al hombre no le interesa en qué sistema vive, sino cómo vive dentro del sistema. Una formación económica social no es buena intrínsecamente, el ser social tiene que disfrutar de su bonanza, no leerla en la prensa. Nos han dicho que construimos el socialismo, pero es difícil distinguir en nuestro país las estructuras administrativas que confirmen ese aserto. Si hubiéramos desarrollado una sociedad revolucionaria, con economía autogestionada, descentralizada, con propiedad social y no estatal y libertades civiles, el Embargo estaría ahí –o no-, pero nuestra vida no giraría en torno a eso.

Concuerdo con la necesidad de que el ciudadano exprese sus preocupaciones, aporte ideas, siempre me ha llamado la atención la frase promover el debate y es que el debate debía ser consustancial a la sociedad, y debería darse espontáneo allí donde haga falta. Estará de acuerdo conmigo en que no es necesario analizar la falta de libertad y espontaneidad que tienen la mayoría de los debates cubanos, tan organizados, tan predecibles, tan unánimes.

Nos ha hecho mucho daño como nación esa percepción permanente de amenaza que nos han inculcado. Patriotismo no es presentar siempre al gobierno norteamericano como el responsable evidente o solapado de nuestros males. Hoy como nunca se percibe desencanto, los jóvenes desempolvan papeles para descubrir un abuelito español, la lotería de visas tiene récord de solicitudes cubanas, ¿Cómo se explica eso en jóvenes que no conocieron sino la educación y la salud gratuitas y fueron educados en la doctrina socialista?

Todo lo que señala en el trabajo como lucha contra los problemas internos es producto de una mala dirección centralizada y voluntariosa, aunque se perciben cambios en ese sentido, la sociedad está agotada y funciona por inercia, además, nunca descarte las luchas internas de los que detentan el poder; unos queriendo mantener el inmovilismo y otros queriendo abrir espacios. Hace un tiempo, a contracorriente del refrán de en la unión está la fuerza, dije que en la diversidad la encontraríamos. El autor del trabajo ha olvidado que los hijos se parecen más a su tiempo que a sus padres.

La paradoja

No envidio para nada la posición del gobierno, aunque tampoco siento lástima por ninguno de nuestros gobernantes. La situación económica en Cuba no presenta un mejor panorama que hace cinco años. Desprohibir lo que nunca debió prohibirse, como las disposiciones legales que por estos días mantienen a la gente entretenida, son para mí una forma de ganar tiempo, y la confirmación de lo equivocada que ha estado la administración del país, la misma que se ha equivocado una y otra vez durante 50 años, pero sigue ahí.

–O rectificamos o nos hundimos– fueron palabras del General Presidente, sin que el inmovilismo dé signos de animarse. Nada parece que vaya a cambiar, por lo que, como no rectificamos, nos hundimos (es decir, se hunden, nosotros llegamos primero).

Pero es que si se dinamizara el país, tendrían que hacerse reformas que alienten la inversión de capitales y creen un clima de seguridad para los inversores, eso para comenzar, y otras reformas tan, pero tan radicales, que el gobierno, tal como lo conocemos y con todos sus funcionarios a bordo, se iría a pique.

Si cambian, se hunden; y si no cambian, se hunden: he ahí la paradoja.

 

 

Apuntes para un cubanólogo del futuro

Foto; Katerina Bampaletaki

Los que vivimos en Cuba, estamos acostumbrados a que toda inauguración relevante de carácter social, como panificadoras, toda obra de salud, como los policlínicos, toda obra ingeniera, como los pedraplenes, toda idea innovadora, como el desarrollo biotecnológico, tuviera la paternidad exclusiva de Fidel Castro. Todavía hoy a cinco años de su retiro por enfermedad de los actos públicos, uno sabe de antemano que en cada celebración, detrás de cada aniversario, en el discurso oficial por el evento, habrá una mención directa a su genial concepción. Si ahora mismo quedáramos detenidos, congelados, en pause, la impresión de un cubanólogo del futuro frente a los documentos oficiales, sería que Fidel Castro fue un hombre de inteligencia más o menos normal que gobernó un país de morones, pues era el único a quien se le ocurrían ideas, ideas que sus gobernados se aprestaban a materializar.

No obstante, ese cubanólogo en su larga investigación encontraría que a pesar de los discursos de alabanza, en los últimos tiempos, muchas de aquellas paternidades geniales han sido archivadas, sobre todo en la Educación. Pongamos por ejemplo la Escuela al Campo, la escuela en el Campo, las BET (Brigadas estudiantiles de trabajo), las FAPI (Fuerzas de acción pioneril), los maestros emergentes, esos Supermanes de la enseñanza formados a la carrera que debían impartir todas las asignaturas en la secundaria básica, las aulas con sólo 20 estudiantes.

Yo sólo hablo de lo que más me ha llamado la atención porque lo conozco bien, pero mi cubanólogo –y cualquiera- podría encontrar otros ejemplos.