En la saga de nuestra dependencia nacional, Venezuela viene a ser el más reciente capítulo (y esperemos que el último). Por esa razón es que sigo con el mayor interés la campaña presidencial venezolana. Ambos candidatos se afanan por atraer el voto de los “ni-ni”, ese sector que no está ni con Chávez ni con Capriles.
La palabrita está simpática y queda bien para definir también a una ancha franja social en Cuba, limbo electoral entre el “cielo gubernamental” y el “infierno opositor”. Definitivamente un amplio sector de la población no simpatiza con el gobierno, pero tampoco se muestra animado a apoyar un cambio proveniente de la disidencia. Esta última ha estado siempre en desventaja pues el gobierno utiliza la represión y el descrédito en los medios de difusión como baza para lograr miedo y/o rechazo hacia los opositores y sus proyectos. Nuestros ni-ni manifiestan que ningún político vale la pena, sea dirigente o disidente, porque unos no quieren soltar el poder y los otros lo desean para quedarse con él.
Esa actitud beneficia al gobierno, porque además del mito de que a la hora del voto la boleta tiene una marca secreta y de que hay cámaras estratégicas, pesa la desidia de que un voto no cambia nada y la convicción de que se puede saber cuál es el conteo de votos del colegio electoral pero de esa instancia en adelante la única información serán las cifras que ofrezca el gobierno (mediante las comisiones electorales), todo lo cual hace muy difícil inclinar a los ni-ni en dirección contraria.
Sin aparato de “Opinión del Pueblo”, solo con mi atenta mirada, puedo asegurar que la insatisfacción y el desencanto van en aumento; la crisis económica nacional ha puesto de manifiesto las profundas diferencias sociales dentro de un proyecto que propugnó la igualdad, la pirámide social se halla de cabeza y la mayor insatisfacción de los trabajadores es ver que su salario no es suficiente para vivir el paraíso bello de la humanidad, a lo que ha venido a sumarse también sobre ellos la sombra del desempleo.
Al igual que en Venezuela, el éxito será del que consiga convencer la mayor cantidad de ni-nis. Lejos de cerrar el tema, les invito a ampliarlo con ideas y opiniones.



