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Laboratorio y lealtades

Aunque el Laboratorio Casa Cuba invitaba y parecía una propuesta incluyente, no sé si por atea, por vieja, por no clasificar en las lealtades de la oposición, o por todo lo anterior, recién terminó un encuentro auspiciado por Espacio Laical del que me enteré por terceros.  Llorando por los rincones debo decir que ni me acusaron recibo de esta carta que mandé a una ¿dirección para incautos? hace exactamente un año.

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Me parece una propuesta muy interesante la que se hace desde Laboratorio Casa Cuba, un espacio del que tengo vagas referencias.  Invitada a opinar, añado algunas ideas en una primera lectura.  Me gustaría saber si existe fecha para una reunión a la que se pueda asistir.  Somos muchos los que soñamos Cuba, aunque nuestros sueños sean como la vida: diversos y hasta opuestos; el reto, está en encontrar el consenso.

Un saludo ciudadano,

Regina Coyula (móvil: 3236668)

Si en una república los ciudadanos delegan en los gobernantes la consecución de sus intereses nacionales y personales mediante un buen gobierno, se impone cambiar la mentalidad de ser fieles al gobernante, y comenzar a exigir sentirnos representados.  Privilegiar la meritocracia en los servidores públicos y no la fidelidad a una idea, un partido o una persona. 

Las carencias tecnológicas impedirán durante un tiempo el acceso pleno de la ciudadanía a la red de redes.  Por ello debemos contar con una prensa impresa y acceso a los medios radiotelevisivos que además de noticiar, permita a los ciudadanos mantenerse informados y participar si así lo desean en las iniciativas, debates, propuestas que afecten la esfera pública local o nacional.  Internet deberá ser intermediario creciente entre la gestión de los funcionarios públicos y las opiniones, quejas y sugerencias de los ciudadanos. Existen experiencias muy positivas del uso de las redes sociales en este sentido.  En lo inmediato, dada la difusión de la telefonía celular, puede usarse para el envío de mensajes de interés, encuestas, citaciones.

Para garantizar que la sociedad se organice según sus intereses, deberán desaparecer los Comités de Defensa, y organizaciones como la Federación de Mujeres, las organizaciones estudiantiles o las de perfil profesional deberán ser profundamente reformadas.

La separación de poderes contribuirá a crear un ambiente de transparencia administrativa.  Un tribunal de Garantías Constitucionales y la reforma legislativa donde las minorías y los menos favorecidos gocen de igualdad plena.

El derecho universal y gratuito a la salud, la educación y algunas formas de la seguridad social no debe excluir la existencia de instituciones remuneradas, como escuelas religiosas, clínicas mutuales, etc.  El magisterio deberá recuperar dignidad y calidad, y el acceso a las plazas deberá ser por oposiciones.

La participación de la diáspora no debe limitarse al ámbito social que aquí se propone. Es en la economía, sobre todo en pequeñas y medianas empresas (incluyendo las recién “descubiertas” cooperativas) donde su influencia puede ser decisiva.

Un gesto importante para esta “minuta” sería la ratificación por el gobierno de los Pactos de Derechos refrendados por la ONU.

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(Luego de leer un trabajo de Rafael Rojas sobre el mencionado encuentro, puedo hacerme una idea de por qué nunca me respondieron.)

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foto: Luz Escobar

Mi país está tan huérfano de iniciativas ciudadanas, los ciudadanos viven tan convencidos de que ciudadano es un término peyorativo y cuasidelincuencial utilizado por la policía, que cómo van a imaginarse que la palabra no solo es bonita, sino que tiene resonancias eróticas: el ciudadano-soberano es quién elige y quita a sus representantes si no se siente servido por éstos. En esta “democracia” que padecemos se las han arreglado para invertir los términos, por ahí andan las consignas de pa lo que sea y otras en desuso a falta de rima con el nombre del actual gobernante.

Y por ahí, harto de esas consignas que le repiten y repite, anda el alicaído ciudadano sin saber quién es, afrontando el goteo incesante de dificultades que define su vida, donde es víctima, héroe anónimo o villano; sin enterarse, tan sumido en su día a día, de que será el protagonista de la transición democrática.

Delante de una vidriera, delante de un espejo, o delante de un abuso del poder, el ciudadano termina tomando conciencia de quién es.

Entre críptica y seria, he querido saludar la aparición de la Hoja de Ruta Constitucional, que complementariamente con la Campaña por la firma de los Pactos de la ONU (sin desdorar otras propuestas que no conozco o no me interesan; más es mejor) me parecen un buen abono para el ciudadano que espera.

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(Mi) Declaración de Derechos Humanos

piranesiEn estos días en los medios de difusión se habla mucho de “los Derechos Humanos que defendemos”. El tema ha pasado de ser tabú, hacia una asunción parcial de los postulados relativos a salud, educación y seguridad social. Muy pocos cubanos conocen la Declaración Universal; a pesar de que por cualquier cosa se edita un tabloide de esos que cuestan un peso, nunca se han atrevido a publicarla, los estudiantes universitarios no saben de qué se trata, el cuerpo íntegro pareciera una enfermedad venérea que nadie se atreve a mencionar.

Por primera vez soy consciente de que honrar la fecha en que se promulgó la Declaración Universal de Derechos Humanos puede ser riesgoso. La visita de “los compañeros” y “los factores” la semana pasada abre un paréntesis de amenazas que puede ir desde infundir temor hasta la acción física. No sé qué pasará mañana y desearía que no pase nada, pero cualquier medida contra personas pacíficas que desean un país próspero y diverso, confirmaría la necesidad de desenmascarar una vez más a un gobierno que se dice campeón de los Derechos Humanos “que defiende” mientras ignora los que irrespeta.

Cuba sigue en el imaginario de muchos en el mundo, como una alternativa donde altruistas ciudadanos construyen el proyecto social del futuro. Los cubanos por reacción a construir durante tantos años un proyecto piranesiano, somos recelosos, y se ha sacado lo peor de nosotros atizando a ricos vs pobres, homosexuales vs heterosexuales, religiosos vs ateos, exilio vs nación.

Parecieran diferencias superadas, pero desde el gobierno se sigue instigando al “buen ciudadano” contra el disidente, y mientras la disidencia y los diferentes conceptos de libertad sean criminalizados, quedará tarea pendiente.

El gobierno puede, porque tiene los medios, prohibir reuniones y hasta encarcelar activistas. Pero seguirán apareciendo caras nuevas, porque existen condiciones objetivas, porque existe en la sociedad adormilada una voluntad secreta de cambio. Un repaso rápido a los que se anotan en la lotería de visas, a los que han abandonado y siguen abandonando el territorio nacional en cualquier dirección –incluyendo a los que han dejado la vida en el intento–, a las mujeres que difieren la edad de parir y a las parejas que apenas conciben un hijo; a los que votan en blanco, anulan la boleta o no votan, a los que roban cotidianamente al Estado por acción u omisión. Personas sin confianza en las sucesivas promesas de que ahora sí. Es una enorme cifra subjetiva. Subjetiva, pero pesada como un plebiscito.

La Seguridad del Estado posee toda la información acerca de la situación interna, cómo se analice y cuáles pautas sigan, está por ver. Mañana tendremos un adelanto.

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¿Qué hacer con los ni-ni?

En la saga de nuestra dependencia nacional, Venezuela viene a ser el más reciente capítulo (y esperemos que el último). Por esa razón es que sigo con el mayor interés la campaña presidencial venezolana.   Ambos candidatos se afanan por atraer el voto de los “ni-ni”, ese sector que no está ni con Chávez ni con Capriles.

La palabrita está simpática y queda bien para definir también a una ancha franja social en Cuba, limbo electoral entre el “cielo gubernamental” y el “infierno opositor”. Definitivamente un amplio sector de la población no simpatiza con el gobierno, pero tampoco se muestra animado a apoyar un cambio proveniente de la disidencia.  Esta última ha estado siempre en desventaja pues el gobierno utiliza la represión  y el descrédito en los medios de difusión como baza para lograr miedo y/o rechazo hacia los opositores y sus proyectos.  Nuestros ni-ni manifiestan que ningún  político vale la pena, sea dirigente o disidente, porque unos no quieren soltar el poder y los otros lo desean para quedarse con él.

Esa actitud beneficia al gobierno, porque además del mito de que a la hora del voto la boleta tiene una marca secreta y de que hay cámaras estratégicas, pesa la desidia de que un voto no cambia nada y la convicción de que se puede saber cuál es el conteo de votos del colegio electoral pero de esa instancia en adelante la única información serán las cifras que ofrezca el gobierno (mediante las comisiones electorales), todo lo cual hace muy difícil inclinar a los ni-ni en dirección contraria.

Sin aparato de “Opinión del Pueblo”, solo con mi atenta mirada, puedo asegurar que la insatisfacción y el desencanto van en aumento; la crisis económica nacional ha puesto de manifiesto las profundas diferencias sociales dentro de un proyecto que propugnó la igualdad, la pirámide social se halla de cabeza y la mayor insatisfacción de los trabajadores es ver que su salario no es suficiente para vivir el paraíso bello de la humanidad, a lo que ha venido a sumarse también sobre ellos la sombra del desempleo.

Al igual que en Venezuela, el éxito será del que consiga convencer la mayor cantidad de ni-nis.  Lejos de cerrar el tema, les invito a ampliarlo con ideas y opiniones.

 

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Un punto de vista y una leve prognosis

Quizás los años me hagan mesurada con ciertos deseos, pero prefiero una transición pacífica hacia la democracia antes que una revolución.  Es por ello que miro hacia adelante, hacia el día después en que por ley de la vida –exacto el lugar común– nuestros actuales dirigentes no puedan mantenerse en el poder.  Seguirá un momento de confusión, de quítate tu pa ponerme yo, razón más que justificada para trabajar desde ahora para ese momento y tratar de esquivar los males que aquejan a muchos países ex socialistas, distantes de la seguridad ciudadana y de la democracia.

La democracia es un aprendizaje.  El legado de los años de república no resulta suficiente, porque entre intervenciones norteamericanas, bravas electorales, componendas políticas  y golpes de estado, viene quedando el período en que gobernaron los Auténticos, un auténtico relajo, como se sabe.

A partir de ese legado, se ha construido el mito de la superioridad del actual sistema que ha minimizado sus carencias y amplifica sus logros.  Como un dogma, generaciones de cubanos han crecido escuchando discursos donde se advierte de la recurrente amenaza imperialista, el regreso al pasado, el despojo de sus bienes, la mendicidad, la prostitución infantil y todo género de males.  Son ideas arraigadas y serán difíciles de erradicar, sobre todo porque la mayoría de la sociedad es refractaria al tema político, sus miras son más inmediatas y perentorias, sin embargo durante toda su vida han recibido masivas dosis de esa propaganda de la que algo queda, aun cuando solo sean los clichés.

Por eso mismo, parto de creer que al inicio de este proceso, algunas figuras más jóvenes  del actual gobierno podrían hasta llegar a obtener mayoría en las urnas, aún con la contradicción que supone el alto nivel de insatisfacción existente.  El mayor reto para sentar las bases de una democracia sería evaporar el espejismo que el control sobre los medios de información y difusión ha creado.  No puede menospreciarse como algunos hacen, el poder de internet masivo.  Muchas personas se dedicarían a seguir a sus artistas favoritos, a ver pornografía o a chatear desde Facebook.  Pero no todos y no siempre. El gobierno eso lo tiene muy claro luego de la experiencia árabe.

Es posible que yo esté distraída y no sepa de propuestas cívicas, donde se pormenorice una vía legal para el establecimiento democrático, y aunque soy optimista y algo ingenua para mis años y sé que los cubanos no nos transformaremos de masa en ciudadanos por generación espontánea; un buen proyecto podría inspirarse en la república martiana con todos y para el bien de todos.

En un proyecto así cabemos los cubanos de adentro y de afuera, dispuestos a debatir y a respetar lo que se decida en las urnas, y mucho que habría que votar en los próximos años.  Como en toda empresa colectiva, nadie saldrá enteramente ganador.  Las negociaciones a que eso dé lugar serán abiertas, como abierto ha de ser cualquier proyecto que suceda al secretismo de estos años.  Y que el voto ciudadano tenga la última palabra.

 

 

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¿Democracia postcastrista?

¿Un cambio nos traerá democracia? El cambio está en proceso, aunque haya quien no vea moverse una hoja, pero hacia dónde nos lleva ese cambio es la incógnita, y cuando veo a nuestro General-Presidente de visita por Vietnam, China y Rusia, siento un escalofrío involuntario.

A los asiáticos de socialistas solo les queda el nombre; mucho capitalismo rudo, allí nadie oye hablar de dictadura del proletariado; la dictadura es del partido único bien pragmático que le dice a sus ciudadanos: –Enriquécete si puedes, que yo me ocupo de la política–. Reprimen con bajo perfil a sus disidentes y todo el mundo contento.

Los rusos “se quitaron la careta” hace rato, pero como ellos están afanados en recuperar hegemonismo, le llevan la contraria a los Estados Unidos, y, es lugar común, los enemigos de mis enemigos, son mis amigos. O mis aliados, que a lo mejor no hay que exagerar.

Y mientras, ¿Qué pasa en casa? Es como en La Comedia Silente: el policía de Keystone vigila la puerta principal, y los ladrones se escabullen con el botín por el fondo. Aquí Marino Murillo con su economía de podar el bonsái del trabajo privado para que no crezca, mientras los gerentes, directores y toda esa fauna diversa arrima la sardina para el día después, y los más impacientes, para el ahora mismo, pero lejos.

“Nuestro pueblo trabajador” como le encanta decir a la propaganda oficial, está condicionado por la manipulación informativa. Se le ha inculcado el miedo a un cambio en el que siempre su situación empeora. En estos días en que he viajado en ómnibus, en almendrones, que he pedido botella; que he conversado con médicos, enfermeros, técnicos, enfermos, acompañantes, vendedores legales e ilegales; he palpado el agotamiento ante una situación de excepción que para la mayoría es toda su vida, pero también he palpado una cautela rayana en miedo para señalar responsables o para verbalizar el deseo de un cambio. Nadie tuvo lo que antes se conocía como “una actitud combativa”, ni siquiera tropecé con algún creyente de las reformas raulistas, de esos que con el entusiasmo del primer día afirman que ahora sí.

Pareciera que me alejo del tema de la democracia, pero la democracia no se crea por generación espontánea. Personas que no serán capaces de hacer suya una demanda social espontánea, personas que creerán estéril cualquier movilización, personas que se sienten dispuestas a quebrantar la ley por ventajas económicas pero no por mejoras políticas. No me gusta, pero es lo que veo. Por eso, el reducto de valores que pueda existir en la familia, en la sociedad civil, en ciertos centros de enseñanza o de trabajo está en franca desventaja con esa moral de supervivencia más propia de la postguerra que de la construcción de una sociedad mejor.

Regreso a mi preocupación inicial. A la china o a la rusa, habrá cambio, pero no democracia. Aunque siempre existe el imponderable.

 

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