Abriendo la brecha

(Publicado en Penúltimos Dias el 22 de abril a propósito del trabajo que se enlaza)

La brecha existe; pero también existía en la RDA el día anterior a la caída del muro, y en Rumania, justo cuando se comenzó a abuchear a Ceaucescu, y en la URSS y el resto de los países del desaparecido socialismo europeo salvo quizás, Polonia.  Esto me permite ser un poco más optimista respecto al momento de cerrar la brecha.  La ética del día después me apasiona, precisamente por algo que Dagoberto Valdés ha llamado el daño antropológico.  No es casual que los enemigos del gobierno siempre hayan sido rebajados de la condición humana, una estrategia  dirigida a depreciar a ese individuo ante la masa: es fácil aplastar a un gusano, eliminar la escoria; en tantos años de discurso nacionalista ramplón, el anexionismo es el anticristo y la palabra mercenario tiene evocaciones económicas que pretenden demostrar lucro a expensas de las dificultades del país.

Las posiciones frente a un cambio radical son muchas, un comentarista señalaba acertadamente que muchos muy bien informados no moverán una pestaña por propiciar el cambio o solidarizarse con los opositores. También veo una paradoja, porque se hablaba de que los que mejor viven no apostarían por el cambio.  Dentro de ese pequeño segmento de la población que se ha enriquecido, los hay que no solo viven según los estándares capitalistas, sino que quieren más capitalismo del que pueden encontrar en la Cuba actual.  No se implicarán en el cambio sino cuando sea seguro, pero no se opondrían a él.

A la brecha moral se une otra: ¿cuál es el programa de la disidencia?  Señalar la disfuncionalidad aberrante del gobierno resulta mucho más sencillo que elaborar una propuesta para superar el momento actual.  Partidos, grupos, tendencias, en los que todos quieren la unidad, –pero la unidad en torno a sí— repitiendo el esquema político de lo que pretenden combatir.  Converso o leo desprejuiciadamente a opositores de variadas tendencias.  Llegado el momento, mi voto no sería por ellos, pero ahora son  fellow travels a los que no atacaría en público, haciéndole el trabajo a la policía política. Si yo, que estoy un paso más allá de la inconformidad, no me siento representada, ¿qué puede esperarse de quienes ignoran y/o esperan?

Es difícil saber lo qué piensa el cubano llano.  Los que se interesan por estar informados rastrean la información.  A  la mayoría, no les interesa, pero no pueden eludirla: cambiando el dial para escuchar su programa favorito, esperando por la pelota o la telenovela, hojeando la Bohemia para llegar al crucigrama, en las vallas publicitarias, desde un afiche en la  farmacia o una gigantografía en la chópin…   Así, tuve la experiencia con dos personas situadas entre los descontentos que no se atreven a hacer nada, de convencerlas de que la esencia de las Damas de Blanco no es caminar por dinero.  Sus argumentos remitían acríticamente a lo visto u oído en los medios de difusión cubanos. ¿Esos que bailan y gritan frente a casa de Laura Pollán son malos? Son estudiantes universitarios, muchos se consideran haciendo algo correcto y sin duda se tienen por buenas personas.  Daño antropológico, porque si no te lo enseñan en la casa o tienes la influencia de una institución religiosa o fraternal, difícilmente en los centros estudiantiles los muchachos de hoy encuentren una brújula ética.  También tuve una experiencia tremenda con un compañero de mi hijo, joven e inteligente, que expresó no tener reparos en participar en un mítin de repudio.

La brecha que señalas en provecho del gobierno, transcurre dentro de esa inmanencia llamada tiempo, contra la que nada pueden hacer nuestros ancianos gobernantes.  Y si señalaba la heterogeneidad dentro de la disidencia; entre secretos y susurros también –y grande—debe ser  “la unidad en torno a mí” de funcionarios-militares del gobierno.  Otra cosa será si es a favor o en contra de la democracia.

Día de los Derechos Humanos

Deje aquí sus comentarios sobre los tuits que irán apareciendo a lo largo del día. Están en @lamalaletra de Twitter, o en la columna derecha aqui mismo.  Mención muy especial hoy para Laura Pollán y las Damas de Blanco. A las cuatro de la tarde pretendo llegar a Estado de Sats.

 

 

ORACIÓN CIVIL POR LAURA POLLÁN

Cortesía de Rafael Alcides para Malaletra

Por ti no puedo pedir, Laura Pollán, que descanses en paz como se hace con los muertos corrientes, porque tú no descansarías en paz.

Por el contrario.

Polen depositado por el viento en plazas y calles en esta nueva forma de vida que para ti comienza, con más bríos que nunca irás ahora por los días repitiéndote, multiplicada con tus Damas de Blanco de la gloria hasta hacer de tu país una isla de Lauras, como ya lo recuerda, y lo celebra — por Dios lo juro, lo he visto- el nuevo día que ya llega, que está ahí: empujando la puerta.

Deshacerse de tu cadáver en el acto, fue, por eso, la orden. Quemarlo enseguida. No permitirle, de ningún modo, el adiós, el beso y la mano sobre el ataúd de quienes te seguirán aplaudiendo al sentirte pasar invisible por las calles haciendo volar faldas y gorras en lo adelante.

Y cuando al fin de allá arriba llegó la muy meditada autorización, no fue por piedad ni tampoco por decencia, fue, Laura, amenazados por una bomba nuclear llamada Berta Soler, pero el adiós obtenido, ese adiós de toda la noche y parte del día que al difunto corriente corresponde, para ti venía reducido a dos horas a partir de la medianoche, y esto avisado ya con la medianoche encima, cuando el transporte ha muerto, la ciudad se ha apagado y el mundo duerme.

Qué pavor Laura Pollán. Qué terror supersticioso. Qué nerviosismo tan grande. Los asustas como Agramonte a los españoles, que habrían quemado a aquel hijo del Camagüey –según un descuidado pero emocionado poema de mis días escolares–, porque, aún después de muerto, su cadáver daba susto a los soldados del Rey.

Pero Agramonte iba a caballo, Laura, Agramonte iba armado de machete y tercerola, cortando cabezas al galope con entusiasmo de libertador, pudiendo esconderse en el monte con su columna si el enemigo le superara en número o en el combate se hubiera quedado él sin municiones. .

Y tú, Laura, ibas a pie. A pie con tus Damas de Blanco de la leyenda por las calles de La Habana, a pie y sin un jardincito a lo largo del camino donde guarecerse de garras, de colmillos, piedras e insultos. E iban a orar, no a matar. A orar. A orar por los presos políticos, primero, y después a pedir por Cuba, portando, como arma de reglamento, frente a la desenfrenada jauría de repente sacada de un sombrero, un humilde gladiolo.

Sin desdeñar a Agramonte (¡Dios me libre!), hoy me quedo contigo, Laura Pollán. Contigo y tus Damas de Blanco por la paz.

Amén.

Laura y la turba

Atravesé una ciudad apagada y vacía después de una terca llovizna. Atravesé la ciudad más allá de la medianoche con la determinación de llegar al velorio de dos horas concedido por el gobierno para despedir a Laura Pollán.

Allí canté el Himno Nacional y contuve apenas mi emoción durante el silencio enorme que siguió al féretro saliendo entre sus compañeras de blanco y los muchísimos como yo, que estuvieron a pesar de la premura y de la hora; no soy persona de ceremonias, pero rocé el féretro al pasar por mi lado a modo de despedida. Eso fue todo.

Regresé caminando. Recordé los acontecimientos del 26 de septiembre frente a su casa, ese repudio organizado al milímetro, hasta con bandera cubana usada de toldo contra satélites y demás curiosos, pero recordé sobre todo a las mujeres que arrinconaran amenazantes a Laura contra la fachada de su casa mientras la conga bramaba: machete, que son poquitas. Duerman tranquilas mientras puedan, mujeres de la turba, porque hay muertos que se vuelven cada día más indóciles.