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El elevador y la silla de ruedas

El otro día en el hospital luego de esperar por quince minutos el elevador para llevar a mi marido al área de  consultas que se encuentra en el sótano del edificio, un hombre que llevaba a la que supongo que era su mamá en una silla de ruedas, fue impedido de entrar en nuestro elevador aunque había espacio, porque en él no se admiten sillas de ruedas.  Nosotros nos montamos aun cuando el elevador iba subiendo, y el ascensorista llamó por teléfono para que recogieran a la persona de la silla de ruedas, pero el elevador “especializado” se hallaba detenido en un piso esperando un caso.  Ya de regreso, el ascensor paró de nuevo en el piso donde habíamos estado y la “solución” fue parar a la paciente y cerrar la silla, todo como favor y con la aclaración del ascensorista de que podían llamarle la atención.  Mi marido se alebrestó porque la razón de ser de un hospital son los enfermos y aquella señora había esperado casi media hora, adujo que si las condiciones que habían dado lugar a una medida cambiaban, la medida también tenía que cambiar.  Yo le daba disimulados pisotones y codazos.  El hombre que llevaba la silla de ruedas disculpó a los ascensoristas que los habían dejado botado y agradeció expresivamente al que había accedido a transportarlos.  La mansedumbre de aceptar cualquier medida, no es cosa de hospitales, es un síndrome nacional.

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Abriendo la brecha

(Publicado en Penúltimos Dias el 22 de abril a propósito del trabajo que se enlaza)

La brecha existe; pero también existía en la RDA el día anterior a la caída del muro, y en Rumania, justo cuando se comenzó a abuchear a Ceaucescu, y en la URSS y el resto de los países del desaparecido socialismo europeo salvo quizás, Polonia.  Esto me permite ser un poco más optimista respecto al momento de cerrar la brecha.  La ética del día después me apasiona, precisamente por algo que Dagoberto Valdés ha llamado el daño antropológico.  No es casual que los enemigos del gobierno siempre hayan sido rebajados de la condición humana, una estrategia  dirigida a depreciar a ese individuo ante la masa: es fácil aplastar a un gusano, eliminar la escoria; en tantos años de discurso nacionalista ramplón, el anexionismo es el anticristo y la palabra mercenario tiene evocaciones económicas que pretenden demostrar lucro a expensas de las dificultades del país.

Las posiciones frente a un cambio radical son muchas, un comentarista señalaba acertadamente que muchos muy bien informados no moverán una pestaña por propiciar el cambio o solidarizarse con los opositores. También veo una paradoja, porque se hablaba de que los que mejor viven no apostarían por el cambio.  Dentro de ese pequeño segmento de la población que se ha enriquecido, los hay que no solo viven según los estándares capitalistas, sino que quieren más capitalismo del que pueden encontrar en la Cuba actual.  No se implicarán en el cambio sino cuando sea seguro, pero no se opondrían a él.

A la brecha moral se une otra: ¿cuál es el programa de la disidencia?  Señalar la disfuncionalidad aberrante del gobierno resulta mucho más sencillo que elaborar una propuesta para superar el momento actual.  Partidos, grupos, tendencias, en los que todos quieren la unidad, –pero la unidad en torno a sí— repitiendo el esquema político de lo que pretenden combatir.  Converso o leo desprejuiciadamente a opositores de variadas tendencias.  Llegado el momento, mi voto no sería por ellos, pero ahora son  fellow travels a los que no atacaría en público, haciéndole el trabajo a la policía política. Si yo, que estoy un paso más allá de la inconformidad, no me siento representada, ¿qué puede esperarse de quienes ignoran y/o esperan?

Es difícil saber lo qué piensa el cubano llano.  Los que se interesan por estar informados rastrean la información.  A  la mayoría, no les interesa, pero no pueden eludirla: cambiando el dial para escuchar su programa favorito, esperando por la pelota o la telenovela, hojeando la Bohemia para llegar al crucigrama, en las vallas publicitarias, desde un afiche en la  farmacia o una gigantografía en la chópin…   Así, tuve la experiencia con dos personas situadas entre los descontentos que no se atreven a hacer nada, de convencerlas de que la esencia de las Damas de Blanco no es caminar por dinero.  Sus argumentos remitían acríticamente a lo visto u oído en los medios de difusión cubanos. ¿Esos que bailan y gritan frente a casa de Laura Pollán son malos? Son estudiantes universitarios, muchos se consideran haciendo algo correcto y sin duda se tienen por buenas personas.  Daño antropológico, porque si no te lo enseñan en la casa o tienes la influencia de una institución religiosa o fraternal, difícilmente en los centros estudiantiles los muchachos de hoy encuentren una brújula ética.  También tuve una experiencia tremenda con un compañero de mi hijo, joven e inteligente, que expresó no tener reparos en participar en un mítin de repudio.

La brecha que señalas en provecho del gobierno, transcurre dentro de esa inmanencia llamada tiempo, contra la que nada pueden hacer nuestros ancianos gobernantes.  Y si señalaba la heterogeneidad dentro de la disidencia; entre secretos y susurros también –y grande—debe ser  “la unidad en torno a mí” de funcionarios-militares del gobierno.  Otra cosa será si es a favor o en contra de la democracia.

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LML en LJC (30)

Para Osmani a propósito de Los Brutos

Pocas veces me ha parecido tan desacertado un artículo de la autoría de uno de los titulares del blog como este.

A partir del reciente ingreso en una iglesia –y de la “invitación a abandonar el templo”, acoto yo– de un grupo de disidentes, te haces eco del rechazo de un amigo ante el hecho. Eso no está mal, expresar opiniones es lo que hace falta, y ese grupo de personas debe haber estado consciente de que su acción atraería aprobación y desaprobación. Pero ahí mismo te lanzas en un plural indefinido a hacer la afirmación de que no tienen credibilidad dentro del pueblo. A lo mejor me he perdido de algo, ¿Acaso la prensa además de publicar la nota de la Iglesia, publicó las demandas del grupo?, ¿En algún momento tuvo algún individuo o grupo opositor la oportunidad de divulgar sus propósitos hacia el interior de Cuba? La inmensa mayoría de los cubanos conoce a estos y a todos los opositores por la traducción “libre” que de ellos han hecho los medios de difusión… en manos del gobierno.

No puedo afirmar que la disidencia sea sincera, como tampoco tú puedes afirmarlo de los que apoyan al gobierno. Es como cualquier conglomerado social. Eres joven y estás graduado en la universidad, ¿Sólo crees en lo que dice la prensa nacional y si esta prensa no lo menciona, no existe?, ¿No te resulta curioso que según esa misma fuente, no hay ni un solo opositor honorable?

Tu lectura me confirma el daño antropológico que más de cincuenta años de totalitarismo nos ha hecho como ciudadanos. En cualquier parte hay gobierno y oposición, los ciudadanos simpatizan a uno u otro lado, o miran hacia otra parte, pero sólo en sociedades totalitarias se observa la polarización de hacerlos enemigos.

Señalas cosas con las que puedo estar de acuerdo, pero el trabajo en general, va en dirección contraria a mí, que no quiero azuzar el odio ni el desprecio, sólo porque alguien piense diferente. Incumples con la ética del blog al agredir verbalmente, ¿O es que acaso con escribir que no utilizas el término Bruto despectivamente, la impresión de todo lo contrario desaparece?

(Nota : ¿Eso de que en la mayoría de las casas cubanas hay un dvd era un chiste?)

 

 

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