Publicaciones etiquetadas con: democracia

foto: Luz Escobar

Mi país está tan huérfano de iniciativas ciudadanas, los ciudadanos viven tan convencidos de que ciudadano es un término peyorativo y cuasidelincuencial utilizado por la policía, que cómo van a imaginarse que la palabra no solo es bonita, sino que tiene resonancias eróticas: el ciudadano-soberano es quién elige y quita a sus representantes si no se siente servido por éstos. En esta “democracia” que padecemos se las han arreglado para invertir los términos, por ahí andan las consignas de pa lo que sea y otras en desuso a falta de rima con el nombre del actual gobernante.

Y por ahí, harto de esas consignas que le repiten y repite, anda el alicaído ciudadano sin saber quién es, afrontando el goteo incesante de dificultades que define su vida, donde es víctima, héroe anónimo o villano; sin enterarse, tan sumido en su día a día, de que será el protagonista de la transición democrática.

Delante de una vidriera, delante de un espejo, o delante de un abuso del poder, el ciudadano termina tomando conciencia de quién es.

Entre críptica y seria, he querido saludar la aparición de la Hoja de Ruta Constitucional, que complementariamente con la Campaña por la firma de los Pactos de la ONU (sin desdorar otras propuestas que no conozco o no me interesan; más es mejor) me parecen un buen abono para el ciudadano que espera.

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(Mi) Declaración de Derechos Humanos

piranesiEn estos días en los medios de difusión se habla mucho de “los Derechos Humanos que defendemos”. El tema ha pasado de ser tabú, hacia una asunción parcial de los postulados relativos a salud, educación y seguridad social. Muy pocos cubanos conocen la Declaración Universal; a pesar de que por cualquier cosa se edita un tabloide de esos que cuestan un peso, nunca se han atrevido a publicarla, los estudiantes universitarios no saben de qué se trata, el cuerpo íntegro pareciera una enfermedad venérea que nadie se atreve a mencionar.

Por primera vez soy consciente de que honrar la fecha en que se promulgó la Declaración Universal de Derechos Humanos puede ser riesgoso. La visita de “los compañeros” y “los factores” la semana pasada abre un paréntesis de amenazas que puede ir desde infundir temor hasta la acción física. No sé qué pasará mañana y desearía que no pase nada, pero cualquier medida contra personas pacíficas que desean un país próspero y diverso, confirmaría la necesidad de desenmascarar una vez más a un gobierno que se dice campeón de los Derechos Humanos “que defiende” mientras ignora los que irrespeta.

Cuba sigue en el imaginario de muchos en el mundo, como una alternativa donde altruistas ciudadanos construyen el proyecto social del futuro. Los cubanos por reacción a construir durante tantos años un proyecto piranesiano, somos recelosos, y se ha sacado lo peor de nosotros atizando a ricos vs pobres, homosexuales vs heterosexuales, religiosos vs ateos, exilio vs nación.

Parecieran diferencias superadas, pero desde el gobierno se sigue instigando al “buen ciudadano” contra el disidente, y mientras la disidencia y los diferentes conceptos de libertad sean criminalizados, quedará tarea pendiente.

El gobierno puede, porque tiene los medios, prohibir reuniones y hasta encarcelar activistas. Pero seguirán apareciendo caras nuevas, porque existen condiciones objetivas, porque existe en la sociedad adormilada una voluntad secreta de cambio. Un repaso rápido a los que se anotan en la lotería de visas, a los que han abandonado y siguen abandonando el territorio nacional en cualquier dirección –incluyendo a los que han dejado la vida en el intento–, a las mujeres que difieren la edad de parir y a las parejas que apenas conciben un hijo; a los que votan en blanco, anulan la boleta o no votan, a los que roban cotidianamente al Estado por acción u omisión. Personas sin confianza en las sucesivas promesas de que ahora sí. Es una enorme cifra subjetiva. Subjetiva, pero pesada como un plebiscito.

La Seguridad del Estado posee toda la información acerca de la situación interna, cómo se analice y cuáles pautas sigan, está por ver. Mañana tendremos un adelanto.

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La educación sentimental

Frases y consignas son muchas veces estrategia de supervivencia, expresiones vacías de contenido que se repiten una y otra vez hasta formar parte del paisaje. La universidad es para los revolucionarios es una de esas frases que sin embargo cobra sentido cuando podemos asomarnos al interior de un mitin de repudio o acto de reafirmación revolucionaria como el de la semana pasada a las Damas de Blanco.

No me detendré demasiado en el potencial riesgo de una filmación así en la que es evidente el distanciamiento de Luz Escobar con lo que pasa alrededor, sobre todo, visto y oído el reclamo de algunas participantes para entrar a dar golpes en la casa de Laura Pollán; qué no hubieran estado dispuestas a hacer esas aguerridas compañeritas de haber descubierto entre ellas un enemigo.

Quiero llamar la atención sobre el uso de estudiantes universitarios en estas manifestaciones de odio. Son llevados de manera dolosa, tomando en cuenta el peso que tiene sobre los jóvenes lo gregario, y luego allí, el comportamiento que se espera de ellos. Espontáneo o inducido, el temor a demostrar una falta de firmeza ideológica que repercuta en su futuro profesional, ser ocurrentes y/o carismáticos con fines diversos.

Los estudiantes son llevados allí en su horario lectivo, para una actividad curricular que cuenta como una asistencia a clases, les endilgan una historia mal contada, y entre generalizaciones y omisiones cada cual construye su versión. Luego está la actitud individual que se vuelve colectiva (otra vez lo gregario). Mientras se mantienen cantando canciones, puede ser molesto, pero no amenazante, pero siempre hay espontáneos o aleccionados que quieren descollar, subir la parada, y en ese ambiente enervado, esos jóvenes estudiantes, esos buenos muchachos que cuidan el medio ambiente y quieren a sus abuelitos, no digo que no lo pensarían dos veces, no; no lo pensarían para cometer cualquier vandalismo en nombre de su revolución, una revolución que ni es de ellos ni es revolución, (otra vez el vaciado de contenido).

Las Damas de Blanco representan una parte de lo que en cualquier país democrático conforma la oposición al gobierno. Demonizarlas sistemáticamente les ha propiciado visibilidad, y por muchos videos que se editen para hacerlas ver mal, su marcha pacífica sigue cosechando simpatías.

Las ferias del odio que monta el aparato represivo con la venia del gobierno (valga la redundancia) en la calle Neptuno, muy cerca de la Universidad, deberían ser incompatibles con la actual campaña por la optimización económica, la austeridad y el ahorro. Ómnibus y combustible para trasladar a los estudiantes desde sedes universitarias distantes como la Cujae o el Pedagógico Varona, meriendas, una pantalla montada en medio de la calle para audiovisuales, un punto de reunión en el Parque Trillo donde se distribuyen los efectivos…

Estas ferias del odio también deberían ser incompatibles con la actual campaña por la erradicación de las conductas antisociales, los malos hábitos y la recuperación de la disciplina ciudadana, vistas las carencias del hombre nuevo para desenvolverse en su entorno. Sirven sin embargo para todo lo contrario: rememoran los vergonzosos episodios de los ochenta, hijos del acoso judío en la Alemania nazi, espolean lo peor de cada universitario compulsado a gritar, como tan bien puede verse en el video.

Muchos aludirán a la responsabilidad individual. Cada joven ya es mayor y sabe lo que hace. Y es ahí donde radica la sutileza de la represión gubernamental: no le importa cómo pienses, pero grita y no te pasará nada. El camino democrático tendrá como uno de los mayores retos restañar el daño antropológico de tales “sutilezas”.

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Antes de Ginebra

Esta semana de comicios en Venezuela mi única fuente de noticias fue Telesur y la prensa cubana.  El villano Capriles con llamados a la violencia, las víctimas exclusivamente chavistas, (pero solo hablan de un carpintero, no hay más nombres ni datos), Maduro con denuncias de golpe de estado y atentados.  No dudo que la situación en Venezuela sea en este momento extremadamente volátil, pero los analistas que vi eluden el hecho de que Maduro es el presidente electo por la mitad de los votantes, han olvidado la cobertura que dieron en las elecciones mexicanas al circo que López Obrador armó –y pudo armar—en la plaza del Zócalo al no reconocer la victoria de Calderón.  Los analistas tampoco comentan la actitud cuasi dictatorial del recién electo Maduro respecto a las protestas organizadas por la oposición: –No lo voy a permitir!–  Nadie me lo contó, lo vi por Telesur en directo, como si la mitad contraria no existiera, pero sobre todo, como si la democracia no existiera ya en Venezuela.  Seguir el proceso venezolano confirma mi idea de lo necesario de estar informado, de lo subversiva que resulta la información y de que el gobierno cubano tratará de retener su control mientras le sea posible, por lo que quiero poner en evidencia esa manipulación de un Derecho Humano de esos recogidos en una carta internacional y que se discuten en Ginebra con la asistencia de una delegación oficial.

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Aprendizajes

Algunas veces el proceso de democratización cubano me parece más sencillo de como lo veo casi todos los días. Espacio Laical y el Centro Félix Varela, bajo la supervisión de la Iglesia; Temas y sus últimos jueves de público, la revista Criterios y otros espacios académicos parecen tener, si no la fórmula mágica, al menos una idea del cómo. En estos entornos es frecuente escuchar términos como participación ciudadana, empoderamiento de la sociedad civil, pluripartidismo, sistema electoral, términos todos que convergen y se consuman en la democracia.

El gobierno ha optado por la técnica del avestruz, como si con mirar hacia otro lado, los problemas que se debaten en los foros mencionados –y en otros menos convencionales pero igualmente activos-, quedaran resueltos, o mejor, no existieran. Esta actitud es imprescindible para el mantenimiento del poder, pero es irresponsable ignorar que esa activa minoría que se pronuncia en los foros o publica en revistas de breve tirada y menor distribución, es precisamente el grupo de personas que está pensando Cuba.

Por otra parte, el gobierno ha tenido una reacción tardía, pues no es hasta hace muy poco que se escucha hablar en los medios cubanos de sociedad civil, como por ejemplo, haciendo referencia a la intelectualidad artística reunida bajo la UNEAC. Era un término maldito, por haber sido adoptado con larga anterioridad para agrupaciones opositoras, y por tanto no reconocidas, agrupaciones que en cualquier país normal defienden su espacio sin merecer el escarnio del gobierno. Unas organizaciones no pueden de ninguna manera descartar a las otras, en esa exclusión hay implícito una especie de racismo político que resulta tan detestable como otras formas de exclusión.

Esto que acabo de decir, viene muy bien para comentar una iniciativa propuesta por el Observatorio Crítico, para las próximas elecciones, de votar con una D en la columna en blanco, iniciativa que ha recibido muchas críticas. No es una llamada a la insurrección para tomar el poder. Es una iniciativa ciudadana, una más de las muchas y muy variadas que tan necesarias son para el aprendizaje democrático. Es cierto que todas las D irán a la cuenta de las boletas anuladas, pero la presencia de los ciudadanos en el escrutinio de su colegio electoral (aún cuando no vote, si está en el listado de electores, es su derecho por ley), permite conocer los datos de la base. Mientras más ciudadanos tomen esa iniciativa, más interesante será la comparación de esos números con las cifras oficiales. El gobierno también podría publicar en un tabloide de esos que se imprimen para cualquier menester, el resultado de la votación en cada colegio del país, dividido en provincias y municipios, y hasta en circunscripciones, si quisiera ser puntilloso y acallar a los que opinan que el resultado se manipula.

Me pierdo en estos temas en los que pienso tanto y de los que sin embargo me resulta difícil escribir con la concisión que quisiera. Recuerdo a la bloguera Yoani Sánchez en una estación de policía sentada frente a un oficial que le advierte que ella está descalificada para el diálogo. Este funcionario a lo mejor desconoce que llevar un blog personal te hace responsable de ti y de tus opiniones; este funcionario a lo mejor interpretó como interés político el interés en la política. O a lo mejor no pensaba en nada y solo cumplía una orden.

Mi hijo se estrena este curso como estudiante universitario, y en la clase introductoria al Derecho Mercantil, el profesor enfatizó la necesidad de conocer las leyes, los deberes y derechos del ciudadano, y ante la pregunta de quiénes habían leído la Constitución, al menos hojeado, ninguno de los alumnos levantó la mano. La indefensión que supone tal desconocimiento es una alarma respecto al futuro, porque tengo la impresión de que estos jóvenes han sido sometidos a tanta politización que son inmunes a la política, y eso tampoco es bueno.

Estos dos momentos, en un primer vistazo pueden no parecerse, pero tienen que ver con el ejercicio de la ciudadanía como un derecho inmanente. Por lo pronto, le he dejado el pequeño folleto azul de la Constitución a mi hijo en su mesa de noche. No sé si el policía político que regañó a Yoani ya habrá aprendido que en un diálogo ciudadano los interlocutores son elegidos por sus representados. Y que para otorgar o negar derechos está la ley.

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