Esta semana de comicios en Venezuela mi única fuente de noticias fue Telesur y la prensa cubana. El villano Capriles con llamados a la violencia, las víctimas exclusivamente chavistas, (pero solo hablan de un carpintero, no hay más nombres ni datos), Maduro con denuncias de golpe de estado y atentados. No dudo que la situación en Venezuela sea en este momento extremadamente volátil, pero los analistas que vi eluden el hecho de que Maduro es el presidente electo por la mitad de los votantes, han olvidado la cobertura que dieron en las elecciones mexicanas al circo que López Obrador armó –y pudo armar—en la plaza del Zócalo al no reconocer la victoria de Calderón. Los analistas tampoco comentan la actitud cuasi dictatorial del recién electo Maduro respecto a las protestas organizadas por la oposición: –No lo voy a permitir!– Nadie me lo contó, lo vi por Telesur en directo, como si la mitad contraria no existiera, pero sobre todo, como si la democracia no existiera ya en Venezuela. Seguir el proceso venezolano confirma mi idea de lo necesario de estar informado, de lo subversiva que resulta la información y de que el gobierno cubano tratará de retener su control mientras le sea posible, por lo que quiero poner en evidencia esa manipulación de un Derecho Humano de esos recogidos en una carta internacional y que se discuten en Ginebra con la asistencia de una delegación oficial.
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Efecto indirecto
La campaña presidencial de Venezuela me llega en “indirecto” por la ventana de mi cuarto, colindante con la ventana de mi vecino Tomás debajo de la que tiene su televisor. Tomás sigue por Telesur los pormenores de la agitada campaña; truena contra Capriles, quien es para él poco menos que un delincuente, y trina con el hijo de un precocísimo Chávez. En estos días evito detener mucho tiempo el selector en el canal 15, ya se me ha pasado la extrañeza ante tantas noticias e imágenes, y me molesta la excesiva propaganda; aunque por cierto, poco o nada ha aprendido la televisión cubana de la multinacional en todos los años en que Telesur apenas era un programa de tres horas de contenido filtrado. Pero además de la devoción por el “candidato de la patria”, mi vecino Tomás puede ver –si quisiera verlo– cómo en Venezuela se elige entre varios candidatos a la presidencia, como los contrincantes de la oposición tienen la posibilidad de hacer proselitismo, y quien dice mi vecino, dice cualquiera, puede concluir que en Venezuela la democracia será frágil, pero existe, algo novedoso para la mayoría de nuestra población, nacida luego de 1959.
Delegados, Diputados, votantes
Los partidarios del proceso electoral cubano a menudo mencionan los millones de dólares de la campaña electoral de Estados Unidos como la justificación para no permitir cualquier tipo de campaña o recaudación de fondos. Pero eso tampoco es cierto. La televisión, la radio y la prensa escrita, todos los días hablan de “los candidatos de la Patria”, de cómo votar en sendas boletas diferenciadas por el color; la foto de los susodichos con una síntesis de su trayectoria de vida –sobre todo de vida política– está visible en los principales establecimientos de cada zona de la ciudad. Los futuros diputados viajan a la zona que representarán –señal inequívoca de que no viven en ella–, visitan centros laborales, científicos, educacionales y culturales, y si el lugareño tiene suerte, los verá por primera y única vez. Todo el aparato centralizado de propaganda en función de la campaña electoral cuesta dinero, yo diría que cuesta mucho dinero, dinero que sale de los contribuyentes, esa masa amorfa llamada nuestro pueblo trabajador al que no se dan detalles de cómo se utiliza su contribución.
Se establecen los colegios especiales, los ubicados en las terminales de transporte, por ejemplo. ¿Acaso se vota allí por los candidatos que me representarán? No, se vota por los de la zona donde esté enclavado el colegio. Nada más demagógico, aunque tenga una función sicológica subsidiaria, ¿o será al revés?
En el afán de establecer un sistema electoral opuesto al burgués, los candidatos no proponen un programa. Prometen ser tremendamente leales a la Revolución, pero casi siempre resultan tremendamente ineptos para la gestión por la que serán votados. Las elecciones se han convertido en una pantomima a la que los ciudadanos concurren sin valorar el acto, con esa mezcla de miedo e indolencia convertida en filosofía popular de que “esto no hay quien lo arregle, pero tampoco quien lo tumbe”.
En otras oportunidades me he referido a que no se elige, sino que se aprueba, a la misteriosa comisión de candidatura, a la candidatura cerrada, a ese porciento de inclusión de mujeres, jóvenes, negros, y más recientemente religiosos y homosexuales, para dar una idea de diversidad, artificial e irrespetuosa con las minorías que son las primeras que no se sienten representadas.
Nos han querido hacer creer que no existe el político pagado, que nuestros legisladores no reciben salario por su trabajo cívico, pero todo el que se convierte en “cuadro profesional” no vive del aire: no solo conserva su salario anterior, sino que accede a la dieta de viaje, al carro y su cuota de gasolina, a las vacaciones en moneda nacional y otros detalles que en Cuba son prebendas y permiten dar un salto en el nivel de vida.
Reunirse dos veces al año y pretender en tres días resolver los problemas de este país que acumula problemas de una legislatura en otra, es imposible. Por muy burgués que parezca, el funcionario profesional tiene que ser eficaz porque si no cumple con las exigencias de sus votantes, puede ser destituido y hasta procesado.
La ineficiencia del Poder Popular, a veintisiete años de existencia, impone su revisión o desactivación.
La pequeña ilusión
Sin el olfato de su hermano para aprovechar cualquier circunstancia y dejarse mimar por la prensa dócil, el presidente Raúl Castro es hombre de gabinete, no dado a robar cámara. Pero al parecer, nadie le susurró al oído que en el caso de Sandy, había que acudir con prisa y sin pausa al Oriente cubano, y debían quedar en privado las visitas luctuosas, puesto que la prioridad son los vivos, desvalidos en medio de tanta desolación. Quien se informe como una gran parte de los cubanos, a través del noticiero de televisión, habrá notado que recibió más tiempo en pantalla la visita del General-Presidente a los cementerios de Santa Ifigenia y el Segundo Frente, que su paso por el barrio de San Pedrito o el Parque Céspedes en Santiago de Cuba. Acostumbrados a medio siglo de ubicuidad fidélica, los comentarios por la demora presidencial, y las comparaciones entre los hermanos gobernantes, se escuchaban por la calle sin tener que afinar demasiado el oído.
Sin afinar el oído tampoco, se percibe que las elecciones en Estados Unidos despertaron mayor interés que las propias. Las venezolanas fueron seguidas casi como una final Madrid-Barca; algunos por el temor de volver a los apagones, otros por la curiosidad de que a Chávez le saliera un contrincante que lo sofocó, otros, por soñar que Capriles se ceñiría la banda presidencial; muchos, por notar que la democracia en Venezuela es diferente a “la democracia que defendemos”. Y no es que las elecciones norteamericanas generaran interés extraordinario, pero es que las cubanas habrían transcurrido en un bostezo de no ser por el inclemente Sandy.
De vuelta con la contienda Obama–Romney; contagiada por los analistas de esquina, creo que el demócrata, ya en su segundo mandato, podría poner en zugzguang a nuestro gobierno con el levantamiento del Embargo y de la Ley de Ajuste, y la propuesta de normalización de las relaciones. Pero, en todo caso, Cuba no será una prioridad, y no debemos esperar que otro resuelva nuestros problemas si no somos capaces de resolverlos por nosotros mismos. Hablando como los locos, la denuncia del Minrex contra la injerencia en asuntos internos de la Sección de Intereses norteamericanos, podría ser una cuerda para tensar las ¿relaciones? de ambos gobiernos, no vaya a ser que a Obama se le ablande el corazón y decida levantar el Embargo, que tanto ha servido para justificar la ineficiencia y la mala administración,
No me gusta el sistema electoral norteamericano, no me gusta que en la práctica las elecciones se diriman entre dos partidos, ni me gusta el complicado sistema de votos compromisarios, pero la ilusión de votar por el presidente, en nuestro caso es una ilusión literal, porque entre comisiones de candidatura que el ciudadano desconoce cómo ni quién las elige, solo queda revisar la prensa luego de las elecciones para ver las cabecitas de los designados en virtud de una candidatura cerrada y una presidencia sabida de antemano. Si acaso, saber si fulano fue electo con tal o cual porciento…, si acaso.
Dejo diferida la ilusión de creer que mi voto cuenta, porque estoy segura de que en el futuro, para elegir a mi presidente, contará.
Electoral
Solo cuando sentí ruidos inusuales al lado de mi casa, todavía sin amanecer, recordé que ayer se celebraran las elecciones para delegados del Poder Popular. El portal de la casa contigua a la mía fue habilitado como colegio para abrir desde las siete de la mañana. Sin necesidad de conocer los votos, sabía que saldría reelecta la misma delegada, que creo que va por su tercer o cuarto período. Es una madre soltera que añade esa carga adicional a su trabajo y a criar un hijo adolescente, lo que pasa es que nadie más quiere el puesto.
Las asambleas de nominación por aquí fueron meteóricas; apenas alguna demoró más en la búsqueda de un imprescindible candidato alterno. Me ha llamado la atención que además de mi barrio, en todos los lugares donde vi fotos de los candidatos, éstos eran dos, a diferencia de los primeros años donde aparecía un nutrido grupo de fotos con su correspondiente biografía política, pero, –y esto es característica nacional— ningún candidato expone un plan, esboza una tarea, despliega un programa concreto de salir electo.
Como hace años dejé de creer en el proyecto del gobierno, yo no voto. Ayer, mis vecinos de la mesa electoral nos habrán detestado un poco (¿un poco más?) porque por nuestra culpa mantuvieron el colegio abierto hasta la hora tope de cierre. Yo estoy un paso más allá de los que anulan su boleta o la dejan en blanco, pero este año, mi hijo por primera vez, tenía la edad requerida para elegir. Acaba de entrar en la Universidad como ya saben, por lo que pensé que se sentiría compulsado a votar. Se trataba de una decisión muy personal en la que no influimos. Decidió no hacerlo, pero no por las razones cívicas de mamá y papá: –Como es un derecho y no un deber, no me interesa.
En algún momento dejará esa indiferencia. Será cuando se sienta representado, o sienta que su voto puede hacer la diferencia.
Boletas y balones

Nuestra televisión se confirmaba como sargento político de Hugo Chávez y dedicaba tanto espacio a las elecciones de Venezuela como si fueran las propias. Ningún cubano informado a través del noticiero sería capaz de identificar físicamente a Capriles; mucho menos podría dar opinión sobre su programa. Solo se le menciona como “el candidato de la ultraderecha” y su “paquetazo neoliberal”. Es vital la continuidad del chavismo para la continuidad del castrismo. Redacto este posteo a las cuatro de la tarde del domingo y trasunto que por estrecho margen habrá reelección; mis dudas están más bien en si el presidente sobreviva hasta su nuevo período, lo cual abre una gran interrogante sobre la continuidad del Socialismo del siglo XXI, ese que al igual que la idea Zuche, nadie sabe de qué trata.
Luego de la guerra de las encuestas que precedió a las elecciones de hoy en el país vecino, no pretendo establecer un estado de opinión con mis impresiones de hace dos horas detrás de un variado grupo de jóvenes donde alternaban las camisetas blancas con las blau-grana, que se dirigían hasta un hotelito cercano donde por 2 CUC presenciarían en gran pantalla y con aire acondicionado, el clásico de la liga española de fútbol.
La animación –y por momentos, la animosidad– definía a estos hinchas, a los que me animé a preguntar si sabían algo de las elecciones en Venezuela.
Una marciana. Eso debe haberles parecido aquella temba de gafas oscuras. Ninguno respondió con palabras. El gesto más condescendiente fue un encoger de hombros. Algunos se alegrarán de ese apoliticismo juvenil, yo no. La mayoría de ellos, llevados por la marea, irá a votar, anulará la boleta o votará dócilmente en las próximas elecciones nuestras, pero ninguno será capaz de articular una respuesta, ni individual ni colectiva ante un problema en su trabajo, su centro de estudios o su área de residencia. Pertenecen a una sociedad que ya lo tiene todo pensado y decidido desde mucho antes de ellos nacer; en esos muchachos el chip de la iniciativa, está defectuoso.
Caminé hasta el punto en que comienza el descenso de una empinada calle que no pretendía remontar de regreso. Desde la elevación veía otros entusiastas con los colores de su club favorito confluir en la acera del hotelito. No estoy para pagar 2 CUC por algo que no sea comida o aseo, por lo que compré pan en la panadería y regresé a casa para no perderme el partido, que yo también tengo mi corazoncito.
Teorema

De la noticia de la delegada del Poder Popular del pueblito de Limones dando declaraciones a Radio Martí, enumero varias condiciones sin orden específico:
Muy ignorada fue esta mujer para dar declaraciones a la radio de la “mafia de Miami”
La delegada sabe que muchos cubanos sintonizan Radio Martí y que su queja iba a ser conocida por sus conciudadanos.
La gente le ha perdido el miedo a Radio Martí.
El Director del Centro de Inmunoensayo, nacido y domiciliado en la capital, es uno de los dos diputados que representan al municipio Majibacoa en la Asamblea Nacional del Poder Popular. Este científico debió alejarse de su laboratorio y viajar a Limones a escuchar la demanda de los vecinos que representa.
El Consejo de Estado tampoco soluciona si la demanda de los electores es desoída en su instancia superior.
El presidente de la ANPP está más versado en los males del sistema administrativo ajeno que en los del propio.
Esta delegada, agotó las gestiones y agotó la paciencia.
COROLARIO
El Poder Popular, ni tiene poder, ni es popular.
Aprendizajes
Algunas veces el proceso de democratización cubano me parece más sencillo de como lo veo casi todos los días. Espacio Laical y el Centro Félix Varela, bajo la supervisión de la Iglesia; Temas y sus últimos jueves de público, la revista Criterios y otros espacios académicos parecen tener, si no la fórmula mágica, al menos una idea del cómo. En estos entornos es frecuente escuchar términos como participación ciudadana, empoderamiento de la sociedad civil, pluripartidismo, sistema electoral, términos todos que convergen y se consuman en la democracia.
El gobierno ha optado por la técnica del avestruz, como si con mirar hacia otro lado, los problemas que se debaten en los foros mencionados –y en otros menos convencionales pero igualmente activos-, quedaran resueltos, o mejor, no existieran. Esta actitud es imprescindible para el mantenimiento del poder, pero es irresponsable ignorar que esa activa minoría que se pronuncia en los foros o publica en revistas de breve tirada y menor distribución, es precisamente el grupo de personas que está pensando Cuba.
Por otra parte, el gobierno ha tenido una reacción tardía, pues no es hasta hace muy poco que se escucha hablar en los medios cubanos de sociedad civil, como por ejemplo, haciendo referencia a la intelectualidad artística reunida bajo la UNEAC. Era un término maldito, por haber sido adoptado con larga anterioridad para agrupaciones opositoras, y por tanto no reconocidas, agrupaciones que en cualquier país normal defienden su espacio sin merecer el escarnio del gobierno. Unas organizaciones no pueden de ninguna manera descartar a las otras, en esa exclusión hay implícito una especie de racismo político que resulta tan detestable como otras formas de exclusión.
Esto que acabo de decir, viene muy bien para comentar una iniciativa propuesta por el Observatorio Crítico, para las próximas elecciones, de votar con una D en la columna en blanco, iniciativa que ha recibido muchas críticas. No es una llamada a la insurrección para tomar el poder. Es una iniciativa ciudadana, una más de las muchas y muy variadas que tan necesarias son para el aprendizaje democrático. Es cierto que todas las D irán a la cuenta de las boletas anuladas, pero la presencia de los ciudadanos en el escrutinio de su colegio electoral (aún cuando no vote, si está en el listado de electores, es su derecho por ley), permite conocer los datos de la base. Mientras más ciudadanos tomen esa iniciativa, más interesante será la comparación de esos números con las cifras oficiales. El gobierno también podría publicar en un tabloide de esos que se imprimen para cualquier menester, el resultado de la votación en cada colegio del país, dividido en provincias y municipios, y hasta en circunscripciones, si quisiera ser puntilloso y acallar a los que opinan que el resultado se manipula.
Me pierdo en estos temas en los que pienso tanto y de los que sin embargo me resulta difícil escribir con la concisión que quisiera. Recuerdo a la bloguera Yoani Sánchez en una estación de policía sentada frente a un oficial que le advierte que ella está descalificada para el diálogo. Este funcionario a lo mejor desconoce que llevar un blog personal te hace responsable de ti y de tus opiniones; este funcionario a lo mejor interpretó como interés político el interés en la política. O a lo mejor no pensaba en nada y solo cumplía una orden.
Mi hijo se estrena este curso como estudiante universitario, y en la clase introductoria al Derecho Mercantil, el profesor enfatizó la necesidad de conocer las leyes, los deberes y derechos del ciudadano, y ante la pregunta de quiénes habían leído la Constitución, al menos hojeado, ninguno de los alumnos levantó la mano. La indefensión que supone tal desconocimiento es una alarma respecto al futuro, porque tengo la impresión de que estos jóvenes han sido sometidos a tanta politización que son inmunes a la política, y eso tampoco es bueno.
Estos dos momentos, en un primer vistazo pueden no parecerse, pero tienen que ver con el ejercicio de la ciudadanía como un derecho inmanente. Por lo pronto, le he dejado el pequeño folleto azul de la Constitución a mi hijo en su mesa de noche. No sé si el policía político que regañó a Yoani ya habrá aprendido que en un diálogo ciudadano los interlocutores son elegidos por sus representados. Y que para otorgar o negar derechos está la ley.
LML en LJC (28)
Esto no es en respuesta a un posteo, sino que surge del área de los comentarios. Para mejor comprensión he copiado en cursivas las palabras de Osmany, uno de los administradores de http://lajovencuba.wordpress.com, un blog elaborado en la Universidad de Matanzas en el que comento habitualmente.
Estimado Osmany: Fuiste muy atento al responder mi comentario, lo que da pie al intercambio.
Dices que nada te ha demostrado las bondades del unipartidismo bueno pues a mí nada me ha demostrado el pluripartidismo, donde el partido de la oposición hace todo lo posible por torpedear cuanta política impulsa el partido del gobierno aún cuando sean lo mejor para la mayoría. Luego viene el “voto de castigo” se cambia de partido y los pobres siguen pobres y los ricos más ricos ¿te convence eso?
No sé por qué eres tan pesimista. Yo imagino un proceso no bipartidista, transparente, inclusivo. Ciudadanos empoderados, ajenos a presiones, votarán por los mejores en capacidad, proyecto e integridad. Me interesa un sistema donde personas como tú y como yo no sean vistos como enemigos (no lo somos); un sistema abierto donde la ley sea para todos por igual, en el que los escalones electorales sean por voto directo y secreto.
…no dudes que los mismos que mandaban en Cuba en el 58 mandarán de nuevo
La inmensa mayoría de los cubanos pertenecen al siglo XXI, no sé tú, pero yo tengo confianza en los jóvenes. ¿Podrías señalarme un gobierno de partido único que conjugue prosperidad y democracia?
En otras ocasiones te has referido a tu “sotanito” ¿crees que en una Cuba “libre” te tendrán en cuenta?
ahora eres útil por pensar contrario al gobierno pero y después?
Cuba libre no tiene que tenerme en cuenta como individualidad. ¿Crees que no seguiré siendo crítica con los que vengan después? La falta de crítica ha hecho y sigue haciendo mucho daño. Al escribir, puedo equivocarme o acertar, pero no lo hago por encargo. Pienso seguir con mi blog personal mientras el primo alemán me lo permita.
En tu blog promueves cuanta causa surge en contra de Cuba, Zapata Tamayo por ejemplo, ¿crees que a los futuros amos de Cuba les importa esas personas? ¿Viste lo que sucedió con Reina Luisa?
¿En contra de Cuba, Osmany? ¿Desde cuándo un gobierno es Cuba? Yo quiero una patria sin amo, no creo en el cuento del lobo. Abraza la causa en la que creas, pero no la identifiques con el concepto de nación, que por antonomasia debe ser inclusivo, plural, abierto, “amplio, democrático… en fin, el mar”.
Te refieres al bloqueo como “embargo” eso se contradice con la imagen que quieres dar pues debes saber bien la diferencia entre uno y otro, pero bueno es tu elección. Saludos para ti también
Me refiero al bloqueo como embargo, en primer lugar porque la ley que le da cuerpo se llama Ley de Embargo, y en segundo, porque hablar de bloqueo tiene mayor impacto político, pero no estamos sometidos a un bloqueo. Y ojo, que voto con las dos manos por su derogación y me parece lesivo a la soberanía de terceros el carácter extraterritorial de la Helms Burton y la Torricelli.
Espero que podamos mantener este intercambio, más ahora que la paginación permite cargar mejor el blog. Espero por tus comentarios. Un saludo para los demás y en especial para ti y tu recién crecida familia.

