Tanto se ha hablado en los últimos tiempos de los cubanos establecidos en el extranjero, que el oído se me acostumbró a la palabra emigrados. Emigrados económicos concretamente se ha dicho y escrito una y otra vez para referirse a los cubanos que abandonaron el país, sobre todo con la crisis que conocemos en Cuba como Período Especial. Aunque sea cierto, no es todo. Los que hoy manejan el término con tal soltura lo divorcian de la causa por la que hasta en países como Haití o Namibia los cubanos han echado raíces. De haber sido un país con colonia hispana, china, “polaca” (genérico de judíos) y otras más pequeñas, la afluencia de extranjeros no solo se detuvo, sino que fueron los cubanos los que iniciaron una desbandada por el mundo que no ha parado. Eso sería impensable de existir todas las oportunidades para el desarrollo profesional, o personal, o ambos.
Las causas siempre remiten a la política; en Cuba, la política es la que ha impuesto los límites a la economía en una disrupción del orden lógico. Por eso, aunque se pretenda desideologizar el motivo, la emigración cubana es política.
