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Prehistoria tecnológica

 

 

2013042249tuLos llamados nativos digitales son los nacidos después de 1970. No solo no soy nativa digital, sino que debo esperar por la ciudadanía pues nací mucho antes y provengo de un planeta desconectado. En Cuba esa fecha hay que correrla con generosidad hacia fines de los ’80 por culpa del Bloqueo Y La Amenaza Imperialista (y dicen las malas lenguas que también por culpa de nuestra extinta Hermana, que apostó al futuro por entero al socialismo y no a la revolución tecnológica). Por todo mezclado, los cubanos en general vinieron a familiarizarse (de lejos) con las computadoras personales hacia los ’90: antes de eso, unos semidioses llamados “operadores de micro” eran los únicos con acceso a aquellas maquinitas de pantalla verdinegra, hay quien vivió la experiencia de un televisor Caribe como pantalla.

Mi primer encuentro cercano fue en 1987, una NEC con lector de discos flexibles. Como la operadora de micro de la NEC de mi cuento era mi “yunta” y en el ínterin se casó y salió de licencia de maternidad, yo aprendí el manejo del exclusivo aparato y cuando Ana Gladys se ausentaba, Regina tomaba el mando, más regia que al timón de un transatlántico. Además, en esa oficina de la micro, nunca faltaba el aire acondicionado, se decía que la máquina no podía vivir sin él. Ana Gladys y yo podíamos mantener una conversación delante de cualquiera, que los demás pensarían que hablábamos otro idioma: –el comando es control-alt-M (o parecido, pero ya olvidé MS DOS), –Te dejo el ejecutable en el floppy–, qué se yo, cosas así. En esa época no necesitaba estudiar nada, me aprendía los comandos de memoria, y le imprimí a mis compañeros unas tesis de grado preciosas con un programa de letras; no olviden que la variedad de fuentes vino después.

 

Un avispado técnico que trabajaba en Copextel me armó un Frankenstein. Era 1994 y el muchacho no llegó a cobrármela, pues prefirió montarse en una balsa en el verano de aquel año. Una XT con editor de texto Word star o Word perfect que Alcides ni tocaba por miedo a que le cogiera la corriente. No fue hasta el ’95 que compramos de segunda mano una 486. Con Windows llegó la felicidad. Convencí al poeta de que una PC era mucho mejor para su trabajo. Con más miedo que convicción, se aferraba a su vieja Underwood, reclamaba no sé qué simbiosis con el aparato mecánico, pero como dijo el inmortal Stevenson: La técnica es la técnica, y logré convencerlo de dar el paso al frente, es decir, a la modernidad. No es que sea un usuario avezado, pero aporrea las teclas y sus borradores son sin erratas, argumento que fue como el puntillazo para decidirlo.

 

Como en este mundo de la tecnología la obsolescencia es implacable, la 486 no se rompió, pero se hizo incompatible con muchos periféricos, y en el 2004, a través del hijo de una amiga (upss… también hoy en el exilio), compramos una Compaq  ¡Pentium 3! nuevecita en su caja y seguimos machacando con el magnífico monitor Magnavox SVGA que habíamos “resuelto” para la 486. Con ella trabajó Alcides hasta hace cuatro meses en que perdió la memoria (no Alcides, que goza de excelente ídem), y tengo un amigo por Miami haciendo arqueología a ver si la consigue, porque por acá las RAM viejas son más caras que si fueran nuevas. Preferiría que ni apareciera, para que Alcides no retroceda al Windows 95. Ante la posibilidad de quedarse sin trabajar, le conecté el teclado y el monitor (ya de los lcd) a una pequeñita Lenovo que me gané en un concurso de Twitter. Al principio, aquello era el desastre, porque saltar del Windows 95 al Windows 7 para él fue un salto de fe, pero se ha ido acostumbrando, y a veces paso días sin escuchar ese profundo Rrregina… de cuando se traba con la pc.

 

Internet ha sido una experiencia aparte: familiarizarme con los navegadores, optimizar el poco tiempo de conexión, meterme en las redes sociales, lidiar con la descarga e instalación de programas. Mucho estudio con libritos, manuales y tutoriales, que los años no pasan por nada; ahora me reto para aprender a hacer desde WordPress una página web. Al final, más que la curiosidad, creo que lo que me mantiene estudiando como una loquita es el miedo a perder la memoria, y no la RAM precisamente.

 

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Gatear por internet

internet

Con casi dos años de retraso, el famoso cable de fibra óptica estará disponible para la población dentro de unos días. Cientodieciocho salas de navegación en todo el país, aunque no he podido comunicar con el número habilitado por la estatal ETECSA para información (guiño o casualidad, el teléfono es el 118).

No conozco los detalles, no sé si las salas tendrán tres computadoras o veinte, pero la noticia es positiva. Muchos cubanos podrán asomarse por primera vez al abismo de la red, el vértigo inicial será pasajero. Mi hijo al saber la noticia, lo primero que dijo fue que teniendo Facebook y Revolico, la gente va a estar contenta. Ahí me puse capciosa: –no creas que tan contenta–. Los precios son un paso de avance respecto a la conexión desde un hotel, pero “nuestro pueblo trabajador” cuyo salario oscila digamos, en 400 pesos mensuales, tendrá que invertir poco más de un día de trabajo para pagar una hora de navegación por la Intranet; si además desea un correo internacional .cu, esa hora representa tres días y medio, y si se pone goloso y quiere desandar las autopistas de la información, su desembolso por una hora será la cuarta parte de su salario mensual.

En una población de once millones, no dudo que al menos mientras dure la novedad, se formarán colas para acceder a esas salas. Especulación de mi parte, pues a lo mejor ofrecen servicio 24 x 7.

Tengo sospechas de que navegaremos “a la china”, y además de sitios presillados, de compromisos por escrito, de jefes de sala pasando por detrás del usuario para verificar su buen comportamiento y de carteles con grandes caracteres explicitando lo que se puede y no se puede hacer, dejaremos nuestro historial de navegación y “los compañeros que atienden el sector” podrán acceder a esa información pasando sobre ese depreciado valor que es la privacidad.

Pero estoy contenta.  !Al fin! los cubanos podremos gatear por internet.

 

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La técnica es la técnica

La frase, atribuida en Cuba lo mismo a Stevenson que a Savón , los grandes súper completos del boxeo cubano es mi brújula, mi alfa-omega, mi realidad real desde que lidio con aparatos, programas, plataformas, todo para convertirme en una alfabetizada tecnológica que lucha por alcanzar el sexto grado.

Cada vez que me enfrento a una novedad –en este terreno las hay todos los días, y yo por mi parte descubro el agua tibia también a diario–, mi primera reacción es aturdimiento. No entiendo nada, si me lo explican lo olvido inmediatamente, temo hacer algo por mi cuenta y causar un estropicio. En la terapia para sobreponerme al complejo de inferioridad, me he vuelto estudiosa de manuales, visualizadora de videos demostrativos, no hay librito de instrucciones que no registre hasta con lupa para leer lo que ponen en Arial de seis puntos. Es una ironía, porque con esta aureola de conocimientos, gente más joven acude a mí en busca de ayuda, lo cual me produce un cosquilleo de inseguridad: perder el respeto de los que pretendo ayudar, y enfrentarme con mi propia ignorancia y afectarlos.

Cuando creo que ya, que ahora sí; el viernes pasado, me aparece un doble desafío: estrenaba móvil y además tenía que activar el MMS para conectar mi cuenta Twitter con TwitPic, la aplicación para imágenes. Gasté una tarjeta de 10 CUC y algo más (cada MMS cuesta 2, 30 CUC), y hubiera seguido de no recibir un sms muy simpático, que no sé de quién fue: Felicidades, Please, no lo intentes más con Twipic que sirvió las tres veces la misma foto.

Así entre el orgullo y la vergüenza transcurre mi aprendizaje. No digo yo si la técnica es la técnica.

 

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Convidado de plata

comucuba

Como ya se me está haciendo costumbre, ayer me fui para Ultimo Jueves, el espacio de la revista Temas.  El tema de Temas era bien atractivo para mí: Internet, redes sociales, cultura.  Llegué algo tarde, por lo que me perdí la presentación de los invitados, entre los que reconocí a Iroel Sánchez, antiguo presidente del Instituto Cubano del Libro,  y a Rosa Miriam Elizalde, directora del portal Cubadebate.  Los desconocidos resultaron ser el bloguero Paquito el de Cuba, Milena, creo que de Cubarte, y Juan, profesor de la UCI (no repitieron los apellidos).  Me concentré en los desconocidos, puesto que los conocidos no podrían sorprenderme.

Paquito y Milena me parecieron gente interesante e inclusiva. Paquito se aflojó bastante cuando quiso mejorarle la cara a la prensa, que como todo el mundo allí sabía, es horrenda.  El profe de la UCI, muy documentado, pero sus opiniones fueron un homenaje a la Guerra Fría.  Lo escuchaba reiterar el argumento del carácter político de Internet, de cómo representa los intereses del mercado, pero sobre todo de sus creadores, y no podía dejar de pensar en el ciberactivismo de las páginas y blogs oficialistas, y a todo el ciberactivismo anticapitalista que se hace en el mundo entero.  Su intervención final fue admonitoria, y un tanto fuera de sintonía con el público joven que mayoreaba en la sala, al que quiso convencer de que una intranet podía ser tan buena como internet; tan así que Rafael Hernández, que funge como moderador del espacio, lanzó un regaño para atajar el incipiente “cuero”.

Como en casi todos los espacios donde el público tiene la oportunidad de apoderarse de un micrófono, algunos de vocación voyeurista quieren exhibir su sapiencia, (o lo que cada cual considera como tal).  Otros, se conforman con oírse, porque varios no estuvieron atentos a las palabras de los invitados, pues preguntaban cosas que habían quedado respondidas por aquellos.

No todos pidieron la palabra para gastar el tiempo de dos horas de que dispone el espacio.  Enrique Vega, estudiante del Pedagógico razonó que nuestra sociedad está envejecida y desfasada tecnológicamente, y cómo se podría paliar semejante contradicción; Antonio Rodiles de Estado de SATS abordó el tema de la libertad, unido con nuestro bajo nivel de conectividad y la discrepancia penalizada,  Luis Rondón, activista LGBT preguntó cómo se pretende preparar a la sociedad para internet sin internet, Harold Cárdenas, uno de los administradores del recesado blog La Joven Cuba preguntó cuándo los debates pasarán de la virtualidad a la realidad.

Cuando aquello podía ponerse de verdad interesante, se acabó el tiempo. Aunque el tema era redes sociales y cultura, flotó siempre en el auditorio la pregunta de los veinticuatro mil pesos: ¿Y el Cable?

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