La técnica es la técnica

La frase, atribuida en Cuba lo mismo a Stevenson que a Savón , los grandes súper completos del boxeo cubano es mi brújula, mi alfa-omega, mi realidad real desde que lidio con aparatos, programas, plataformas, todo para convertirme en una alfabetizada tecnológica que lucha por alcanzar el sexto grado.

Cada vez que me enfrento a una novedad –en este terreno las hay todos los días, y yo por mi parte descubro el agua tibia también a diario–, mi primera reacción es aturdimiento. No entiendo nada, si me lo explican lo olvido inmediatamente, temo hacer algo por mi cuenta y causar un estropicio. En la terapia para sobreponerme al complejo de inferioridad, me he vuelto estudiosa de manuales, visualizadora de videos demostrativos, no hay librito de instrucciones que no registre hasta con lupa para leer lo que ponen en Arial de seis puntos. Es una ironía, porque con esta aureola de conocimientos, gente más joven acude a mí en busca de ayuda, lo cual me produce un cosquilleo de inseguridad: perder el respeto de los que pretendo ayudar, y enfrentarme con mi propia ignorancia y afectarlos.

Cuando creo que ya, que ahora sí; el viernes pasado, me aparece un doble desafío: estrenaba móvil y además tenía que activar el MMS para conectar mi cuenta Twitter con TwitPic, la aplicación para imágenes. Gasté una tarjeta de 10 CUC y algo más (cada MMS cuesta 2, 30 CUC), y hubiera seguido de no recibir un sms muy simpático, que no sé de quién fue: Felicidades, Please, no lo intentes más con Twipic que sirvió las tres veces la misma foto.

Así entre el orgullo y la vergüenza transcurre mi aprendizaje. No digo yo si la técnica es la técnica.

 

Convidado de plata

comucuba

Como ya se me está haciendo costumbre, ayer me fui para Ultimo Jueves, el espacio de la revista Temas.  El tema de Temas era bien atractivo para mí: Internet, redes sociales, cultura.  Llegué algo tarde, por lo que me perdí la presentación de los invitados, entre los que reconocí a Iroel Sánchez, antiguo presidente del Instituto Cubano del Libro,  y a Rosa Miriam Elizalde, directora del portal Cubadebate.  Los desconocidos resultaron ser el bloguero Paquito el de Cuba, Milena, creo que de Cubarte, y Juan, profesor de la UCI (no repitieron los apellidos).  Me concentré en los desconocidos, puesto que los conocidos no podrían sorprenderme.

Paquito y Milena me parecieron gente interesante e inclusiva. Paquito se aflojó bastante cuando quiso mejorarle la cara a la prensa, que como todo el mundo allí sabía, es horrenda.  El profe de la UCI, muy documentado, pero sus opiniones fueron un homenaje a la Guerra Fría.  Lo escuchaba reiterar el argumento del carácter político de Internet, de cómo representa los intereses del mercado, pero sobre todo de sus creadores, y no podía dejar de pensar en el ciberactivismo de las páginas y blogs oficialistas, y a todo el ciberactivismo anticapitalista que se hace en el mundo entero.  Su intervención final fue admonitoria, y un tanto fuera de sintonía con el público joven que mayoreaba en la sala, al que quiso convencer de que una intranet podía ser tan buena como internet; tan así que Rafael Hernández, que funge como moderador del espacio, lanzó un regaño para atajar el incipiente “cuero”.

Como en casi todos los espacios donde el público tiene la oportunidad de apoderarse de un micrófono, algunos de vocación voyeurista quieren exhibir su sapiencia, (o lo que cada cual considera como tal).  Otros, se conforman con oírse, porque varios no estuvieron atentos a las palabras de los invitados, pues preguntaban cosas que habían quedado respondidas por aquellos.

No todos pidieron la palabra para gastar el tiempo de dos horas de que dispone el espacio.  Enrique Vega, estudiante del Pedagógico razonó que nuestra sociedad está envejecida y desfasada tecnológicamente, y cómo se podría paliar semejante contradicción; Antonio Rodiles de Estado de SATS abordó el tema de la libertad, unido con nuestro bajo nivel de conectividad y la discrepancia penalizada,  Luis Rondón, activista LGBT preguntó cómo se pretende preparar a la sociedad para internet sin internet, Harold Cárdenas, uno de los administradores del recesado blog La Joven Cuba preguntó cuándo los debates pasarán de la virtualidad a la realidad.

Cuando aquello podía ponerse de verdad interesante, se acabó el tiempo. Aunque el tema era redes sociales y cultura, flotó siempre en el auditorio la pregunta de los veinticuatro mil pesos: ¿Y el Cable?