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Aprendizajes

Algunas veces el proceso de democratización cubano me parece más sencillo de como lo veo casi todos los días. Espacio Laical y el Centro Félix Varela, bajo la supervisión de la Iglesia; Temas y sus últimos jueves de público, la revista Criterios y otros espacios académicos parecen tener, si no la fórmula mágica, al menos una idea del cómo. En estos entornos es frecuente escuchar términos como participación ciudadana, empoderamiento de la sociedad civil, pluripartidismo, sistema electoral, términos todos que convergen y se consuman en la democracia.

El gobierno ha optado por la técnica del avestruz, como si con mirar hacia otro lado, los problemas que se debaten en los foros mencionados –y en otros menos convencionales pero igualmente activos-, quedaran resueltos, o mejor, no existieran. Esta actitud es imprescindible para el mantenimiento del poder, pero es irresponsable ignorar que esa activa minoría que se pronuncia en los foros o publica en revistas de breve tirada y menor distribución, es precisamente el grupo de personas que está pensando Cuba.

Por otra parte, el gobierno ha tenido una reacción tardía, pues no es hasta hace muy poco que se escucha hablar en los medios cubanos de sociedad civil, como por ejemplo, haciendo referencia a la intelectualidad artística reunida bajo la UNEAC. Era un término maldito, por haber sido adoptado con larga anterioridad para agrupaciones opositoras, y por tanto no reconocidas, agrupaciones que en cualquier país normal defienden su espacio sin merecer el escarnio del gobierno. Unas organizaciones no pueden de ninguna manera descartar a las otras, en esa exclusión hay implícito una especie de racismo político que resulta tan detestable como otras formas de exclusión.

Esto que acabo de decir, viene muy bien para comentar una iniciativa propuesta por el Observatorio Crítico, para las próximas elecciones, de votar con una D en la columna en blanco, iniciativa que ha recibido muchas críticas. No es una llamada a la insurrección para tomar el poder. Es una iniciativa ciudadana, una más de las muchas y muy variadas que tan necesarias son para el aprendizaje democrático. Es cierto que todas las D irán a la cuenta de las boletas anuladas, pero la presencia de los ciudadanos en el escrutinio de su colegio electoral (aún cuando no vote, si está en el listado de electores, es su derecho por ley), permite conocer los datos de la base. Mientras más ciudadanos tomen esa iniciativa, más interesante será la comparación de esos números con las cifras oficiales. El gobierno también podría publicar en un tabloide de esos que se imprimen para cualquier menester, el resultado de la votación en cada colegio del país, dividido en provincias y municipios, y hasta en circunscripciones, si quisiera ser puntilloso y acallar a los que opinan que el resultado se manipula.

Me pierdo en estos temas en los que pienso tanto y de los que sin embargo me resulta difícil escribir con la concisión que quisiera. Recuerdo a la bloguera Yoani Sánchez en una estación de policía sentada frente a un oficial que le advierte que ella está descalificada para el diálogo. Este funcionario a lo mejor desconoce que llevar un blog personal te hace responsable de ti y de tus opiniones; este funcionario a lo mejor interpretó como interés político el interés en la política. O a lo mejor no pensaba en nada y solo cumplía una orden.

Mi hijo se estrena este curso como estudiante universitario, y en la clase introductoria al Derecho Mercantil, el profesor enfatizó la necesidad de conocer las leyes, los deberes y derechos del ciudadano, y ante la pregunta de quiénes habían leído la Constitución, al menos hojeado, ninguno de los alumnos levantó la mano. La indefensión que supone tal desconocimiento es una alarma respecto al futuro, porque tengo la impresión de que estos jóvenes han sido sometidos a tanta politización que son inmunes a la política, y eso tampoco es bueno.

Estos dos momentos, en un primer vistazo pueden no parecerse, pero tienen que ver con el ejercicio de la ciudadanía como un derecho inmanente. Por lo pronto, le he dejado el pequeño folleto azul de la Constitución a mi hijo en su mesa de noche. No sé si el policía político que regañó a Yoani ya habrá aprendido que en un diálogo ciudadano los interlocutores son elegidos por sus representados. Y que para otorgar o negar derechos está la ley.

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La Habana, 12-M, 2 pm.

Letrero del 15-M en España

El sábado pude completar los regalos del Día de las Madres. La calle repleta de gente ansiosa queriendo multiplicar su dinerito al estilo de Jesús. Mientras los objetos caros permanecían morosos en los anaqueles, la colonia barata, los jaboncitos, las flores plásticas, los abanicos y las tarjetas de felicitación se agotaban temprano. Un poco “cayucos”, mis regalos recuerdan la época de los “convoyados” del Mincin; lo mejor fue encontrar papel de regalos de papel, no ese de brillo plateado tan bonito, pero tan poco dócil.

Con mis vistosos rollos de papel en la mano, llegué tarde (2.30) a la convocatoria de Observatorio Crítico en Carlos III y Belascoaín. Con el vívido recuerdo de haber visto nacer el movimiento de Indignados en España, crucé la avenida en dirección al parque de la citación; además de los cinco policías uniformados a los que le pasé por el lado, vi numerosos grupos de civil diseminados por la explanada, pero ninguna reunión. En la esquina de San Carlos (primera noticia que esa calle se llama así, es la paralela a Belascoaín), otro grupo donde reconocí caras del día del concierto de Los Aldeanos en el cine Acapulco. Caras a las que no les gusta ni el hip-hop, ni las marchas con gladiolos, ni siquiera les gustó esta convocatoria en contra de todos los capitalismos.

En la entrada de la escuela primaria allí mismo, dos jóvenes me permitieron comprobar que la nueva hornada de la policía política ha roto con la camisita de cuadros y se viste con el mismo mal gusto de los jineteros. Una mujer en la puerta de la escuela rezongaba con un anciano CVP que la policía le había cogido el local pal trajín. Todo esto sin ver una cara conocida. Por suerte me encontré con Anddy Sierra, desconcertado como yo, y para abreviar, nos dirigimos a los compañeros a los que no les gusta el hip hop para indagar por la estatua de Karl Marx. Señalaron al centro del parque, yo seguía sin ver estatua ninguna, así que ya en el parque, me dirigí a otro grupo de los mismos compañeros. Uno de ellos me señaló un bajorrelieve muy discreto en un muro largo que con mi mala vista había creído un escudo, sin un alma cerca al resol de la hora. Al mismo compañero le pregunté por la actividad citada allí, y haciendo un gesto displicente con la mano me dijo: –¡Ah!, pero eso se acabó hace rato. –¿Tan cortica?– repuse incrédula. –Sí, cantaron La Internacional, dijeron una palabras y ya.

Como estaba cerca, decidí tomarle el café a Miriam Celaya, la llamé desde los bajos de su edificio para que me abriera la puerta, pero ¡oh sorpresa!, Miriam y Eugenio Leal fueron “relocalizados” en el municipio Playa por los compañeros a los que tampoco les gustan las marchas con gladiolos, justo cuando se dirigían hacia la convocatoria del Observatorio Crítico.

A juzgar por el despliegue, hubo más policía que solidarios con el M-15. La izquierda se monitorea dentro del enfrentamiento a los grupúsculos como uno más. ¡Quién iba a decir que La Internacional sería subversiva…!

Y hablando como los locos… ¿Cuánto le cuesta al pobre Liborio un operativo así?

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De policías y ciudadanos

foto: OLPL

Un fotógrafo aficionado amigo mío, se llevó el otro día el disgusto de su vida. Sentado en las inmediaciones del puente de La Lisa, tomaba fotos con el fondo fijo y objetos movibles delante. Vio venir un hombre vestido de civil hacia él que mientras se acercaba le preguntaba:

–¿De dónde tú eres?

Mi amigo, previsor, guardó la cámara y se puso de pie. –Cubano. Como tú.– La pregunta que siguió fue la que lo desconcertó:

–Sí, pero ¿para quién trabajas?

Mi amigo le iba a contestar, pero se dio cuenta de que estaba siendo interrogado por un civil, así que le ripostó

–No man, ¿para quién trabajas tú que estás haciendo tantas preguntas?

–¡no me digas man!

Descompuestísimo, el tipo le enseñó el fugaz fragmento de un carné donde mi amigo avistó las letras DSE. Aquí todo el mundo sabe qué son esas siglas. En represalia por la osadía de mi amigo de cuestionar su autoridad, intimidatorio, le tomó todos los datos del carné de identidad.

Cuando me hizo el cuento, más molesto que preocupado (también; mi amigo trabaja en una dependencia del estado), quería saber si aquel tipo tenía derecho a pedirle su identificación a pesar de ser notorio que no fotografiaba nada prohibido.

–En primer lugar, como te gusta la fotografía, puedes tirar fotos en cualquier lugar donde no esté expresamente prohibido. Expresamente se entiende por un cartel visible. Y en segundo lugar, por desgracia, en Cuba la autoridad está facultada para pedir identificación sin un motivo específico. Pero –y aquí es donde entra la mezcla de ignorancia y prepotencia que tienen muchos de esos individuos—si no va de uniforme, está en la obligación de identificarse correctamente, extendiendo incluso su carné al interesado si este lo requiriera para establecer su identidad como agente del Ministerio del Interior.

Le explicaba aquello a pesar de que no conozco un solo caso de alguien que sea interceptado por la policía política y se cumpla esta formalidad. Muchos policías, lo mismo de uniforme que de civil maltratan a la ciudadanía ignorante de sus derechos. Recién he visto en el Observatorio Crítico la foto de un joven golpeado por tres policías, sólo por reclamar un trato respetuoso. Y ahí lo grave. Cuando exiges, se aplica la violencia, verbal –o física como en este último penoso caso– como respuesta.

A mí la parte del cuento que más me gustó fue para-quien-trabajas. La pegunta permite especular por dónde andan las “orientaciones” de los agentes de la autoridad en estos tiempos de tecnología.

 

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