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Imagen1No tengo nada que decir, no tengo nada que decir… era el texto de una canción que Mario Aguirre cantaba con seriedad en la lejana obra de Teatro Estudio Algo muy serio. Cuando le pedían bis, con la misma música, cambiaba la letra: No tengo otra que cantar, no tengo otra que cantar… Así me pasa con la celebración del primero de mayo, por lo que pueden leer el posteo del año pasado y da lo mismo. Tengo una foto del cartel impreso y pegado en una puerta en el Instituto de Endocrinología donde estuve hace dos semanas, y la guardaba para la fecha. Pero mi teléfono tiene líos con el bluetooth y no pude ni sacarla a la pc ni a otro teléfono, y perdí el tiempo al tirar una foto a la pantallita de mi móvil, por lo que explico el cartel:

Como la medicina será la primera en desfilar, los trabajadores deben estar en el centro de trabajo a las dos de la mañana. De ahí se dirigirán al punto de concentración en el que están citados a las cuatro y media, y allí se les repartirán los carteles (alusivos a cualquier cosa menos a demandas de los trabajadores). Deben ir todos con batas blancas, y deben ver a la secretaria del Sindicato (se refiere a la del Instituto) para la asistencia.

Ese método, ampliamente probado a lo largo de los años, seguirá garantizando que se puedan llenen sin sobresalto muchísimas plazas.

Pd. Y si la medicina marcha de primera por su felicidad económica, ¿cuántos marcharon de últimos?

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Precisiones al margen de la intención de un artículo

Muchas personas que no conocen de Cuba pueden haber leído este artículo de un francés que se presenta como experto en temas cubanos, lo que me animó a hacer algunas precisiones sobre lo que se puede hacer con el dinero en mi país, información que tengo de primera mano por ser cubana y vivir en Cuba, donde la dualidad monetaria ha traído como consecuencia que la moneda nacional (CUP) se halle profundamente depreciada, que el salario sea insuficiente y que el equivalente a la divisa (CUC) sea la moneda rectora de casi todos los productos y servicios.

Transportarse en los taxis particulares conocidos por almendrones, implica acomodarse al recorrido fijo que tienen esos autos colectivos.  Si viaja de Marianao a Centro Habana, lo hará por veinte pesos, pero si su viaje es hasta Alamar, será el doble pues tiene que cambiar de auto, y si el trayecto sencillo lo hace después de las diez de la noche, la tarifa también se duplicará.

Si quiere o necesita una vivienda, deberá comenzar por heredarla o construirla.  El arrendamiento de viviendas entre cubanos es una rareza, y aunque el impuesto se pague en CUP, el acuerdo entre las partes toma el CUC como referente, y un apartamento de una habitación ronda más o menos los 100 CUC.

A riesgo de abrumar a los lectores, quiero detenerme en los alimentos referidos en la lista, porque deben saber, ya que el experto no lo aclara, que en Cuba el mismo alimento puede tener cuatro precios: El precio en CUP de los alimentos de la canasta básica subvencionados, el precio en el mercado liberado también en CUP o su  equivalente en CUC, los alimentos en el mercado en CUC, y last, but not least, el del extendido mercado negro.

Los productos del primer grupo entregados a través de la libreta de racionamiento para cada consumidor  son los siguientes:

Pan suave de 15 gramos (entrega diaria), 10 huevos, 460 grs. de pollo, 230 grs. de pollo por pescado (el año pasado no hubo pescado), 230 grs. de picadillo de soya, 230 grs. de embutido, 2,3 kg.  de arroz, 230 grs. de frijoles, 1,383 kg. de azúcar blanca y 460 grs. de azúcar turbinada, 500 grs de espaguetis, 115 grs de café mezclado al 50% y 250 ml de aceite vegetal.  Los niños hasta cumplir los tres años reciben compotas, hasta los siete un litro de leche y hasta los trece un litro de yogur de soya. (Perdonen si no he sido exacta en la conversión de libras a kilos, pero los alimentos se expenden por libras, y convertir  no es mi fuerte)

Esta asignación mensual se paga con poco más del equivalente a 1 CUC.  Invito a los lectores a que hagan el sencillo ejercicio de comprobar físicamente el peso de estos alimentos para que comprendan mejor lo que viene después.  Al agotarse los víveres subvencionados, se debe acudir al mercado regido por la oferta y demanda,  donde los precios varían drásticamente.  Como la producción no es abundante, ya sea por las tierras ociosas, por la sequía, por los ciclones o por el Bloqueo, el arroz que pagué a menos de 1 CUP,  allí cuesta 8.00 CUP el kg; los granos, de centavos pasan a 24 CUP el kilo, y si no tiene un niño menor de siete años, por mucho dinero que tenga, si quiere tomar leche, deberá desembolsar  en divisas 2,40 por un tetrapack de a litro, o 1,20 por una lata de leche condensada o 1,60 por  la de leche evaporada, o 5,40 por medio kilo de leche en polvo.

Como cafetera impenitente, me consta que una taza de café mezclado en cualquier chiringuito cuesta un CUP; una ficción de café, un simulacro; si quiero café-café, debo pagar 3 CUC por 250 gr del más barato café en polvo.  No soy así con el alcohol, pero nada más agradable que una cervecita en el almuerzo dominical, lujo que solo puedo darme dos o tres veces al año, porque una cerveza vale 20 CUP o 1 CUC.

Pero donde el señor del artículo se ha confundido en grande, es con el precio de las proteínas, tan ponderadas en Cuba por su escasez, a pesar de lo mal vistas que resultan en la dieta moderna.  La carne de cerdo, la más consumida y “económica” cuesta 50 CUP el kilo si compra piezas grandes, porque en porciones pequeñas llega hasta los 80, los huevos, se venden a 1,50 CUP o al equivalente a 8 CUP en las tiendas en divisas.

No me extiendo en el precio de otros alimentos porque explicar qué se puede y qué no se puede comprar excede mi paciencia y excedería la de ustedes.  Acotar que la tarifa eléctrica es creciente; los 9 centavos son exclusivamente para los primeros 100 kw.  En mi casa con tres personas, sin equipos consumidores, salvo refrigerador y calentador en la ducha, se promedian 220 kw al mes, que cuestan alrededor de 60 CUP.

El artículo, concebido para denigrar a una conocida figura, manipula datos, con desconocimiento o mala intención, con lo cual arroja una sombra sobre la credibilidad del articulista, para decirlo con sus propias palabras.

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