La televisión cubana no se caracteriza por la calidad de su programación de factura nacional, por eso mismo, reviso en la cartelera las películas por si me interesan. Lo único que sigo son series pirateadas: Anatomía de Grey, Suts y Dirty Sexy Money; esta última, a pesar de su horario en la madrugada. Pero a veces, por casualidad, por pura casualidad, tropiezo con programas producidos por la tv cubana, que produce poco, malo y demorado y por suerte rellena con enlatados. En fatal casualidad he visto algunas escenas de una cosa horrible llamada Santa María del no-sé-qué que se pasa en el horario de la telenovela; pero el otro día soporté con estoicismo digno de mejor causa un programa ¿humorístico? hecho por mujeres. Concursaban, y un jurado muy condescendiente, levantaba cartulinas con su calificación. Mal gusto, vulgaridad, falta de gracia, ausencia de originalidad; y dando ejemplo de lo anterior, la conductora del programa. En la Federación de Mujeres Cubanas y la UNEAC, instituciones que se preocupan indistintamente por la integridad femenina y por la elevación de los valores culturales, no deben haber visto Más Mujeres (con el signo de más que no encuentro en el teclado), ese engendro de más para el que no encuentro suficientes calificativos en el teclado.
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Programas
Mientras en casa de mi insospechable vecino Tomás, el DVD se recalienta con el programa Pequeño Gigante, (la tv latina puede ser tan mala como la del ICRT), y otros se anestesian con la telenovela brasileña (dicen que la cubana de turno es peor que la peor de las mexicanas); yo le hago un peeling a mis neuronas (por el aquello del primo, ya saben) con los capítulos de La Guerra Fría, producidos por Ted Turner. La serie me tiene enganchada con tanta información novedosa para mí sobre esa etapa de la historia reciente. Hasta mi hijo se ha contagiado, y claro, hace un montón de preguntas.
Los cubanos seguimos en la inercia de esa etapa, o si no, ¿díganme si el caso de Alan Gross no parece un capítulo escapado de la serie de Ted Turner?
Complicidades y modelos
Hace unos meses apenas, los espacios cinematográficos de la televisión casi siempre me parecían contestatarios. Vi claves de complicidad en donde la pureza ideológica se cuida con más celo. Recuerdo un largometraje a partir de la correspondencia de Dalton Trumbo. Quedé muy impresionada por las afinidades del Macarthismo con nuestra situación actual. Otro sobre los últimos días de Franco, otro con una metáfora muy a lo 1984. Alguien pensó lo mismo que yo, o era muy evidente. En la actualidad las películas del sábado por la noche son unos bodrios, las de la Tanda del Domingo son bobaliconas, Sara Montiel y María Félix triunfan en la pantalla chica; hay que cazar buen cine de entretenimiento en el tv, porque para ver a Kim Ki Duk o a David Lynch me voy al ICAIC y lo disfruto en pantalla enorme y con sonido envolvente. L a televisión, esa caja malvada a la que tanto miedo tenían los forjadores del hombre nuevo, pareciera que ha terminado controlada para jugar en ventaja. Pero no hay que exagerar. Los bancos de películas, los cientos de vendedores de discos quemados: series, programas de entretenimiento, musicales, la Serie Mundial de béisbol, lo que pidas. Y están las conexiones clandestinas a la televisión satelital. La gente en la calle es más precisa para comentar Esta noche tonight que la Mesa Redonda. El hombre más culto del mundo es fan a la tele importada, así sea de dudosa calidad. Allí están sus modelos y sus aspiraciones, ¿Qué se le va a hacer? El pueblo se distrae mientras el gobierno, ¿gobierna?


