(luego de ver una reunión de blogueros cubanos en CUNY)
Aclaro lo de pre-mortem, porque con eso del congreso espiritista por acá, no vayan a creer que es mi ectoplasma quien habla por mí. Y lo de post-mortem, no me lo creo, el único post a que doy crédito es al que sale de mi teclado.
La necesidad catártica de opinar, en un principio me hizo escribir de manera sostenida a un ritmo de dos, tres y hasta cuatro posteos semanales. Opinaba sobre todo, y de manera consciente, aunque difusa, fijaba una posición, que no necesariamente tenía que estar alineada con la de nadie, por lo que tuve (tengo) afinidades y desencuentros con amigos y desconocidos, funcionarios y disidentes.
Cuando la embriagadora sensación de libertad que significa opinar o conectarme a internet dejó de producirme ansiedad con insomnio, bajé la cresta de esa ola con el deseo de comparar opiniones con personas reales, tuvieran o no (mejor) igual forma de pensar que yo. Los leyentes con antigüedad recordarán las opiniones en forma de posteo que dediqué al blog La Joven Cuba, una experiencia que más de una vez me hizo “ponerme seria” y me llevó a la Historia, su hermana la Filosofía y su sobrina la Ética. Dejé de comentar allí luego de darme cuenta de que a los jóvenes matanceros no les interesaba el intercambio puertas adentro con una posición diferente.
Luego de quejarme y sugerir reglas de comportamiento; sin querer usar la censura, sin poder usar la moderación, y sin poder interactuar con los opinantes, dejé de tener expectativas sobre el área de los comentarios del blog como un espacio para el debate.
Creí encontrar en Estado de Sats ese espacio físico, pero al ser la nuestra una sociedad donde la libertad de expresión está tan coartada, Sats demostró ser lo suficientemente transgresor como para merecer la presilla (¿prohibición?) para cualquiera con filiación gubernamental. En Jueves de Temas se identifican corrientes de opinión, personas comprometidas con el futuro de Cuba, pero la selección del panel, el tener que pedir la palabra antes de escuchar a los invitados y las dos horas en que transcurre dejan cualquier posibilidad de debate “caliente” fuera.
Igual no suelo ser una buena expositora, por eso regreso al blog. También uso Twitter, esa herramienta tan valiosa en nuestra incomunicación, solo que trato de suplir el qué estás haciendo ahora por el qué está pasando ahora.
Me siento tan cómoda con mi blog que me visualizo más vieja (es decir, viejita) escribiendo de recetas de cocina o de los nietos, aunque será difícil que no escriba sobre todo –sobre todo– para hablar de los males del gobierno de turno.
