Publicaciones etiquetadas con: Yoani Sánchez

El medio y el fin

Mucho se ha escrito sobre Zunzuneo, y Piramideo y no me voy a hacer la analista. Mi reflexión es simple, ¿Podría un envío masivo de mensajes a través de Twitter subvertir gobiernos como los de Gran Bretaña, Canadá, Francia, Australia, Suecia, Costa Rica? Más allá de las conocidas protestas del 15-M en España, del movimiento estudiantil en Chile o del Ocuppy Wall Street en las mismísimas entrañas del monstruo, las redes sociales han movilizado, probablemente hayan puesto a pensar a los políticos, pero no tumbaron gobiernos.

¿Dónde se vuelve peligrosa esta manera de concertar? En países donde la mala economía o la falta de libertades, o ambas, crean las condiciones. La primavera árabe es el referente más conocido. El disgusto del gobierno cubano no es por la supuesta violación de la privacidad telefónica de sus ciudadanos (eso sería un chiste colosal), sino precisamente porque el gobierno conoce muy bien la opinión expresa o soterrada de muchos de sus ciudadanos sobre la mala economía o la falta de libertades, o ambas, y lo que menos le interesa es que un grupo significativo de ellos pueda organizarse por esa vía.

Y también, digo yo, está poniendo el parche previo a la salida del anunciado proyecto de Yoani Sánchez, ese “medio” que podría poner en sintonía el sentir de los ciudadanos ante la mala economía, la falta de libertades, o ambas.

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Pre-mortem

imagen de mundodesubikado.blogspot.com

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(luego de ver una reunión de blogueros cubanos en CUNY)

Aclaro lo de pre-mortem, porque con eso del  congreso espiritista por acá, no vayan a creer que es mi ectoplasma quien habla por mí.  Y lo de post-mortem, no me lo creo, el único post a que doy crédito es al que sale de mi teclado.

La necesidad catártica de opinar, en un principio me hizo escribir de manera sostenida a un ritmo de dos, tres y hasta cuatro posteos semanales. Opinaba sobre todo, y de manera consciente, aunque difusa, fijaba una posición, que no necesariamente tenía que estar alineada con la de nadie, por lo que tuve (tengo) afinidades y desencuentros con amigos y desconocidos, funcionarios y disidentes.

Cuando la embriagadora sensación de libertad que significa opinar o conectarme a internet dejó de producirme ansiedad con insomnio, bajé la cresta de esa ola con el deseo de comparar opiniones con personas reales, tuvieran o no (mejor) igual forma de pensar que yo. Los leyentes con antigüedad recordarán las opiniones en forma de posteo que dediqué al blog La Joven Cuba, una experiencia que más de una vez me hizo “ponerme seria” y me llevó a la Historia, su hermana la Filosofía y su sobrina la Ética. Dejé de comentar allí luego de darme cuenta de que a los jóvenes matanceros no les interesaba  el intercambio puertas adentro con una posición diferente.

Luego de quejarme y sugerir reglas de comportamiento; sin querer usar la censura, sin poder usar la moderación, y sin poder interactuar con los opinantes, dejé de tener expectativas sobre el área de los comentarios del blog como un espacio para el debate.

Creí encontrar en Estado de Sats ese espacio físico, pero al ser la nuestra una sociedad donde la libertad de expresión está tan coartada, Sats demostró ser lo suficientemente transgresor como para merecer la presilla (¿prohibición?) para cualquiera con filiación gubernamental. En Jueves de Temas se identifican corrientes de opinión, personas comprometidas con el futuro de Cuba, pero la selección del panel, el tener que pedir la palabra antes de escuchar a los invitados y las dos horas en que transcurre dejan cualquier posibilidad de debate “caliente” fuera.

Igual no suelo ser una buena expositora, por eso regreso al blog. También uso Twitter, esa herramienta tan valiosa en nuestra incomunicación, solo que trato de suplir el qué estás haciendo ahora por el qué está pasando ahora.

Me siento tan cómoda con mi blog que me visualizo más vieja (es decir, viejita) escribiendo de recetas de cocina o de los nietos, aunque será difícil que no escriba sobre todo –sobre todo– para hablar de los males del gobierno de turno.

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Precisiones al margen de la intención de un artículo

Muchas personas que no conocen de Cuba pueden haber leído este artículo de un francés que se presenta como experto en temas cubanos, lo que me animó a hacer algunas precisiones sobre lo que se puede hacer con el dinero en mi país, información que tengo de primera mano por ser cubana y vivir en Cuba, donde la dualidad monetaria ha traído como consecuencia que la moneda nacional (CUP) se halle profundamente depreciada, que el salario sea insuficiente y que el equivalente a la divisa (CUC) sea la moneda rectora de casi todos los productos y servicios.

Transportarse en los taxis particulares conocidos por almendrones, implica acomodarse al recorrido fijo que tienen esos autos colectivos.  Si viaja de Marianao a Centro Habana, lo hará por veinte pesos, pero si su viaje es hasta Alamar, será el doble pues tiene que cambiar de auto, y si el trayecto sencillo lo hace después de las diez de la noche, la tarifa también se duplicará.

Si quiere o necesita una vivienda, deberá comenzar por heredarla o construirla.  El arrendamiento de viviendas entre cubanos es una rareza, y aunque el impuesto se pague en CUP, el acuerdo entre las partes toma el CUC como referente, y un apartamento de una habitación ronda más o menos los 100 CUC.

A riesgo de abrumar a los lectores, quiero detenerme en los alimentos referidos en la lista, porque deben saber, ya que el experto no lo aclara, que en Cuba el mismo alimento puede tener cuatro precios: El precio en CUP de los alimentos de la canasta básica subvencionados, el precio en el mercado liberado también en CUP o su  equivalente en CUC, los alimentos en el mercado en CUC, y last, but not least, el del extendido mercado negro.

Los productos del primer grupo entregados a través de la libreta de racionamiento para cada consumidor  son los siguientes:

Pan suave de 15 gramos (entrega diaria), 10 huevos, 460 grs. de pollo, 230 grs. de pollo por pescado (el año pasado no hubo pescado), 230 grs. de picadillo de soya, 230 grs. de embutido, 2,3 kg.  de arroz, 230 grs. de frijoles, 1,383 kg. de azúcar blanca y 460 grs. de azúcar turbinada, 500 grs de espaguetis, 115 grs de café mezclado al 50% y 250 ml de aceite vegetal.  Los niños hasta cumplir los tres años reciben compotas, hasta los siete un litro de leche y hasta los trece un litro de yogur de soya. (Perdonen si no he sido exacta en la conversión de libras a kilos, pero los alimentos se expenden por libras, y convertir  no es mi fuerte)

Esta asignación mensual se paga con poco más del equivalente a 1 CUC.  Invito a los lectores a que hagan el sencillo ejercicio de comprobar físicamente el peso de estos alimentos para que comprendan mejor lo que viene después.  Al agotarse los víveres subvencionados, se debe acudir al mercado regido por la oferta y demanda,  donde los precios varían drásticamente.  Como la producción no es abundante, ya sea por las tierras ociosas, por la sequía, por los ciclones o por el Bloqueo, el arroz que pagué a menos de 1 CUP,  allí cuesta 8.00 CUP el kg; los granos, de centavos pasan a 24 CUP el kilo, y si no tiene un niño menor de siete años, por mucho dinero que tenga, si quiere tomar leche, deberá desembolsar  en divisas 2,40 por un tetrapack de a litro, o 1,20 por una lata de leche condensada o 1,60 por  la de leche evaporada, o 5,40 por medio kilo de leche en polvo.

Como cafetera impenitente, me consta que una taza de café mezclado en cualquier chiringuito cuesta un CUP; una ficción de café, un simulacro; si quiero café-café, debo pagar 3 CUC por 250 gr del más barato café en polvo.  No soy así con el alcohol, pero nada más agradable que una cervecita en el almuerzo dominical, lujo que solo puedo darme dos o tres veces al año, porque una cerveza vale 20 CUP o 1 CUC.

Pero donde el señor del artículo se ha confundido en grande, es con el precio de las proteínas, tan ponderadas en Cuba por su escasez, a pesar de lo mal vistas que resultan en la dieta moderna.  La carne de cerdo, la más consumida y “económica” cuesta 50 CUP el kilo si compra piezas grandes, porque en porciones pequeñas llega hasta los 80, los huevos, se venden a 1,50 CUP o al equivalente a 8 CUP en las tiendas en divisas.

No me extiendo en el precio de otros alimentos porque explicar qué se puede y qué no se puede comprar excede mi paciencia y excedería la de ustedes.  Acotar que la tarifa eléctrica es creciente; los 9 centavos son exclusivamente para los primeros 100 kw.  En mi casa con tres personas, sin equipos consumidores, salvo refrigerador y calentador en la ducha, se promedian 220 kw al mes, que cuestan alrededor de 60 CUP.

El artículo, concebido para denigrar a una conocida figura, manipula datos, con desconocimiento o mala intención, con lo cual arroja una sombra sobre la credibilidad del articulista, para decirlo con sus propias palabras.

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Aprendizajes

Algunas veces el proceso de democratización cubano me parece más sencillo de como lo veo casi todos los días. Espacio Laical y el Centro Félix Varela, bajo la supervisión de la Iglesia; Temas y sus últimos jueves de público, la revista Criterios y otros espacios académicos parecen tener, si no la fórmula mágica, al menos una idea del cómo. En estos entornos es frecuente escuchar términos como participación ciudadana, empoderamiento de la sociedad civil, pluripartidismo, sistema electoral, términos todos que convergen y se consuman en la democracia.

El gobierno ha optado por la técnica del avestruz, como si con mirar hacia otro lado, los problemas que se debaten en los foros mencionados –y en otros menos convencionales pero igualmente activos-, quedaran resueltos, o mejor, no existieran. Esta actitud es imprescindible para el mantenimiento del poder, pero es irresponsable ignorar que esa activa minoría que se pronuncia en los foros o publica en revistas de breve tirada y menor distribución, es precisamente el grupo de personas que está pensando Cuba.

Por otra parte, el gobierno ha tenido una reacción tardía, pues no es hasta hace muy poco que se escucha hablar en los medios cubanos de sociedad civil, como por ejemplo, haciendo referencia a la intelectualidad artística reunida bajo la UNEAC. Era un término maldito, por haber sido adoptado con larga anterioridad para agrupaciones opositoras, y por tanto no reconocidas, agrupaciones que en cualquier país normal defienden su espacio sin merecer el escarnio del gobierno. Unas organizaciones no pueden de ninguna manera descartar a las otras, en esa exclusión hay implícito una especie de racismo político que resulta tan detestable como otras formas de exclusión.

Esto que acabo de decir, viene muy bien para comentar una iniciativa propuesta por el Observatorio Crítico, para las próximas elecciones, de votar con una D en la columna en blanco, iniciativa que ha recibido muchas críticas. No es una llamada a la insurrección para tomar el poder. Es una iniciativa ciudadana, una más de las muchas y muy variadas que tan necesarias son para el aprendizaje democrático. Es cierto que todas las D irán a la cuenta de las boletas anuladas, pero la presencia de los ciudadanos en el escrutinio de su colegio electoral (aún cuando no vote, si está en el listado de electores, es su derecho por ley), permite conocer los datos de la base. Mientras más ciudadanos tomen esa iniciativa, más interesante será la comparación de esos números con las cifras oficiales. El gobierno también podría publicar en un tabloide de esos que se imprimen para cualquier menester, el resultado de la votación en cada colegio del país, dividido en provincias y municipios, y hasta en circunscripciones, si quisiera ser puntilloso y acallar a los que opinan que el resultado se manipula.

Me pierdo en estos temas en los que pienso tanto y de los que sin embargo me resulta difícil escribir con la concisión que quisiera. Recuerdo a la bloguera Yoani Sánchez en una estación de policía sentada frente a un oficial que le advierte que ella está descalificada para el diálogo. Este funcionario a lo mejor desconoce que llevar un blog personal te hace responsable de ti y de tus opiniones; este funcionario a lo mejor interpretó como interés político el interés en la política. O a lo mejor no pensaba en nada y solo cumplía una orden.

Mi hijo se estrena este curso como estudiante universitario, y en la clase introductoria al Derecho Mercantil, el profesor enfatizó la necesidad de conocer las leyes, los deberes y derechos del ciudadano, y ante la pregunta de quiénes habían leído la Constitución, al menos hojeado, ninguno de los alumnos levantó la mano. La indefensión que supone tal desconocimiento es una alarma respecto al futuro, porque tengo la impresión de que estos jóvenes han sido sometidos a tanta politización que son inmunes a la política, y eso tampoco es bueno.

Estos dos momentos, en un primer vistazo pueden no parecerse, pero tienen que ver con el ejercicio de la ciudadanía como un derecho inmanente. Por lo pronto, le he dejado el pequeño folleto azul de la Constitución a mi hijo en su mesa de noche. No sé si el policía político que regañó a Yoani ya habrá aprendido que en un diálogo ciudadano los interlocutores son elegidos por sus representados. Y que para otorgar o negar derechos está la ley.

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