Maquillaje

Un día como hoy, hace veintidós años, la televisión cubana transmitió la llegada de los restos de cubanos muertos en guerras lejanas. Algunos, muchos años después de su muerte. De aquella impresión, nació Maquillaje, este cuento que puede leer pinchando en las pestañas superiores.

Categorías: Cultura | 6 comentarios

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6 pensamientos en “Maquillaje

  1. Leonel

    Tuve varios amigos que regresaron a Cuba en ataudes, luego del Voet Nam cubano. A Cuba hasta se le excluyo de las conversaciones de paz de Angola. A ellas fueron los verdaderos actores. Cuba puso solo la “carne de cañon”

  2. José Carlos Carmona Toledano

    Estimada Regina:

    Los recuerdos suelen
    contarte mentiras.
    Se amoldan al viento,
    amañan la historia;
    por aquí se encogen,
    por allá se estiran,
    se tiñen de gloria,
    se bañan en lodo,
    se endulzan, se amargan
    a nuestro acomodo,
    según nos convenga;
    porque antes que nada
    y a pesar de todo
    hay que sobrevivir.

    Recuerdos que volaron lejos
    o que los armarios encierran;
    cuando está por cambiar el tiempo,
    como las heridas de guerra,
    vuelven a dolernos de nuevo.

    Los recuerdos tienen
    un perfume frágil
    que les acompaña
    por toda la vida
    y tatuado a fuego
    llevan en la frente
    un día cualquiera,
    un nombre corriente
    con el que caminan
    con paso doliente,
    arriba y abajo,
    húmedas aceras
    canturreando siempre
    la misma canción.

    Y por más que tiempos felices
    saquen a pasear de la mano,
    los recuerdos suelen ser tristes
    hijos, como son, del pasado,
    de aquello que fue y ya no existe.

    Pero los recuerdos
    desnudos de adornos,
    limpios de nostalgias,
    cuando solo queda
    la memoria pura,
    el olor sin rostro,
    el color sin nombre,
    sin encarnadura,
    son el esqueleto
    sobre el que construimos
    todo lo que somos,
    aquello que fuimos
    y lo que quisimos
    y no pudo ser.

    Después, inflexible, el olvido
    irá carcomiendo la historia;
    y aquellos que nos han querido
    restaurarán nuestra memoria
    a su gusto y a su medida
    con recuerdos
    de sus vidas.

    Son palabras que J. M. Serrat pronuncia con música.

  3. José Carlos Carmona Toledano

    No me resultó fácil escapar del rapto de este maquillaje exhaustivamente posesivo, embriagador asfixiante, pseudo colonizador y -al fin y al cabo, por ser historia que resulta familiar- que me dejó inmóvil mientras las agujas que corretean por mi muñeca llegaban hasta su norte…
    Estoy seguro que hoy es la primera vez que leí esa disposición de palabras, ese agrupamiento para transmitir una idea, una sensación al lector, que es muy vieja a mi lado, que muchas manos escribieron, voces cantaron y cuerpos cálidos albergaron en sus entrañas. Las palabras, distribuidas docta y creativamente, resultan tan conocidas e íntimas que por sí solas obraron la magia de adoptar otras disposiciones, otros agrupamientos, como si de otros mensajes se tratasen…
    Pero ya no caben más espejismos en el deambular por el desierto de la existencia. Resultó que el ansiado oasis no merecía el empeño. Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio.

    Tomo prestadas palabras de admirados desconocidos:
    “Para que nada nos amarre/separe, que nada nos una” (P. Neruda).
    “Margarita: te voy a contar un cuento” (R. Darío).

    “Sin miramientos, sin pudor, sin lástima,
    Altas y sólidas murallas me han levantado en torno.
    Y ahora, heme aquí, quieto y desesperándome.
    No pienso en otra cosa: este destino me devora el alma;
    Porque yo muchas cosas tenía que hacer fuera.
    ¡Ay, cuando levantaban las murallas, cómo no me i cuenta!.
    Pero nunca oí el ruido de albañiles.
    Desde el mundo exterior -y yo sin percibirlo- me encerraron” (Cavafis).
    En donde vivo, tu nombre está lleno de presente, recuerdos,
    vivencias y creencias, asfalto y adoquines, muebles, ascensores y sueños.
    Por él puedo caminar, por sus aceras,
    huyendo del soleado infierno estival;
    ayer pude emocionarme, reir a boca desatada,
    compartir militancia caer en el estremecimiento,
    en su polidiversificada pantalla;
    e -incluso- alojarme temporalmente en él,
    junto al final de la Alameda de Hércules.

    Hay nombres que rebasan la polisemia localista y particular
    que cada cual tenemos. Son nombres crecidos
    porque nosotros así lo quisimos.
    De lo único que me arrepiento es de lo que no hice.
    No es penoso haber dado más de -quizás- lo debido.
    Lo contrario sería como negar las palabras de amor, la paz,
    la sonrisa de los niños, la fidelidad brutal de mi perro.
    Sé que me callo muchas cosas, no necesito escuchar nuevamente
    que “lo que no puede ser es, además, imposible”.

    Llevo 40 años viviendo en este lugar, paseando sus calles, evadiéndome en sus cines y alojando amigos en hoteles distintos a mi casa.

    Saludos cordiales.

  4. El Lapón Libre

    Cuba no puso la carne de cañón. Cuba puso el pellejo -del pueblo- ante el cañón. !Qué horror! Lo dice no que estuvo allí y vivió ese asco que fueron Angola y Etiopía.

  5. El Lapón Libre

    Perdón, debe decir: Lo dice uno que estuvo allí…

  6. sergito

    lapón libre, una pregunta, yo la verdad no he tenido que decidir si voy a una guerra o no, me gustaría saber qué se sentiste?, cómo llegaste a participar en una guerra y fuera de tu país?, no tenías miedo de que te mataran???, no sé, yo definitivamente no iría…, pero no entiendo como tanta gente, no lo digo sólo por el caso cuba, sino por los mismos americanos y demás países que ponen soldados en las guerras…, no sé cómo hay gente que se pone un casco, una mochila y se van a miles de km a matar y morir…., por más que intento buscar una razón que lo justifique…, no la encuentro…, por eso te pregunto esto, no es por nada malo ni con segundas…, de verdad…

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