Alzheimer

No se engañen por la brevedad de mis textos: yo hablo muchísimo. Y me sucede que en medio de un argumento, me quedo en blanco sin encontrar la palabra siguiente, sabiendo que está en mi disco duro, sabiendo cuál es, pero como en un cortocircuito entre el cerebro y la voz, no doy con ella. Vienen las similares, las parecidas, y tomo prestado un sinónimo. La exacta permanece inaccesible y familiar a la vez. Ni siquiera tiene que ser una palabra difícil o rara. En esos momentos me da por pensar en el Alzheimer –ningún viejo en mi familia ha padecido al alemán o a su prima hermana la demencia senil— pero siempre hay una primera vez.
Le tengo horror a esa neblina que me dejaría sin recuerdos, sin palabras, sin afectos; tengo horror de mí misma, beatífica y alelada, meciéndome en un sillón.
Escribo como exorcismo. Para conjurar el peligro, ¿O quizás estoy en el sillón mientras imagino que escribo unas palabras para espantar el Alzheimer?

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5 pensamientos en “Alzheimer

  1. rafael parra

    Regina, déjale a los demás que lidien con tu senilidad cualquiera que sea, de cualquier manera espero que llegues a muy vieja, clara y un poco mas despreocupada.

  2. El Lapón Libre.

    Cortico, pero contundente.

  3. Muy interesante:
    TRANSCRIPCION DE LA ENTREVISTA DE ALAN GROSS CON EL PROGRAMA ‘THE SITUATION ROOM” DE LA CNN

    BLITZER: Alan Gross nos está llamando desde Cuba. Alan, dígale a la audiencia del mundo y de Estados Unidos donde usted se encuentra ahora?

    GROSS: En el hospital militar Carlos J. Finlay [en La Habana] en una instalación de seguridad.

    BLITZER: Y díganos, ¿cómo se siente?

    GROSS: Básicamente, estoy un poco más delgado que dos años antes, he perdido unas 100 libras, yo trato de ejercitarme; mi cadera ha comenzado a darme algunos problemas, pero más allá de eso realmente no estoy en mala forma.

    BLITZER: ¿Ha perdido 100 libras? ¿Cúanto usted pesaba cuando fue hecho prisionero en Cuba y cuánto pesa ahora?

    GROSS: Yo pesaba 254 libras y ahora estoy en 158… esta mañana me pesé. Gané unas libras porque recibí un paquete de mi casa.

    BLITZER: Cuando dice que recibió un paquete de su casa, ¿qué traía el paquete?

    GROSS: Cosas familiares (sonríe).

    BLITZER: Asumo que era comida de su gusto. ¿Qué tiempo ha estado preso en Cuba?

    GROSS: Dos años y cinco meses.

    BLITZER: Recuérdenos, Alan, ¿por qué lo condenaron en Cuba, qué estaba haciendo usted en Cuba cuando todo esto comenzó?

    GROSS: He estado tratando de descifrarlo durante dos años y cinco meses. Yo estaba contratado por una compañía de Maryland para introducir equipo de alta tecnología y probar si funcionaban en Cuba. Al mismo tiempo yo decidí tratar de mejorar los sistemas de computación de la comunidad judía en Cuba. Podría haber sido a la comunidad bautista, o a la comunidad católica, pero debido a mi propia experiencia, yo pensé que podía ayudarlos a mejorar su sistema de redes internas. Entonces traje algunos equipos, pasé por seguridad, no los introduje de contrabando, los traje de manera abierta y honesta, y tuve la aprobación de autoridades en el aeropuerto [de La Habana], dos niveles de autoridades, la Seguridad y Aduanas, y entré los equipos y con la cooperación de la comunidad [judía] aquí trabajamos para mejorar su sistema de comunicación. Pero una noche, a las 10 p.m., justamente la noche antes de regresar a casa, cuatro tipos vinieron a mi hotel tocaron a la puerta [de mi habitación] y me arrestaron.

    BLITZER: ¿Y de qué lo acusaban?

    GROSS: Ellos me acusaban de contrabando. Pero eso era imposible, porque yo había obtenido los permisos [para entrar los equipos]. Pero ocho meses despúes ellos me formularon una acusación por atentar contra la independencia y la seguridad nacional, era risible. Si no estuviera en esta situación me estuviera riendo de eso.

    BLITZER: ¿Cuál fue la condena que recibió?

    GROSS: 15 años.

    BLITZER: Cuéntenos cómo es un día típico en una cárcel cubana.

    GROSS: Bueno, ya sabes, no estoy en una cárcel cubana típica, así que no puedo hablar de eso. Estoy en un edificio de seguridad un hospital que por lo general tiene a tres personas en una habitación. No se nos permite ver a ninguna gente, a excepción de los compañeros de celda. Ya sabes, con las barras, por supuesto, también en las puertas y las ventanas. En este momento, puedo salir afuera todos los días mientras haya luz del sol. Y eso ha sido un fenómeno reciente, porque yo realmente no vi ninguna luz solar durante el primer año y medio o algo así.

    Y la comida es llevada a la celda. Estamos autorizados a usar una cuchara con la que comer nuestros alimentos. La comida al principio no era muy buena, y es probablemente la razón por la que empecé a perder peso rápidamente en un primer momento. La comida estaba infestada de insectos. Y en realidad no había mucha variedad o calidad, en su mayoría eran carbohidratos. Y finalmente, después de la condena y después de que el Tribunal Supremo confirmó la condena, las cosas mejoraron en cuanto a mis comodidades materiales se refiere.

    Ya sabes, durante el primer año o algo así, yo no tenía nada que leer. No se me permitió escribir. No se me permitió tener papel ni lápiz, por supuesto tampoco visitantes no, excepto los del Consulado de EE.UU. y unas cuantas personas muy, muy buenas que llegaron desde Washington a visitarme.

    Además, el ex presidente Jimmy Carter vino y vino el presidente de la República Dominicana. Y fueron todas visitas muy agradables. Me gustaría que más congresistas y senadores vinieran para que pudieran conocer de primera mano cómo están las cosas aquí.

    Algunas visitas de clérigos han sido maravillosas. Y realmente me gustaría decir a todos las personas que están orando por mí -y lo he dicho- yo les agradezco mucho a aquellas personas que están pensando en mí. Realmente lo aprecio. Es realmente ayuda. Es bueno saber que no he sido olvidado y yo realmente quería expresar eso.

    BLITZER: Las autoridades cubanas sí han permitido que varias personalidades que han estado en Cuba lo visiten. Como usted mencionó, Jimmy Carter se reunió con usted, y algunos otros. Creo que el senador Patrick Leahy también. ¿Se reunió con usted cuando él estaba allí?

    GROSS: Sí, lo hizo. Y el senador Dick Durbin y el senador Chris Coons, de Delaware. Pero hubo otros dos otros senadores con el grupo a los que no le permitieron a reunirse conmigo. Y tengo entendido que el senador Chris Dodd llegó, el ex senador Chris Dodd, vino, y no se le permitió reunirse conmigo. Tengo entendido que el ex gobernador Bill Richardson vino tres veces y ellos no le permitieron reunirse conmigo.

    Supe que el presidente de El Salvador vino y no se le permitió reunirse conmigo. Usted sabe, ha habido muchos otros. A la representante Karen Bass y a la representante Barbara Law se les permitió reunirse conmigo, al igual que Donna Brazile. Y las visitas fueron muy agradables.

    Las visitas de varios clérigos han sido maravillosas. Y realmente me gustaría decir a todas las personas que están orando por mí -y se los he dicho- que yo se los agradezco mucho, a aquellas personas que están pensando en mí. Realmente lo aprecio. Es realmente de ayuda. Es bueno saber que no he sido olvidado y yo realmente quería expresar eso.

    BLITZER: Es alentador para mí, Alan, pero me pregunto lo que usted piensa de que incluso se le permite hacer estas llamadas telefónicas fuera de Estados Unidos, no sólo a mí, sino que hablan ustedes, supongo, a su familia, a sus abogados en Estados Unidos, de vez en cuando. Eso suena muy alentador y es ciertamente un paso en la dirección correcta.

    GROSS: Ha habido algunos avances positivos. Sin embargo, ha requerido una gran cantidad de peticiones. Yo fui informado sólo hace unos meses que podía llamar a quien quisiera una vez por semana. Eso no es más que un fenómeno reciente. Y ellos, el hecho de que permitan que esta llamada continúe, ya sabes, yo creo que es un signo muy positivo. Otro hecho positivo es que gobierno aquí está tratando de crear un ambiente positivo para los negocios, y está tratando de dar pasos para implementarlo. Ellos culpan a Estados Unidos por casi todo, cualquier problema que tiene Cuba, pero me opongo a eso porque el gobierno cubano es el responsable, no Estados Unidos.

    BLITZER: Usted está en un hospital cubano, un hospital militar o un hospital de la policía ahora. ¿Eso es porque usted está enfermo o simplemente por razones de seguridad?

    GROSS: Yo pienso que es principalmente por una situación de seguridad. Y no estoy seguro de cuál seguridad ellos tienen más preocupación. Sé que cuando me trasladaron a las instalaciones de la cárcel grande para una reunión con el Consulado de EEUU, viajamos en una caravana de cuatro vehículos con unos 15 tipos. A mi me recordó un espectáculo a lo Frank Sinatra, con celebridades. Ellos hicieron un gran espectáculo del traslado. Y ellos -ellos pusieron a estos tipos con chalecos antibalas, cascos y armas automáticas.

    Yo les pregunté por qué ponían a estos tipos con cascos y chalecos y me respondieron: “Por nuestra seguridad”. Pero, ¿a quién están protegiendo? “Nosotros lo estasmos protegiendo a usted”. Entonces, ¿dónde está mi chaleco antibalas y mi casco? Sin embargo, mucho de eso es un espectáculo. Y no estoy seguro para quién ellos montaron el espectáculo, ya sea para su propio pueblo o -ciertamente no es para mí.

    BLITZER: Sé que cuando el Papa Benedicto XVI estuvo en Cuba abordó el tema con las más altas autoridades y yo asumo que esta entrevista pudieran estar viéndola Raúl Castro o Fidel Castro, o tal vez reciban un informe después. Si usted pudiera hablar directamente con los máximos dirigentes en Cuba, ¿qué les diría?

    GROSS: Yo le diría que a Raúl Castro que creo que él está tratando de hacer algunas cosas muy valientes. Creo que él mismo ha estado en la televisión nacional ante la Asamblea Nacional. Y él le dijo que un problema importante en la economía aquí es la baja productividad. Y de eso no se puede culpar a Estados Unidos. No se puede culpar a Estados Unidos. Y creo que requirió mucho coraje decir eso.

    Y creo que, usted sabe, un millón y medio de personas más o menos están siendo expulsadas ​​de los trabajos del gobierno y tienen que encontrar empleo en alguna parte. Y creo que [Raúl Castro] es una persona muy pragmática, que reconoce la necesidad de crecimiento del sector privado y el desarrollo aquí. Y él ha dicho que espera que el crecimiento del sector compense a los nuevos desempleados. No sé cuál es la tasa de desempleo en Cuba. Pero si millón y medio son despedidos de sus puestos de trabajo y sólo hay 11 millones de personas en el país, eso dice aalgo sobre un nivel de desempleo muy alto. Así que yo diría, yo le diría al presidente Castro que creo que él es valiente y aplaudo su enfoque pragmático para comenzar a tratar de crear un ambiente de negocios más positivo. Y quiero decirle además que abogaría enérgicamente ante le gobierno de Estados Unidos respecto a repalntearse el embargo sobre el sector privado en Cuba. No puedo hablar del embargo de gobierno a gobierno, no estoy en posición para hablar de eso, pero ahora hay un énfasis en el desarrollo sector privado en Cuba y creo que Estados Unidos debe apoyarlo en todo lo que pueda, quitándose del medio.

    BLITZER: Y Alan, ¿cuál es su mensaje a los más altos funcionarios aquí en Washington, entre ellos el Presidente y la Secretaria de Estado?

    GROSS: Un enorme agradecimiento. Creo que el Presidente Obama y la secretaria [Hillary] Clinton realmente han hecho todo lo posible para obtener mi liberación. Creo que hay otras cosas que suceden en el mundo que también están presionando a sus programas de trabajo. Pero yo tengo que decir que en cuanto a la política de EE.UU. se refiere, creo que el presidente ha sido un verdadero líder. Y creo que él ha tomado algunas decisiones muy inteligentes y sabias con respecto a Cuba y en casi todo lo demás que he tenido la oportunidad de leer en el último par de años.

    BLITZER: Alguna perspectiva, algún progreso que usted pueda ver respecto a obtener su liberación?

    GROSS: Ninguno.

    BLITZER: ¿Tiene idea de lo que está pidiendo el gobierno cubano para intercambiarlo a usted?

    GROSS: Sí, pienso que esto es completamente irrealista. Como no soy un prisionero, soy un rehén, creo que me arrestaron con la idea de intercambiarme por los Cuatro [espías cubanos presos en EEUU] -y digo cuatro porque el quinto [René González] es un rehén del gobierno cubano ahora. Hay probablemente miles y miles de prisioneros políticos en Cuba en estos momentos. Así que si ellos quieren un canje podrían cambiar cin mil de eos prisioneros por los Cinco. Creo que sería un buen trato.

    BLITZER: Lo que usted está diciendo es que no necesariamente debe ser canjeado por estos Cinco, pero sí que el gobierno cubano debe intercambiar cinco mil prisioneros de sus cárceles por los Cinco. ¿Es así?

    GROSS: Yo diría que cinco mil uno.

    BLITZER: ¿Usted sería parte de ese acuerdo?

    GROSS: Sí. Quiero decir que mi gobierno ha tratato de buscar una salida humanitaria para mi caso. Nuestro gobierno ha hecho cosas específicas, pasos positivos, para mejorar sus relaciones con Cuba. Pero Cuba ni siquera ha respondido. Las remesas benefician a cuatro millones de cubanos. Los viajes no solo benefician a los cubanoamericanos en ejercicio de su derecho a la libertad de movimiento, sino que la reunión familiar implica un sustento, un respaldo económico para la gente que vive allí. Y esos viajes tiene también un impacto sobre la economía doméstica en Cuba. Pero son sobre todo importantes para las relaciones familiares.

    El Consulado de EEUU aquí [en La Habana] no tiene acceso a todos los prisioneros estadoundenses que están presos [en Cuba], pero los Cinco tienen acceso a los funcionarios cubanos, a la gente en Estados Unidos.

    Y, por último, por fin, ya sabe, a uno de los cinco [espías cubanos condenados en EEUU] se le permitió visitar a su hermano en Cuba, que sufre de cáncer. Usted sabe, tengo una madre de 90 años de edad, quien tiene cáncer de pulmón inoperable. Y ella no se está poniendo más joven. No está más saludable. Y mi abogado y yo hemos escrito en más de una ocasión al gobierno de Cuba, solicitando permiso para que yo la visite.

    Yo regresaría a Cuba. Usted sabe, usted me puede citar al respecto. Lo estoy diciendo en vivo. Volvería a Cuba si me dejan visitar a mi madre antes de que muera. Y no hemos recibido ninguna respuesta, ningún tipo de respuesta. A mi madre no se le permite viajar. Médicamente se le ordenó no viajar. Y el gobierno de Cuba lo sabe.

    Y sin embargo ellos [el gobierno cubano] ofrecieron enviar un avión a Miami para traerla aquí. Mi madre no vive en Miami. Mi madre vive en Texas. Y no se le permite viajar. Ellos hicieron la oferta sólo después de recibir la documentación del oncólogo de mi madre de que ella no está autorizada a viajar, y luego comenzaron a hacer esa oferta de volar con ella aquí. Eso es, eso es un disparate. Yo intento controlarme para no usar una palabra más fuerte.

    Pero el hecho de que Estados Unidos permitió que René González viajara aquí para ver a su hermano y que el gobierno de Cuba no haya correspondido ese gesto significa que en el tema de la reciprocidad hay mucha hipocresía.

    BLITZER: ¿Algo que quieras decir a tu mamá, tu esposa, tu familia, en este momento?

    GROSS: Bueno, yo hablo con mi familia cada semana. Usted sabe, yo trato de darles ánimo. Ellos tratan de darme ánimo a mí. Pero lo que quiero decir es que no tengo absolutamente nada contra el pueblo de Cuba. El pueblo de Cuba ha sido maravilloso. Es un pueblo creativo, amistoso, generoso. (…) Yo haría cualquier cosa a mi alcance por ayudar al pueblo de Cuba. Pero no tengo ningún poder en este momento. Tal vez si fuera liberado milagrosamente, pudiera trabajar en Estados Unidos tratando de mejorar el escenario de los negocios aquí.

    Yo no soy un gran fan del gobierno en estos momentos.

    BLITZER: Que puedo decirle…

    GROSS: Yo me siento como si yo fuera un rehén. Y quiero agregar algo rápido. El presidente de la República Dominicana me dijo hace dos años [en julio de 2010], cuando me visitó: Alan, espero que se dé cuenta de que esto no es acerca de usted. Y en ese momento, yo podía entenderlo. Podía intelectualizar, que no se trataba de mí, que era un esfuerzo por parte del gobierno cubano para para expresar su desprecio a los Estados Unidos -y tratar de llevar a cabo algún tipo de intercambio.

    Pero en este momento, se trata de mí, de mi familia y de mi madre. Y yo lo estoy tomando muy personal. Y que el gobierno cubano no muestre el respeto de responder oficialmente a una carta que fue presentada por mi abogado, quien trabaja para la misma empresa que representaba a Elián González, creo que es una vergüenza, es vergonzoso.

    BLITZER: ¿Cuando usted fue a Cuba, Alan, ¿sabía que esto era un negocio arriesgado?

    GROSS: Por supuesto que no. Usted sabe, ustedes saben, este es un lugar que trata de atraer a los turistas. Y mi comprensión era que si había algún problema con las cosas que traía aquí -que, dicho sea de paso, cualquier persona puede comprar en cualquier Best Buy o Radio Shack o en Amazon.com-, que si había algún problema en el aeropuerto, dejaba el equipo en el aeropuerto y lo llevaba de vuelta conmigo cuando me fuera.

    BLITZER: Y eso fue dos …

    GROSS: Ellos no pueden [inaudible] …

    BLITZER: … eso fue hace dos años y medio.

    GROSS: Yo nunca he tenido problemas en ningún lugar del mundo. He trabajado en todo el mundo. Nunca he estado en ningún problema. Ni siquiera puedo recordar la última vez que recibí una multa por exceso de velocidad. Y que esto me suceda a mí a esta edad es increíble. Es simplemente increíble.

    BLITZER: ¿Qué edad usted tiene, Alan?

    GROSS: Cumplí 63 el 2 de mayo.

    BLITZER: Feliz cumpleaños con retraso.

    GROSS: Gracias. Gracias. Y recomiendo el ejercicio, especialmente pull-ups. Son muy, muy buen ejercicio, Wolf.

    BLITZER: Bueno, al menos tienes un poco de sentido del humor, a pesar de todo lo que he pasado. Alan, vamos a permanecer en estrecho contacto. Buena suerte. Y, sabes, vamos a ver qué pasa.

    GROSS: Muchas gracias.

    BLITZER: Adiós.

    GROSS: Adiós.

  4. mepiamo

    Yo le puse a ese problema tuyo Omega 3, Organo neurocerebral y Bicomplex. Sin ellos, tendría un cuarto de mi memoria.

  5. Admirado por unos, rechazado por otros, sus crónicas desde la cotidianidad caribeña no dejan indiferente a nadie. Con Fernando Rasverg estuvimos una larga tarde-noche de tertulia y café en su casa de La Habana charlando en torno a cuestiones tan diversas como el periodismo en Cuba, la situación económica o el futuro político inmediato de la Revolución. Ravsberg habla claro y directo: “Aquí hay una burocracia corrupta a la que no le interesa el socialismo”.

    – Llevas veinte años en Cuba, Fernando, en tareas de periodista. Creo que tu primer trabajo fue con la radiotelevisión sueca
    – Sí, así es. Me enviaron porque entonces en todo el mundo se consideraba que la caída de Fidel Castro era inminente. Además, las expectativas de los medios de comunicación occidentales eran que ese cambio de gobierno iba a ser, sin duda, violento.

    Yo había vivido el final de Pinochet en Chile, había estado en Perú en los años de Sendero Luminoso, había trabajado en Centroamérica… Tenía una cierta experiencia y por eso me propusieron venir a la Isla. En cuanto llegué, pude ver enseguida que lo que aquí ocurría no tenía nada que ver con la visión que nosotros teníamos en Europa.

    Recuerdo bien una conversación que tuve con mi jefe en la que él me hablaba de la toma de las embajadas en La Habana. “Es verdad” –le dije–, “dentro de la embajada de España hay ahora mismo veinte personas en señal de protesta… Y a 50 metros está pasando el Carnaval en el que están participando como unos 300.000 cubanos bailando y tomando cerveza. ¿Cuál es la verdadera Cuba?” Yo, realmente, no veía síntomas de nada de lo que imaginábamos fuera. Entonces intentamos explicar qué es lo que estaba pasando realmente. Yo le decía a mi jefe que no conocíamos nada de este país, ni siquiera cuál es su religión. “Cómo que no” –me dijo–“son católicos”. “No” –le contesté–, “no son católicos”. “¿Vas a de cirme entonces que son ateos?” “No, tampoco” –le contesté–“son macumberos. Todos son macumberos”.

    Así, el primer reportaje que hicimos se tituló precisamente “Los dioses de Cuba” y hablamos de la santería en un momento en el que la cuestión era absolutamente tabú. Recuerdo que un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores me amenazó con expulsarme si yo mostraba la imagen de un chivo degollado en un sacrificio.

    Ten en cuenta que en aquellos días la santería era vista como una cosa vergonzosa… Ahí empezamos a tratar de dar una visión distinta de Cuba. Era aquel tiempo en el que corríamos de un lado para otro a la “caza y captura” de “alzamientos populares”, tanques en las calles, golpes de estado y todo eso.

    Así, cuando llegábamos a barrios habaneros como El Cotorro, porque nos habían dicho que se había alzado completamente, te encontrabas con gente comiendo un helado por la calle o haciendo cola para comprar en algún mercado…

    Nos costó mucho, la verdad, ir a contramarcha pero, a la larga, esa actitud te da credibilidad, que es a lo que, al fin y al cabo, todo periodista debe aspirar. Esa ha sido nuestra política informativa.

    Recuerdo que unos años atrás, por ejemplo, hice un reportaje sobre la oposición interna que me costó prácticamente que me acusaran en muchos sitios de “castrista”. Unos años después, Wikileaks reveló que el embajador norteamericano en La Habana recomendaba leer ese artículo para entender cuál es la verdadera realidad de esa oposición. Al final, las aguas se van acomodando y si dices la verdad o tratas de acercarte lo más posible a ella, las cosas toman su cauce.

    Esa era la idea pero realmente fueron años muy duros, incluso a nivel personal. En aquellos tiempos –años 90, Pe río do Especial– nadie escapaba a esas complicaciones. Pero bueno, aquí estamos”.

    – Nos gustaría conocer tu opinión respecto al periodismo que se hace en Cuba. ¿Se informa bien en la Revolución?
    – Yo creo que los cubanos se informan mal. Creo que los medios de comunicación cubanos informan mal. Eso tiene que ver especialmente con todo un sistema establecido en torno a los medios. En primer lugar, hay una sola línea editorial. Y en segundo lugar, quienes dirigen esa línea editorial están bastante lejos de los medios. Se sale siempre tarde y mal. Me acuerdo que hace ya un tiempo escribí una nota titulada “Los que mandan y los que saben”.

    En los medios hay un amplio colectivo de profesionales que tienen una enorme capacidad. Pero ellos no deciden. Eso no pasa únicamente en los espacios periodísticos: en el Ministerio de Relaciones Exteriores, por ejemplo, tienen gente muy capaz, con un verdadero conocimiento de lo que es el trabajo en y con la prensa, pero tampoco deciden.

    Así pues, el tema viene determinado por los que deciden: un grupo de personas muy reducido, que son fundamentalmente políticos, y que forman parte de lo que aquí en Cuba se denomina el Departamento Ideológico (antes conocido como el Departamento de Orientación Revolucionaria –DOR) y que son quienes marcan la línea general de información.

    En los años 90 tuve la oportunidad de asistir a una reunión en un medio de prensa, a la que no había sido invitado. Era el tiempo de los asaltos a las embajadas.

    Allí estaba uno de los jefes del DOR y un periodista le preguntó en un momento determinado: “¿Cómo es posible que nosotros, los periodistas que estamos con la Revolución, no informemos nada de lo que está sucediendo en las Embajadas y Radio Martí, mientras tanto, sea la fuente de in formación de la población cubana de la Isla? Deberíamos ser nosotros” –decía el periodista–.

    La respuesta del alto funcionario del DOR fue la siguiente: “Para un revolucionario no hay más verdad que la del Partido y la del Gobierno. Y mientras el Partido y el Gobierno no se expresen, esa verdad no existe”. Evidentemente eso no puede funcionar bien. Cuando te riges por esos criterios, con una línea editorial única, cuando los que deciden qué publicar están situados a kilómetros de la redacción, con un aparato totalmente burocratizado para la toma de decisiones… Fíjate ahora lo ocurrido con la muerte de Wilmar Villar en Santiago de Cuba.

    La noticia salió tres o cuatro días después… Y no se puede alegar que el hecho les pilló de sorpresa porque lo de este preso se veía venir… Otro ejemplo: el juicio y la absolución de Luis Posada Carriles en Texas. Tarda ron cuatro días en responder a ese hecho… Esa es la cuestión: hay un sistema organizado de tal manera que no permite que funcione. Esto está haciendo aguas por todas partes.

    Que tú tengas 33 muertos de hambre y frío en un Hospital Psiquiátrico y ningún medio de prensa cubano envíe a un periodista para investigar el hecho, es todo un síntoma.1 No me refiero a hablar a favor o en contra. Simplemente a investigar qué fue lo que pasó.

    – ¿Y las nuevas generaciones de profesionales? ¿Los jóvenes periodistas también están sujetos a este particular “control mediático”?
    – Yo he hablado mucho con jóvenes periodistas a lo largo de estos años. Me han invitado en diversas ocasiones pero siempre en un particular “clima de clandestinidad”. Tuve una conferencia en la Facultad de La Habana, dentro de las aulas, que después me enteré que era “clandestina”. Y tuve otra, a la que me invitaron, en la Universidad de Villa Clara. Negaron todos los locales y cuando me llamaron por teléfono para comentármelo, les propuse llevar el debate al Parque de la ciudad, sentándonos todos en el suelo. A las pocas horas ya había aparecido un local…

    El problema es que existe un temor en la gente a eso que podíamos llamar “pasarse al otro lado”. O bien que les consideren que se han pasado “al otro lado”. No podemos olvidar que aquí hay un grupo muy importan te de personas con mucho que agradecer.

    La gente más joven tiene a su mamá que le dice: “No te olvides de dónde yo vengo” o a la abuelita que le dice: “No sabes lo que esto era antes”… Los muchachos por su parte piensan: “Mira, qué gano yo escribiendo una noticia si luego el director no me la va a publicar”. Porque, ¿quiénes son los directores? Los que mandan, pero no saben nada de periodismo.

    Y abundan los casos. Casi siempre, cuando vas a un medio, es el segundo en el organigrama es el que verdadera mente sabe. El primero es la persona “de confianza”. Todo eso hace que todavía sea más inoperante el proceso. Entonces, es natural que un joven se pregunte: “¿Qué gano yo con escribir o elaborar notas que después no se publican o no salen al aire?”

    Mi consejo personal es que aprovechen los medios digitales. Prácticamente todos los periodistas cubanos tienen la posibilidad de tener un blog. Por eso podríamos decir que hoy en día lo mejor que se está escribiendo en el periodismo cubano está en los blogs. Es una tendencia mundial y, en mi opinión, aquí y ahora es el medio más adecuado.

    – Algo parecido está ocurriendo también en los últimos años en el mundo cinematográfico y audiovisual. Ahí está, por ejemplo, la labor que vienen desarrollando los jóvenes realizadores…
    – Sí, es cierto, pero ese fenómeno no es nuevo. El cine en Cuba siempre ha venido a cubrir el papel que la prensa no ha podido desarrollar. Yo me acuerdo que cuando llegué hice un trabajo sobre la censura y entrevisté al gran documentalista Santiago Álvarez, que vino a decirme que tanto en el capitalismo como en el socialismo el oficio de periodismo no es tarea fácil. No sé las razones últimas por las que el cine ha tenido más espacios de libertad. Fíjate que el ICAIC nunca cayó en manos del Departamento Ideológico.

    Fue lo único que se les escapó. Quizá porque Fidel lo protegió… Cada vez que el Departamento Ideológico intentó hacerse con el control, el propio Fi del lo paró.
    Yo creo que el gran drama de este país es el Departamento Ideológico. Si yo fuera el jefe de la CIA trataría de que se mantuviera como fuera. Es, sin duda, el mayor éxito de Estados Unidos en lo relativo a la in formación.

    Son torpes, lentos, ineficientes, están siempre a la defensiva… Lees por ejemplo el editorial del Granma aparecido el 23 de ene ro en el que se trata de “responder” a las acusaciones vertidas contra Cuba en torno a la muerte del preso Wilmar Villar en la cárcel de Santiago y te das cuenta de lo que estamos hablando2. Lo que se dice ahí es algo así como “tú que hablas, si tú también violas los derechos humanos”, es decir, se trata prácticamente de un reconocimiento pero además con malos argumentos, mal elaborado. Es cierto que todos los me dios en el mundo tienen un control. No nos vamos a “pinchar la manguera entre bomberos”. Pero esto es lo que te digo: aquí es muy estricto, un solo control y lejos, además, de la realidad de la Cuba de hoy.

    – ¿Y quién está detrás en este momento del Departamento Ideológico? ¿Fidel, Raúl?
    – No, no, el Partido. Ellos funcionan como un grupo aparte.
    Mira, te voy a contar una anécdota: yo tuve una reunión con Fidel a la que asistí junto a otros catorce periodistas. Fue una cena en la que íbamos a hablar de problemas del trabajo, etc.

    En medio de la conversación, él dijo: “¿Pero ustedes por qué no tienen una Asociación de Periodistas?” “Porque no nos dejan” respondimos. “Pero deberían” –prosiguió–. “No se preocupe, Comandante, que eso se arregla rápido”, dijimos. Al día siguiente fuimos convocados al Ministerio de Relaciones Exteriores. Allí nos hablaron clarito: “Cuidado con lo que van a hacer”. “Pero si el Comandante ayer nos animó a poner en marcha una asociación”, señalamos. “El que lo haga” –terminaron–“que se atenga a las consecuencias, haya dicho lo que haya dicho el Comandante…” Nosotros nos quedamos así, pensando en que las palabras de Fidel habían sido claras al respecto. Y nuestros medios nos dijeron que ni un ápice de movimiento.

    En aquellos momentos todo el mundo especulaba con la muerte de Fidel y nadie quería perder la plaza… Lo que tequie ro decir es que se trata realmente de un ente aparte, que funciona con muchos intereses y mucho apoyo dentro del poder porque, en definitiva, ese es el ente que protege a los poderosos. Y, sobre todo, el que protege a los poderosos corruptos. Ten en cuenta que una prensa activa más que un peligro de política opositora se convierte en un peligro de transparencia.

    Tú puedes generar un caos como el que se vivió en la Unión Soviética en los primeros momentos del derrumbe. O, por el contrario, puedes favorecer una apertura ordenada, civilizada, inteligente… Yo creo que hay gente preparada, gente muy capaz… El mismo Raúl Castro ha animado continuamente a los periodistas a realizar esa labor, pero la máquina del poder es la que es. Ese es el gran tema. Y no sólo en el ámbito de la prensa.

    Aquí hay una burocracia corrupta a la que no le interesa el socialismo de Raúl. Sí cualquier sistema que les permita tener ganancias.

    -¿Quieres decir que vivían mejor en el “socialismo de Fidel”?
    – Claro, ellos con Fidel vivían muy bien porque él era siempre muy suave en las respuestas, muy cuidadoso… Y eso ha cambiado ahora. Primero, se está intentado construir una economía más eficiente. Cuando tú haces una economía más eficiente es difícil robar. Si tú tienes dos tasas de cambio, dos monedas, dos contabilidades… Ahí lo que puedes es robar a dos manos. Ahora, tú haz una sola moneda o encamínate hacia ella y se acabó el robo. Por ejemplo, en el gobierno anterior (el cubano se enoja mucho cuando hablo del “gobierno anterior”) la persecución era contra el tipo que vendía el helado en la calle. Ahora no. Hace poco le cayeron encima a un amigo mío que vende helados y le dijeron: “Tú vendes bocadillos de helado”. “No, yo no…”. “Sí mira, esos que tienes ahí. Pero no te preocupes, que tú no nos interesas. Nos interesa el que te trae el helado”. “Pero no, porque son amigos míos”. “Tú tranquilo, tampoco nos interesan ellos, no les va a pasar nada.

    Queremos al jefe de la heladería que lo saca”. ¿Qué pasa? Cuando tú metes preso al jefe de la heladería, paralizaste la red. Y además, ocupas una sola celda. De la otra manera ocupas cien celdas y encima las llenas de infelices porque ellos realmente se buscan la vida mientras los grandes se te escapan y montan una nueva red. Eso es lo que se está rompiendo ahora. Cuando Raúl Castro dijo: “ningún cubano está por encima de la ley” y a las pocos días caen presos el hijo de fulanito y el hijo de menganito… La cadena es larga y dicen ahora, jocosamente, que están abriendo una escuela en el campo para todos estos “hijos de”… De todas formas, aquí hay una cosa buena a pesar de todo el nepotismo que se dice afuera y todo eso. Salvo Fidel y Raúl que han sobrevivido biológicamente mientras buena parte de su generación va desapareciendo (con una historia parecida: un compromiso histórico, etc.) la mayor parte de la nueva dirigencia joven del país no son hijos de ningún cargo político (con una excepción: Rodrigo Malmierca, actual ministro de Comercio Exterior e hijo de un canciller). Tampoco lo eran, por cierto, Robaina, Lage o Pérez Roque… Los “hijos de papá” se volcaron hacia las empresas extranjeras cuando se dio la apertura.

    – ¿Qué pasa? Lo que ya “papá” no les podía dar, se lo facilitaba la empresa extranjera. Pero a costa de “robar a dos manos”.
    – Por ejemplo, el hijo de Almeida, Juan, al que yo entrevisté aquí. Él me dijo: “Si quieres yo te hago la entrevista pero vamos a hablar claro”. Y él me contó que traficaba con obras de arte, con tabacos, que sacó gen te del país pero no les cobraba nada… Claro, cobres o no cobres, el tráfico ilegal de personas está prohibido en Cuba, en México o en Estados Unidos, que era el destino final. Esa es la “actividad” de estos muchachos, que muchos de ellos ahora están presos… En estas semanas se están pasando entre los militantes del Partido unos vídeos que reflejan todo esto. Sale un hombre diciendo: “A mí no me va a pasar nada porque yo soy socio de fulanito, hijo de…” Y ese “fulanito” y el “hijo de…” están actualmente presos. Las cosas han cambiado en ese aspecto. Y así están las cosas ahora. Cuando comenzamos a hablar de esto, del poder de la burocracia, algunos dirigentes cubanos se reían. “Tú estás loco” me decían, “nadie tiene fuerza aquí para enfrentarse a ese poder porque controla todo el aparato económico…

    “ Habían llegado incluso, escúchame bien, a crear empresas clandestinas de aviación y empresas clandestinas de níquel, que exportaban níquel por su cuenta. Llegaban barcos, los cargaban de níquel y se iban. Todo el abastecimiento de habanos del Caribe…

    Imagínate el poder que tiene esa gente. Y el poder corruptor. Yo calculo que el tema de la aviación debe haberles reportado una cantidad cercana a los 100 millones de dólares. Y te aseguro que 100 millones en Cuba es mucho dinero. También te digo que hay mucha gente que no, que no hay dinero para comprarla, ni aquí ni en el mundo en general.

    Y esa burocracia, la que está tratando de frenar el proceso de reformas, es a su vez la que por supuesto es tá tratando de frenar a la prensa.

    Porque imagínate una prensa desenmascarando ésto… Por ejemplo, el tema del cable telefónico que viene desde Venezuela…

    – De ese tema hablaste en una de tus crónicas hace ya unos meses señalando que el retraso no se debía a cuestiones técnicas sino a un caso de alta corrupción…
    – ¿Y tú has visto que alguien haya desmentido esa información? Primero nadie me desmintió; segundo, nadie me citó en la cancillería para decirme que eso no era cierto. Y, tercero, que el cable no funciona muchos meses después. ¿Qué pasó?

    ¿Qué cosa ha sucedido? Imagínate tú una prensa cubana investigando qué pasó con el cable. El problema es que les hacen creer que investigar es “contrarrevolucionario”. Pero, si yo fuera revolucionario, pensaría que informar, investigar, contrastar, es lo más revolucionario que puedo hacer”.

    -En este último tiempo ha habido intentos por parte del Gobierno de buscar nuevos mecanismos de retroalimentación en el ámbito periodístico. Uno de ellos es, por ejemplo, la nueva edición amplia da del Granma de los viernes, desde marzo de 2008, dan do un espacio directo para la crítica y los comentarios de los lectores…
    – A mí me parece bien, claro, pero considero que es un proceso muy filtrado. Van soltando los comentarios y las opiniones en función de que ellos saben que el Gobierno va a mover ficha en un sentido o en otro. Si saben que el gobierno va a entregar las barberías empiezan con eso… Y créeme que la gente no es tonta, no es un proceso transparente. El intento más importante que ha habido en este sentido es el de “Acuse de recibo” en el diario Juventud Rebelde. Pero a su coordinador, José Alejandro, le cortaron las alas rapidito. Dedícate al tipo que denuncia los problemas con la basura, con el bache en la esquina… Y no profundices más. Mientras la estructura sea la misma y los que dirigen sean los mismos, no puede haber ningún tipo de cambio.

    – ¿Y un programa como “Hablando claro” en Radio Rebelde?
    – Me parece muy formal. “Ahora vamos a hablar de un tema que es realmente fuerte. No importa porque la verdad hay que decirla. En la esquina de 23 y G hay un bache…” Es la forma, la escenificación vacía. No se tocan los problemas medulares. Estás viviendo un cambio de orientación económica gigantesco, donde estás pasando la mayoría de la mano de obra al sector no estatal, donde estás entregando la mayor par te de las tierras a pequeños campesinos…

    Es prácticamente una revolución dentro de la Revolución. Y los medios de comunicación hablando del bache…

    – ¿Y la revista Temas?
    – Está muy bien pero es una cosa local, con escasa incidencia. Yo recuerdo que estuve en uno de los Últimos Jueves que organiza la revista una vez mensualmente con un debate público y abierto. Era una discusión en torno a cuestiones económicas y
    estaba presente el último ministro de economía con Fidel que defendió honestamente su modelo. Lo machacaron. Publiqué eso e inmediatamente le llegó a Temas la prohibición de grabar o mencionar nada de lo que hubiera en esos espacios. Y yo saqué una nueva nota comentando la prohibición. En fin…

    Hoy en día lo mejor que se está escribiendo en el periodismo cubano está en los blogs.
    Además, es un espacio demasiado intelectual para el pueblo.

    -Te refieres a la creación de un “estado de opinión” entre las élites.
    – Exacto. Por ejemplo, mucho más cercana es la revista católica Espacio Laical. Es intelectual pero más cercana a la gente por lo que cuenta y cómo lo cuenta.

    Es, además, más plural (aparecen firmas de intelectuales revolucionarios, etc.). Temas no se lee, tienes que sentarte a estudiarla… Sin olvidar que tiene una tirada muy limitada.

    -¿Y la televisión?
    – Todos los medios están controlados políticamente por el Partido. O por el DOR, para ser más exactos. Ahora, depende de quién y de dónde. Por ejemplo, hablemos de Lázaro Expósito, secretario del Partido en Santiago de Cuba. Todo un personaje y, además, sumamente eficiente.

    Tanto es así que un grupo de jóvenes ha sacado una página en facebook que se llama “Clonemos a Expósito” y tiene como 400 seguidores… Este hombre llama a la televisión local de Santiago a las 4 de la mañana para filmar un encuentro en la sede del Partido. Y le dice al cámara: “Tú empieza a filmar y no cortes, veas lo que veas y digamos lo que digamos”. Así, llegan a una panadería y aquello es verdaderamente lamentable: las ratas caminando por todos los lados, las cucarachas, los kilos y kilos de masa llena de hongos, un panadero dormido descalzo encima de la mesa donde se amasa… Y las cámaras filmando.

    Y Expósito: “Esto no son los hombres, aquí lo que falla el sistema…” La filmación apareció tal cual en la programación regular de la televisión de Santiago. En el resto de Cuba circuló clandestinamente, como si fuera un vídeo de Miami. Quiero decirte que hay un ambiente, hay espacios, que no se reflejan para nada. El Partido controla. El DOR, para ser más precisos. Si el DOR, como en el caso de Santiago, dice “arriba”, la televisión se abre. Si dice “no va”, la cosa no va. Y eso es lo que dijo el Partido (el DOR) en las otras trece provincias, por lo que mientras en Santiago se emitía por la televisión, en el resto del país funcionó clandestinamente.

    Todo depende de eso. Es el caso del documental “Fuera de liga” que, prohibido en un primer momento, luego fue emitido (3)… La apertura en los medios de comunicación cubanos es muy lenta.. Y si Raúl Castro no cambia a las personas que dirigen la prensa desde el Partido… Es lo que me decía un viejo periodista: “A mí no me tienen que decir lo que tengo que escribir. Yo soy militante del Partido. Si yo no sé lo que tengo que escribir que me quiten el carnet”. El tema central es ese: en Estados Unidos tú no tienes que decirle a un periodista lo que tiene que escribir… Tiene que romperse ese sistema creado.

    No se deciden, le tienen ganas, pero no se deciden, Raúl Castro no se decide. Yo creo que de-ben temer un movimiento pendular, un bandazo, pero la cuestión es que no les queda más remedio. Lo mismo ocurre con la corrupción. No la van a resolver ni con medidas legales, como empezaron, ni con el aparato del Partido. Deben integrar a la población (que les odia, por cierto, porque cuando un ciudadano roba una latica de pintura lo ponen como un zapato, le putean todo lo que pueden y después ellos
    tienen cuentas en el extranjero) y, en el ámbito del que estamos hablando, deben integrar a los núcleos de periodistas. La libertad de prensa, para mí, tiene dos patas: una es que los periodistas puedan escribir libremente sobre todo lo que ocurre. Y al decir “libremente” me refiero a que mientras sea verdad, no haya cortapisas, (y eso no sólo ocurre aquí). Y la segunda pata, es que la gente pueda defenderse de lo que esos medios expresan.

    – ¿Cómo consideras la labor de los corresponsales extranjeros en Cuba?
    – Es una generalidad demasiado abierta. Aquí hay periodistas de medios tan diversos como la línea editorial que podía tener El País o la que tiene L´Unitá, el periódico comunista italiano.
    No se puede hablar de un bloque. Ten en cuenta también que hay personas y personas, periodistas con más profesión que otros… Gente que accede incluso a que le cambien las notas que él escribió, a que le digan lo que hay que escribir desde la redacción central…Realmente aquí estamos para cosas distintas. En el caso nuestro, el de la BBC, te puedo decir que el hecho de ser un medio público nos permite tener una cierta libertad editorial que otros medios no tienen. Nuestra aportación no es sólo dar noticias, sino contextualizar y profundizar en los temas. Te pongo un ejemplo: semanas atrás estaba escribiendo una nota sobre Villas, el preso muerto en Santiago de Cuba. El Gobierno señala que es un preso común pero, a la vez, te dice que no hay presos políticos, con lo cual no hay otros espacios posibles para la diferenciación.

    Mientras tanto, la disidencia te dice que se trata de un disidente de larga trayectoria pero todas las referencias en este sentido ubican su posible militancia a finales del año pasado. Y después tú dices: “Voy a hablar con la familia, con la madre…” pero alguien me señala: “No, no, con la madre no hables porque está ligada al Ministerio del Interior…” Es realmente muy complicado. Al final, tú te quedas sin saber quién te está mintiendo y quién te dice la verdad. Y no es la primera vez que me pasa… Recuerdo que en un Congreso que tuvo lugar en 2009 en Santander, España, yo pedí en voz alta que
    debíamos tener un sólo rasero cuando hablábamos de derechos humanos.

    No puede ser que Cuba sea una “dictadura” y Arabia Saudí una “democracia monárquica”. Díganme ustedes, pregunté a los asistentes, cuándo se han producido las últimas condenas a muerte en Cuba. “En el 2003”, me dijeron muchos de los presentes “Perfecto, han pasado seis años. ¿Cuántos condenados a muerte ha habido en este período, o en el último año, en China, en Pakistán, en Arabia Saudí o en Estados Unidos? ¿No les parece curioso que se acuerden perfectamente de lo que pasó hace seis años en Cuba y no supieran lo que está pasando en el resto del mundo?

    Ahí es cuando se puso en pie un periodista de El País, Miguel Ángel Bastenier, para decirme en voz alta: “A mí me importa más la vida de un cubano que la de cien negros”. Ahí se acabó el debate porque yo en términos racistas no entro. Pero es que, además de todo, si el negro fuera el presidente Obama diría otra cosa… El contexto, como te digo, es fundamental. Tú puedes decir: “Yo no estoy de acuerdo con que haya periodistas presos piensen lo que piensen y escriban lo que escriban”. Pero no puedes olvidar la contextualización de lo que está pasando en la Región. Yo no puedo ubicar a Cuba en me dio de Europa o en Escandinavia. Cuan do la contextualizo, tengo 90 muertos en Colombia, colegas de profesión. Tengo de cenas de colegas muertos en México y en Honduras…

    No puedes decir, en ningún caso, que la peor situación de la prensa se vive en Cuba, por favor. Es verdad que no es buena y que yo no estoy de acuer do con muchas cosas, Pero en absoluto es la peor. Nosotros mismos, los periodistas extranjeros.

    ¿Qué es lo más que nos puede pasar? Que nos expulsen del país. Hace poco me llegaba un libro de una periodista española en el que contaba que cada vez que la llamaban al Centro de Prensa Internacional (CPI) ella iba llorando y que la noche anterior no podía dormir. Y la verdad, no sé por qué. A mí me han llamado un montón de veces, hemos discutido un montón de cosas pero jamás nadie me ha maltratado, nadie me ha alzado la voz… A Mauricio Vicent (el ex corresponsal de El País) se le facilitaron todas las cosas para que se fuera: las cuestiones legales, puede regresar cuando quiera, tiene su casa aquí, pudo vender sus autos… Para mí, realmente, es una plaza muy segura.

    ¿Para qué estamos aquí en definitiva? En mi caso, estoy tratando de informar y hablar de lo que es Cuba más allá de la noticia puntual. Esa es la idea. Junto a esa cuestión, no podemos olvidar que aquí hay toda una experiencia que no ha sido reflejada. Yo estoy corriendo detrás de alguno de esos hombres y mujeres que han estado desde mediados del siglo XX metidos en toda esta historia para que me den una entrevista a fondo. Aquí hay que hablar del PSP, el Partido Socialista Popular, que es la base de todo esto. Hay que hablar de las presiones soviéticas, de un montón de cosas de las que no se ha hablado y cuyos protagonistas se van muriendo sin que eso vaya a ninguna parte”.

    – Semanas atrás se celebraba la Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba. En la clausura Raúl Castro anunciaba que la Revolución continuará con un solo partido reclamando una sociedad más democrática y con una prensa profesionalmente más preparada…
    – Yo creo que no ha habido sorpresas y estamos también ante un proceso de adecuación a los nuevos tiempos. Se trata, en definitiva, de no cambiar las herramientas sino de mejorar su eficiencia y, en mi opinión, la reforma económica en su conjunto sale fortalecida al dificultar en el futuro la labor de los sectores ”obstruccionistas”.

    De todos modos no ha quedado claro cuál será la fórmula para avanzar en esa dirección: si el PCC establecerá nuevos mecanismos para relacionarse con la sociedad civil o si va a relajar el férreo control que ejerce sobre todos los medios de prensa nacionales, por ejemplo. Por otra parte, todo apunta a que se está potenciando el papel de los cuadros provinciales, personas de 50-60 años… Hay un tópico en torno al poder de los militares. Mucha gente dice que en el Buró la mayor parte de los integrantes proviene de las FAR.

    Pero no es cierto. Hay una camada que está ahí porque son guerrilleros, quiero decir, guerrilleros del frente de Raúl. Son sus hombres de confianza desde que estaban en Sierra Maestra. Ahora bien, cuando tú vas a analizar el Comité Central y excluyes a esos hombres, ves que los militares no representan más del 14%. La mayor parte de los integrantes de ese Comité son gente de las provincias. Y la mayor parte de los que están ahí son personas no profesionales del Partido, ni de la política. Han puesto muchos cuadros técnicos ligados a la producción: ingenieros, arquitectos, agrónomos, etc.

    -Pero son muchas las voces que señalan que el peso de los militares en el proceso actual es una evidencia.
    – No, yo no lo creo. A corto plazo es verdad. Los cuadros vienen del Partido y de las Fuerzas Armadas. Tú no puedes tener unas fuerzas armadas que sean eficientes (y las cubanas en África demostraron que sí lo eran) siendo un ejército con jefes a los que se les dice siempre: “sí, señor”. Tienes que tener un ejército con iniciativa, con capacidad de discrepancia. De esas dos fuentes es de donde saca Raúl sus cuadros…

    Ahora bien, los que están en el Buró no son militares, son guerrilleros. Los que están en el Comité Central sí son militares. Así pues, lo importante en este caso no son los viejecitos que están garantizando la transición porque es un cargo para cuatro o cinco años, cuestión biológica. El tema no está ahí. El tema está en ese Comité Central constituido por personas de 50-60 años y que, además, van a dirigir el país en los próximas décadas.

    -Cambiando de tema, Fernando, hay un rumor muy extendido que sitúa cambios importantes en el ámbito migratorio en los próximos meses.
    – Ellos tienen una verdadera obsesión por la unidad. Ten en cuenta que esa idea tiene sus razones históricas: siempre les quebraron por pelearse entre ellos. Fidel la tenía todavía más, pero Raúl mantiene esa misma actitud. La política es avanzar con todos, llevar a todo el mundo… De hecho lo que Raúl hizo fue incorporar al Gobierno a muchos de los cuadros opuestos en un primer momento a las reformas. Los que han sido capaces de llevar adelante esas tareas siguen en el Gobierno y los que no, han sido apartados. Y estamos hablando de cuadros de primer nivel.

    El tema migratorio es un tema muy difícil que levanta muchas polémicas. No olvides que aquí hay organismos que viven de este tema y sacan sus recursos (no pequeños) de la cuestión de la migración… Hay visiones distintas. Una, por ejemplo, no propone nada para que todo siga como hasta ahora. Hay otra, en cambio, que dice: liberalicemos, que vamos a ganar más incluso económicamente mientras que políticamente dejamos de pelearnos con una migración a la cual no hay que enfrentarse.

    Económicamente, al no pelearnos, vamos a ganar más porque no olvidemos que en este momento las remesas familiares en Cuba representan la tercera parte de lo que son en El Salvador cuando la población salvadoreña en Estados Unidos es la tercera parte de la de Cuba.

    ¿Por qué? Porque el cubano manda para ayudar a su mamá mientras que el salvadoreño manda para ayudar a su mamá, para construirse una casa y para montar un negocio con el cual pueda regresar a su país. De esta forma, el grueso del dinero del salvadoreño va para allá, mientras que el grueso del dinero del cubano se queda en Estados Unidos.

    A lo mejor el gobierno de la Isla pierde cien millones de dólares en trámites migratorios. Pero si gana dos mil millones con las remesas familiares, ya me dirás dónde está la duda. Es cierto que el Gobierno cubano tiene que tener como prioridad la seguridad, un control de fronteras como el establecido por Estados Unidos desde el 11-S. Pero hay cuestiones como la ”carta de invitación” que tú me explicarás para qué sirve. Para sacar dinero, claro. Pero ese dinero no cambia el país.

    Es vital para el organismo que lo controla pero no para Cuba. Hay otro debate, otro problema fundamental: qué hacer con los profesionales. Hay voces que proponen que los médicos, sobre todo, trabajen diez años en el país y después, cuando lo decidan, puedan irse. Pero claro, un médico, una médica,bajo esa realidad, se podría ir así a los 35 años, el momento de madurez profesional y de mejor estado físico…

    La idea más desarrollada actualmente es la siguiente: posibilitar que todos los cubanos tengan lo que llamarían un “pasaporte habilitado”

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