Breve inventario de miedos personales

Como en casi todos, de niña la oscuridad era un problema. Me encantaba jugar a los escondidos, subirme en las matas, pero cuando anochecía, las sobras se tornaban oculto peligro, hombres del saco que venían a llevarme, y corría hacia la seguridad de los mayores y de la luz.
Otro de los miedos importantes de la época era enfermarme en vacaciones. Con un padecimiento crónico de la garganta, una amigdalitis atravesada me dejaría sin el baño de playa; y tenía razones para temer de los catarros a mi alrededor o de cierto ardorcillo al tragar, o de un ventilador demasiado fuerte durante la noche.
Aquellos miedos cedieron lugar a otros, banales o importantes, pero no por eso menores: el miedo a suspender un examen, a perder un novio, a engordar, a no parecer demasiado combativa en época de definiciones ideológicas dado mi lastre pequeño burgués.
Total, hace años que los baños de playa perdieron encanto para mí, por culpa del sol que nos persigue a todas partes en esta islita caribeña; ya tuve todos los novios que iba a tener, examiné cuanto tema iba a examinar y terminé engordando. Lo de la burguesía que me persiguió como un espectro en mi juventud, no compite con los que mantienen un discurso de barricada, pero viven en las antiguas casas y según los modos de la burguesía derrocada.
Sigo siendo miedosa, solo que los miedos cambiaron. Tuve un ataque de pánico en vez de un parto el día que me hicieron la cesárea para sacar a mi hijo. Recuerdo que para homenajear a Orlando Zapata me vestí de blanco en el anivfersario de su muerte y anduve con un gladiolo en la mano. Un auto que se detuvo a preguntarme una dirección por poco me produce un infarto. El pasado diez de diciembre fue otra buena ocasión para ejercitar el miedo.
Muy recientemente, feliz al regreso de un seminario sobre periodismo ciudadano y redes sociales en Lima, Perú, fui llevada al “cuartico” por los funcionarios de la Aduana. No había sobrepeso, nada fuera de lo estipulado por la ley, pero hicieron una revisión pormenorizada de mi equipaje, y retuvieron para la “inspección aduanal” SCAN0000 una laptop con su cargador y su mouse, una videocámara con dos trípodes y cuatro memorias, dos discos externos, todo nuevo en su estuche original, además de mí cámara fotográfica, mi tableta, una memoria usb y mi teléfono, este último, tan llevado por olvido, que ni cargador tenía; artículos que a la salida de Cuba no era necesario declarar por ser de uso personal.
Los otros artículos de la sospecha fueron cuatro libros escritos por mi marido, que también salieron conmigo, un libro sobre redes sociales que me regalaron y la carpeta con el currículo de los conferencistas y mis notas manuscritas del curso.
Les hablaba del miedo. Todos esos artículos de valor muchas veces salen del equilibrismo de ahorrar dinero, como no sentir una punzada en el estómago al verlos desaparecer en un saco, que por muchos sellos que tenga, puede ser canibaleado. A esa hora me vinieron a la mente los casos de robo en la aduana. Pero no fue ese el miedo mayor. Con las manos cruzadas sobre las piernas para no denotar el nerviosismo, vi como impunemente se quedaron con una parte de mi intimidad. Lo poco que hablé fue para dejar clara la arbitrariedad de la que era objeto. No gasté energías, pues aquellos funcionarios daban la cara por otros funcionarios; los de la policía política que ordenaron la medida.
Entonces se produce un miedo raro, porque no pensé en abandonar mi postura crítica y abierta frente al gobierno. El miedo, que produce cantidades saludables de adrenalina, me confirma lo nefasto de un régimen que, lejos de servir, se permite pasar sobre el ciudadano, sobre el soberano.
Es hora ya de recuperar esa soberanía.

Categorías: Sociedad | Etiquetas: , , , , , , | 6 comentarios

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6 pensamientos en “Breve inventario de miedos personales

  1. Regina,

    Es natural que tengas miedo porque estás adoptando una posición crítica frente a unas personas que son mil veces mas poderosas que tú. Por eso desde mi casa cómodamente en España no tengo ningún derecho a darte consejos. Solo me queda darte ánimos.

  2. cipayoNacional

    va a ser un camino muy largo y muy dificil el de recuperar la soberania ciudadana que empezo a morir el dia que asaltaron el cuartel moncada.

  3. Reblogueó esto en Sin_Censuray comentado:
    Bello y esclarecedor Artículo de Regina

  4. Pingback: Breve inventario de miedos personales | Bitácoras Cubanas

  5. Andrea

    Chantaje y extorsion en su maxima expresion…Este parece ser el lema de esos agentes segurosos:”Si se porta bien y no arma un escandalo, grita o patalea, puede ser que le devolvamos algo…”
    Pobre miserable existencia la de estos rateros de la policia politica, ocupados de averiguar los dimes y diretes de cada ser pensante que viaje o se mueva… Pobre pais donde se extralimitan los poderes y los ciudadanos no pueden ni reclamarle a esos “funcionarios” en un juicio..Se roba la informacion privada al estilo mas cuatrero y bandidesco del hampa mas sordida…,pero ademas, se pisotea la dignidad de las personas… Pareciera, que ademas de mantener a latigo a sus ciudadanos, les interesa tambien monopolizar y extender sus redes de chismeespionaje internacional…
    TOCONES DE FUNCIONARIOS de la policia politica, rateros, vividores de la sumision de un pueblo: Las tiñozas son mas utiles…Van en busca de carroña…Uds, en cambio, revolotean como el pajaro carbonero zombie buscando los sesos de los vivos…En esto de tratar a los mas diferentes humanos…hasta las putas les ganan y son mas dignas de respeto.

  6. Joel

    Valiente mujer!!!! Por Hombres y mujeres como tú, es que algún día tendremos un mejor país, donde podamos convivir todos, en libertad, sin miedos y sin ataduras ideológicas. Tus miedos y temores son los más normales del mundo porque sabes que vives bajo un régimen totalitario y represivo que actúa impunemente, donde el ciudadano es una mera ficha de juego, sin derechos ni garantías, solo a merced del tirano. Pero lo que admiro de ti y de todo aquel que hace lo mismo que tú, es que a pesar del miedo, no lograrán doblegarte. Todo mi respeto y admiración para ti Regina. Dios te cuide y te proteja, al igual que a los tuyos.

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