Postal de viaje (I)

Al igual que Silvio pienso que la gente está muy jodida; a diferencia suya, no me hizo falta tanto tiempo para darme cuenta, pero viajar fuera de La Habana permite tener una visión de primera mano.
La terminal doméstica del aeropuerto José Martí, está en el edificio original del aeropuerto. Luego de chequear el equipaje hay que subir por una escalera mecánica. –Casi siempre está rota– me dice un pasajero que viaja con regularidad. Arriba hay que hacer otra fila para pasar de cinco en cinco por una puertecita. Detrás está el control de rayos x y luego de seguir de largo por una zona de tiendas de suvenir cerradas a las cinco de la mañana y por una cafetería al fondo donde no se ve a nadie, se desemboca en un largo salón de espera. Ni el afiche de la paradisíaca playa Santa Lucía y otros dos más a los que hay que dar la espalda para sentarse, logran quitarme la impresión medio claustrofóbica que provoca aquel salón sin un cristal ni una ventana. Descubro otra cafetería bien diferente a la de la entrada, esta, en moneda nacional. Pan con mayonesa o mortadella o perro caliente (pero frío), refresco dispensado o enlatado, y café. Sigo de largo hasta el baño que, aunque limpio, huele a sucio.
Regreso al salón y para no pensar en aquel lugar tan feo, por suerte hay varios televisores. Me concentro en un programa de Animal Planet hasta que anuncian mi vuelo.
Otra colita detrás de una media pared de pladur frente a una puerta que se abre, pero la empleada todavía nos hace esperar quince minutos hasta que avanzamos; hay que bajar una escalera, al final de la que chequean el pase a bordo y al fin camino por la pista hasta el avión.
Un viaje sin contratiempos y el aeropuerto de Holguín, mucho más agradable que el de La Habana. A la salida del edificio somos acosados por muchos choferes, todos dispuestos a “luchar” pasajeros hasta la ciudad. Tanta oferta permite regatear el precio.
He escuchado tanto hablar de Holguín como “la ciudad de los parques” que doy por sentado por el nombre que el reparto Ciudad Jardín es un vergel. Error. Es un suburbio de casitas hechas con esfuerzo propio y con los recursos que cada quien pudo. Las hay mejores y peores, pero los arquitectos no pasaron por allí; no hay aceras, bueno, apenas hay calles y no hay árboles; eso explica que hombres y mujeres se protejan del sol con sombrillas.
El transporte urbano no me parece malo, también abundan los bicitaxis y los carretones tirados por caballos. Los “almendrones”, a diferencia de La Habana, son prohibitivos.
El centro es más amigable, están los parques que dan sobrenombre a la ciudad, hay un bulevar con mucha vida, en un local destinado a trabajadores por cuenta propia descubro el reemplazo para la pieza que me tiene sin batidora hace meses. 180 pesos me piden por la pieza que le pregunto al vendedor si viene con batidora incluida.
En cambio, comer en un restorán climatizado y con una oferta decente, puede hacerse por mucho menos de lo que me hubiera costado la pieza de la batidora. Le pregunto a mi amiga holguinera si el satín se fabrica por allá, porque es la tela de referencia en la decoración. Para no faltar a ese detalle, en el restorán, satín rojo en los manteles y cortinas, y blanco con lazos rojos en los asientos. Luego de aquel decorado navideño, me sienta bien la cerveza que tomamos en La Caverna, un local homenaje a Los Beatles
La terminal de ómnibus interprovinciales es un local sucio y oscuro. Del altavoz sale un audio incomprensible. Sé que es el anuncio de mi viaje porque no hay otro a esa hora.
Holguín me había reservado esa fea sorpresa como despedida, prefiero quedarme con la buena impresión de toda la gente que tuve ocasión de conocer.

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3 pensamientos en “Postal de viaje (I)

  1. Silencio Impuesto

    Uté se queja y eso que viaja en avion y too,si tuviera que irse a la autopita y montar en una ratra de ganao y pasarse 14 hora pa llegar a Holguin,entonces no se lo que diría,Digo,si le quedaran ganas de decir

    • Joel

      No creo que se esté quejando. Ella está narrando lo que vivió en su viaje. De haberle tocado viajar en una rastra de ganado, igual lo hubiera narrado.

  2. Pingback: Postal de viaje (i) | Bitácoras Cubanas

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