Del Joystick a la Canon

Jorge Enrique Lage entrevista a Miguel Coyula (Intro) 1

 

El país se caía a pedazos, había gente ahogándose en el mar y en la tierra, había una cosa llamada Diáspora(s) , pero los adolescentes burgueses del Vedado no sabíamos nada. Nuestras vidas giraban alrededor de una compañía y una consola japonesa. En mis años SuperNintendo, ya Miguel era una leyenda. Coyula era un gamer antes del gaming. Su nombre pasaba como una contraseña entre iniciados. ¿No sabes cómo matar a un jefe de nivel? Pregúntale a Coyula. ¿No sabes cómo activar este o aquel poder? Ve a ver a Coyula.

Nosotros jugábamos Street Fighter II Turbo y ya Coyula tenía el Super Street Fighter II. Fuimos a verlo para que nos enseñara los cuatro peleadores nuevos y las versiones recientes de los otros. Recuerdo que desgranó en la pantalla los ataques mejorados de Vega, el ninja español, que era mi peleador favorito. Después se puso a aclararnos unas dudas técnicas sobre The Lion King. Y recuerdo que, mientras él conducía a Simba por unos peñascos, yo miré su rostro hiperconcentrado y tuve una revelación: “Este tipo está enajenado, al borde del autismo, se va a fundir, probablemente no hace otra cosa en su vida”, me dije. “Tengo que dejar los videojuegos, porque si no, voy a terminar igual que Coyula”.

Dejé los videojuegos, desgraciadamente. Luego pasó el tiempo y vi Memorias del desarrollo. La vi, por cierto, antes de Memorias del subdesarrollo, que ahora me parece una precuela regular y un poco traída por los pelos. Sergio, el protagonista de Memorias del desarrollo, termina en un paisaje desértico que parece de otro planeta. Lleva una muñequita Barbie y las cenizas de su hermano, que son las cenizas del éxodo del Mariel y, desde luego, las de la Revolución. Por decir poco. En 2010, Miguel Coyula esparció las cenizas de Cuba en el desierto estadounidense de Utah; dispersó esas cenizas en un polvero psicotrónico, entre mutante y marciano. Siete años después, hay mucha gente que todavía no se ha dado por enterada.

A mí me gusta que en el cine cubano haya un tipo como él.

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