Un cubano en la corte de la felicidad por decreto

Hace poco un amigo me señalaba que el periódico Granma era una magnífica fuente de inspiración para el periodismo alternativo. No estoy suscrita al susodicho ni sería capaz de hacer cola en un estanquillo para comprarlo, por lo que excepcionalmente me empato con un ejemplar. Esta rareza me condujo el viernes a una perla, un idílico artículo a página completa: “La realidad no contada de la República Popular Democrática de Corea”.

El periodista parece escribió in situ sobre lo que llama “las realidades ignoradas”; muy impresionado luego de una visita al Campamento Internacional de Songdowong, de donde recoge la opinión de un adolescente norcoreano: “la cama, el colchón y hasta el papel pegado en la pared son tan fantásticos que nos quedamos dormidos sin darnos cuenta de ello”.

 

Un comentario sobre “Un cubano en la corte de la felicidad por decreto

  1. Eso me recuerda al campamento que los Nazis tenian en la antigua Checoslovaquia para los niños judíos. Se construyó para que los visitantes del extranjero se fijaran en el buen trato que el régimen daba a los judíos jóvenes.

    Andy Hardwick

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