Conferencia económica muy económica

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Hablar de la economía cubana en estos tiempos es complejo, pero si además se logra sin alardear de Marx o de Keynes, yo por lo menos, lo agradezco. Por eso hice un viaje en el P3 hasta la Avenida de Acosta y Diez de octubre que de tan entretenido, me resultó corto. Un cuarentón de aspecto corriente le explicaba a su vecino de asiento las características de nuestra situación económica actual como en esos libros para lerdos donde nos explican hasta la teoría de las cuerdas y uno no es capaz de repetir qué cosa es un leptón, pero siente que ha entendido la esencia de algo que hasta ese momento era misterio.
Volviendo al P3, con esa forma tan natural de hablar alto que tenemos los cubanos, el cuarentón hablaba a gritos, me imagino que además supusiera que el rugido del motor del ómnibus ahogaría sus palabras. Por eso, todos los que íbamos cerca de él en la guagua necesariamente escuchábamos; pude comprobar con un vistazo que casi todos los pasajeros que alcanzaban a escuchar no se perdían una palabra.
Su compañero de asiento casi parecía lamentar tener que bajarse de la guagua en la misma parada mía. El cuarentón siguió viaje, y remató desde la ventanilla: –Pero no te preocupes mi socio, que de jodío pa´lante, no hay más pueblo.
No salía del asombro porque la lengua de aquel hombre había sido un bisturí populachero pero infalible con el estado actual de la economía; ya quisiera el doctor Juan Triana o cualquiera de los asesores de la “actualización del modelo” tener aquel don para conectar lo mismo con un “repa” de cuidado pelo, que con un moreno en uniforme de SEPSA, que conmigo. Todo por el módico precio de cuarenta centavos en moneda nacional. El precio del pasaje.

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Día de agua en Diez de octubre

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¿CAPITALISMO ENSEGUIDA, O MÉTODO CHINO PRIMERO?

Por Rafael Alcides

Es el 17 de diciembre. Los más, y somos en ese momento en la cola de la farmacia unas treinta personas, festejan los acuerdos de Raúl y Obama, y de tener cohetes los hubiesen tirado. Bueno, envolviéndonos a todos con un dedo, una mujer con un niño de la mano decía con voz entrecortada por la emoción: “¡Esto lo ha hecho San Lázaro!.”
Los más, decía, porque entre los viejos (once conmigo, que no soy del barrio, que estoy en esa cola porque en mi farmacia no tenían mi medicina), hay tres en contra: uno que dice que sin la mediación de la disidencia, ese acuerdo constituye una traición de Obama, una traición que la historia registrará con letras de luto; le replican que si en eso, en su parte en el reparto del pastel es en lo que en esta hora tan soñada piensan los de los Derechos Humanos, y el hombre, un gordito, abogado al parecer, no viendo allí quorum, y sí muy malas caras, se marcha sin dejarle a nadie su turno en la cola; el otro es un dentista, por lo que luego me dirán, que no es de los Derechos Humanos pero que mientras sus contemporáneos debaten el porvenir del socialismo cubano, se las pasará diciendo que sin la supresión del Bloqueo por delante, los acuerdos de Raúl y Obama han sido un disparate, que se ve que Raúl no es Fidel; y el otro viejo en contra es un hombre con espejuelos oscuros, muy respetado en el grupo, que de plano rechaza los acuerdos. Por eso, para poder debatir la cosa a fondo, y por viejos, siguiendo a los viejos de José Martí en “Los zapaticos de rosa”, nos hemos apartado, mientras allá, a la puerta de la farmacia, siguen los más, con la devota de San Lázaro ahora de líder, creyéndose que ya están en el capitalismo.
–No señor, yo como antiguo militar –le asegura un bizco al hombre de los espejuelos oscuros–, puedo decirle que el general de Ejército no le ha hecho entrega de las llaves de la ciudad al enemigo. Usted tiene razón cuando dice que Fidel mismo ha dicho hoy una cosa y mañana todo lo contrario, pero ésa es la política. Es el ajedrez de la política. Con cada nueva movida cambia el escenario. No puede ser de otra manera.
–Por eso mismo –insiste el hombre de los espejuelos oscuros—no puedo creerle a Raúl cuando dice que esto se ha hecho sin renunciar a nuestros principios, y mañana mismo voy a entregar mi carné del Partido. No quiero tenerlo encima cuando se bajen del avión el empresario que se hará cargo de la recogida de la basura, y el que se ocupará del asunto del transporte, y el que ya está sacando la cuenta para construir doscientas mil casas en seis meses, para empezar, y no sigo porque lo demás se entiende solo.
–Pero abandona esa pose de oráculo nacional –lo conmina el militar, ya de mal talante. Y de peor talante aún le responde el hombre de las espejuelos oscuros:
–Aquí el oráculo sigue siendo Fidel, y en su defecto Raúl. Yo me atengo a las leyes de la física. Si en una represa quitas un ladrillito, uno solo, estás determinando el fin de la represa. Mira a los chinos, mira a los vietnamitas. Montones de chinos millonarios hoy. Montones, miles. Y dirigiendo en el Partido. Ya sólo le faltan eso que los burgueses y los lacayos del imperialismo llaman “democracia”.
–En todo caso –dice un viejo vestido con bermuda y gorra de los Industriales–.¿Eso es bueno o es malo? Porque yo lo que quiero es tener guaguas que me lleven, camiones que me recojan la basura, que mi familia no tenga que vivir en barbacoas.
–Pero no por esa vía, porque eso sería el fin del socialismo –objeta el militar, coincidiendo con el hombre de los espejuelos oscuros.
–Pero qué es lo importante: ¿La vía o los resultados?
Esto lo ha dicho uno de los viejos que no había hablado, al parecer gente con autoridad en el grupo y que trataba al bizco, al militar, de “Mi hermano”. Emplazamiento que ha sorprendido al de los espejuelos oscuros:
–Luego entonces, para ti los principios no cuentan. Muy extraño con toda tu historia. Un tipo como tú.
–Yo confío en Raúl –dice el histórico–. Tú hablabas de loa chinos, pero aquí no somos chinos. Y si hay que ser chino, nos metemos a chinos. Y si hay que hacer lo que todavía les falta por hacer a los chinos, también lo hacemos. El socialismo no ha servido para nada en ningún lugar del mundo, y Raúl, que está al tanto de la marcha del mundo, lo ha visto. Por eso ha hecho esto, y prepárate para lo que viene.
Como el histórico parecía saber mucho de lo que venía, el grupo calló, dispuesto a escuchar. El más callado fue el hombre de los espejuelos oscuros; pero de pronto, como volviendo en sí, y más interesado en su preswente que en el porvenir, preguntó de sopetón:
–¿Y yo, qué? Tú me conoces, las sesenta y cuatro condecoraciones, sellitos y medallas que tengo en casa dicen algo, un hijo mío murió en una guerra internacionalista, y todo lo demás que tú conoces. Yo podría vivir allá afuera como un jerarca. Explícate, ¿Puede, quien lo ha dado verse de pronto, al final de su vida, con que volvemos a estar donde estábamos cuando empezamos en esto?
Menos el hombre de los espejuelos oscuros, los demás estuvieron con el hombre de la bermuda y la gorrita. Rectificar es de sabios, decía él. No hubo acuerdo, en cambio, en si Raúl daría los pasos para el desmontaje del sistema, los que fueran, sin herir, haciendo la cosa sin que lo pareciera, un paso aquí, otro allá pero con tiempo.
–Pero ¿y yo qué?
–Raúl no tiene tiempo para hacer eso con tiempo. –estaba diciendo un médico frágil pero enérgico para su edad que ya había i intervenido dos veces.
— “¿Y yo qué?”
Nadie hacía caso del de los espejuelos oscuros, él seguía repitiendo su y yo qué, pero la gente no le hacía caso. Estaban atentos a la disputa del médico y el militar.
–El general de Ejército tiene todo el tiempo del mundo –insistió airado el militar. El de la bermuda y la gorrita lo apoyó:
–Esta gente dura mil años. El Gallega Fernández ya tiene cien y míralo ahí más paradito que un poste de la luz.
–No señor, el Gallego todavía no tiene cien años –precisó el histórico.
El médico se explicó, apelando al sentido común.
–Digo que Raúl no tiene tiempo para tomarse tiempo haciendo los cambios pasito a pasito, no en las condiciones de quiebra en que se halla el país, lo que él vaya a hacer tiene que hacerlo rapidito, ha abierto las murallas y eso es muy delicado, ya no tiene la excusa del enemigo exterior que le permitía mantener en su lugar a los inconformes de acá adentro y que ahora se envalentonarán. Sin detenerse a pensar si hiere a uno o a un millón, tiene que hacerlo como Fidel cuando de repente en un entierro dijo que donde dije digo era diego, y nos volvió socialistas en el acto. Por cierto, un día 16 también. Así, como se quita un esparadrapo. Ése es el tiempo que él no tiene.
El Histórico, no veía la objeción. Habló para todos.
–Para todo hay métodos, Y en el que les digo Raúl se evitaría dar la cara y quedar como el que le enmendó la plana a Fidel. Partimos de que se trata de Cuba, no de la vana gloria de nadie. ¿Se acuerdan de las relaciones últimas del Padrino con su hijo Mike Corleone? Imagínense a Díaz Canel haciendo que habla, y detrás a Raúl, que ha renunciado alegando que estaba muy muy enfermo pero que en realidad está mejor que ustedes y que yo, hablando por el compañero Díaz Canel. Estamos, como decía mi compadre y vecino –y señala para el hombre de los espejuelos oscuros—justo en el momento en que los chinos, luego de treinta años perdidos haciendo acero en el patio de la casa ahí en un caldero con fuego de leña así como si estuvieran friendo chicharrones, entran en la historia. Hablen con los chinos de esos años perdidos, De igual manera, quienes hoy aquí se sintieran engañados, aplaudirán después.
No era un debate terminado. Todavía por poco hay sangre. Alguien decía que a lo mejor venía un método chino sin participación del capital cubano, recordaba la filosofía económica del bonsái expuesta por Murillo, y el dentista por su parte seguía repitiendo como un obseso que sin la supresión del Bloqueo los acuerdos de Obama y Raúl eran un disparate, mucho más cuando Raúl no hacía tanto había proclamado que podíamos resistir el Bloqueo cincuenta y cinco años más, y entonces el médico, tal vez harto de las lamentaciones de aquel hombre, alzando la voz y encarándolo, dijo que el plural del “podíamos” ése de Raúl era exagerado, que Raúl no había conocido ni un segundo del Bloqueo, que Raúl durante cincuenta y cinco años se había levantado con aire acondicionado, había entrado entraba en su automóvil con aire acondicionado, se había metido en su despacho con aire acondicionado, se había acostado con aire acondicionado, y que solo había sudado la camisa cuando salía a revisar alguna unidad militar y de paso coger sol para sintetizar sus vitaminas, o cuando salió a cazar. Ahí fue cuando se formó. El militar le exigió retractarse de sus palabras, audaz el médico se negó, y mientras aquel par de viejos eran reducidos por el grupo, oí a una señora que había permanecido limpiando su dentadura superior con una lima de uñas diciéndole a un viejo que acaba de llegar, a tiempo que, enérgica, y dispuesta a intervenir, se encajaba su dentadura:
–Si por algo yo quisiera que en estos cambios que vienen se haga lo que todavía los chinos no han hecho, es para que aquí la gente pueda decir lo que piensa sin que pasen estas cosas.

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Secretismo

La cúpula gobernante se acostumbró a vivir dentro del secretismo, con aquella frase de “Silencio, el enemigo escucha”, tan convencidos de que toda información sobre su vida era asunto de estado, que irrespetan a la opinión pública, incluyendo a los simpatizantes que todavía tienen, con el silencio alrededor de la vida (o la muerte) de Fidel Castro.
Eso solo puede suceder en un país donde el gobierno no se siente obligado a dar explicaciones y los periodistas no se atreven a hacer su trabajo. No es serio tratar de justificar que es esencial tamaña discreción porque se trata de un hombre contra el que se planearon centenares de atentado (aunque no pasaran de un esbozo). Ese hombre hoy es un anciano enfermo, retirado de las funciones públicas, cuya imagen hace años ya, siempre es diferida y en fotos.
Tampoco me creo que Raúl Castro necesite tiempo para preparar nada, pues hace rato controla el poder y si hay fisuras en la cúpula, la contrainteligencia militar debe mantener actualizado al General-Presidente (SU Ministro) acerca de la situación operativa.
Fidel Castro ocupó tantas horas de televisión y tantos titulares; en fin, fue tan mediático, que es lógico que el vacío informativo acerca de su condición de salud sea objeto de todo tipo de especulaciones.

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Así andan las cosas

Una de las cosas que voy a extrañar cuando Cuba sea un país ordenado, serán estos días en que la piratería digital todavía es patriótica y adquieres en cualquier esquina lo mismo lo mejor del Discovery, las magníficas series del History Channel o los subyugantes seriales de ABC o Fox. A propósito de series, estoy disfrutando mucho Mad Men, parcialmente transmitida aquí en un horario de madrugada como Los hombres de la calle Madison. Con esto de las series y películas a la carta, solo pongo la tv cubana para los noticieros, o un momentico de Telesur para leer la cinta que corre por la parte inferior de la imagen.
Si yo, que soy payasísima y no me interesan los reality, ni MTV, ni las telenovelas, y solo con lo que me gusta puedo mantenerme alejada de la programación nacional; qué decir de mis vecinos. El cabeza de familia, mi vecino Tomás del que ya he hablado aquí, tiene la pelea perdida. Parece que como militante del Partido le han “orientado” la lucha contra al paquete audiovisual, pero su mujer y hasta su hija, también militante y civil del Minint, adoran La Voz, El Gordo y la Flaca, Bailando por un sueño, Belleza Latina y sobre todo, Caso Cerrado. La esposa de Tomás le hizo su rotunda declaración de intenciones a Tomás, y por el volumen, al resto del barrio:
–Así que aquí la gente puede hacer sus reuniones de gusanería y no pasa nada (esos somos nosotros); pueden hacer sus reuniones de religiosería y no pasa nada (mi vecina Tania, también conocida de ustedes), ¿y yo no puedo ver Caso Cerrado? Pues a mí ni p…, me sale del b… verlo y no pienso dejarlo.

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Liberaciones

(Publicado en BBC Mundo el 17 de diciembre)

No dejé de sorprenderme aunque no me tomó desprevenida. Lo había conversado entre amigos que me tildaron de loca, que Gross y los tres no serían intercambiables, que sin Derechos Humanos no habría relaciones.

Respeté el punto, pero recordé que la política se cocina con ingredientes sutiles que no aparecen en las noticias (mucho menos en las noticias del Granma) pero había indicios y por esos indicios fue que la noticia del año no me cayó de la nada.

Ahora, con Gross en Estados Unidos y los tres en Cuba, comienza la implementación de las conversaciones que han tenido lugar y que abren un paréntesis para una transición tranquila en la que los sucesores de la nomenclatura vivan sin sobresaltos y hasta participen si quieren en la política pluripartidista que vendrá.
Antes del anuncio, trabajadores especulaban con cuál sería el contenido.

No creo que todo el mundo esté feliz, ni dentro del gobierno, ni dentro de la disidencia, pero al médico, la cercanía al paciente no debe nublarle el juicio a la hora de hacer diagnóstico.

La economía, como se sabe, es muy pragmática, los inversores norteamericanos medirán el riesgo en números y no en violaciones de los derechos humanos.

El gobierno cubano por su parte necesita normalizar sus relaciones con el vecino del norte y espera con ansias capital fresco. La Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM) al fin cumplirá la función para la que fue concebida.

Toca a la sociedad civil aprovechar esta coyutura sin dudas favorable para profundizar en la lucha por establecer un verdadero Estado de derecho.

Por mi parte, quiero creer que hoy, 17 de diciembre de 2014, se abre una nueva etapa en el largo viaje de Cuba para insertarse entre los países modernos y democráticos.

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