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Una deuda con Bogotá

Había pensado escribir de las primeras impresiones que me ha dejado Bogotá, impresiones profundas por el contraste de gente tan cálida que no parecen arrastrar 6 décadas de violencia. Había pensado escribir de la ciudad dominada por iglesias y ladrillos, del mango verde con limón y pimienta, de la hermosa cadencia que dan al español, incluso desde los detestables altoparlantes de unos vendedores avispados; de eso y más pensaba escribir mientras ayer caminaba por la Calle Séptima llena de familias en bicicleta o de paseantes de domingo.

Pero eso fue ayer y hoy lunes veo los detalles del plantón en Venezuela con su saldo macabro. Veo a Lilián Tintori denunciando al que debía ser el Defensor del Pueblo; Veo a María Corina, enorme, frente a una orden de aprehensión. Veo a Venezuela sin el filtro de TeleSur, veo la Venezuela que Maduro & Co. se empeñan en irrespetar.

Veo también la confirmación de que Karla María Pérez, una joven y talentosa estudiante en la Universidad central de Las Villas ha sido expulsada de la carrera de Periodismo por sus compañeros de estudio. ¿La razón? pertenecer a Somos+ , un movimiento político “ilegal” (como todo lo que no esté alineado con el gobierno).

De una parte, el pueblo venezolano por el rescate de la democracia. Del otro, lo retorcido de mandar por delante a un grupo de jóvenes, miedosos ellos mismos de perder ¿su futuro? si no logran ser convincentes. Esos jóvenes de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) que han sido despojados de la inocencia con una lección cruel, incapaces de articular un cuestionamiento a propósito de la desaparición del busto de Mella en ese espacio poscomunista que es ya la Manzana Kempinski (ex Manzana de Gómez).

No, Bogotá. No puedo hacerte la crónica que hubieras merecido.

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Con C mayúscula

Muchas voces que se consideran democráticas, condicionan las alianzas, ya sean tácticas o estratégicas, o el diálogo con sus oponentes políticos, a dogmas. La postura frente al Embargo, ahora añadido el reinicio de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, divide las aguas.
Ese condicionamiento de que nuestra vida interna pase por la vecindad con los Estados Unidos y el correspondiente antimperialismo en sus antípodas, debilita la lucha por la democracia y es una baza política que solo beneficia al gobierno cubano. Ese tema no concierne al diálogo ciudadano que debe enfocarse sobre aspectos inmediatos como la relación del salario y el gasto, el uso de los impuestos, el destino del presupuesto nacional. La sociedad debe realizar un esfuerzo mancomunado por disminuir las profundas diferencias sociales; no empobreciendo sino enriqueciendo, y eliminar las trabas que impiden un mayor desarrollo económico.
Resulta muy demagógico haber decidido mediante un referendo chapucero, un modelo social “eterno” cuya eternidad no solo no ha exhibido resultados positivos en ninguno de los países en que se ha intentado, sino que es objeto ahora mismo en nuestro país de una cantidad tal de disgresiones que es tarea de pillos demostrar que vivimos en un  socialismo. Más difícil de demostrar aun cuando las medidas para paliar la crisis económica apelan a remedios capitalistas.
Resulta también muy irresponsable diseñar un destino cerrado que no vivirán los votantes sino sus herederos, que espero que con sentido dialéctico, pero sobre todo con sentido común, se quiten de encima ese destino en cuanto puedan.
Necesitamos una discusión abierta de cómo proteger y hacer cumplir los derechos humanos en pleno, despojándolos del halo de malignidad y parcialidad que les ha conferido el gobierno a conveniencia y haciéndolos vinculantes. El papel de la sociedad civil en estos retos es protagónico.
Más que definir si estamos a favor o en contra del Embargo o de relaciones diplomáticas al margen de la sociedad, se trata de definir si estamos a favor o en contra del Cambio.

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Recado para Yadira

Me gustaría poder conversar con la cubanoamericana Yadira Escobar. La foto en su blog me indica que es joven, y la información que da de sí, que emigró muy pequeña. He leído cuánto le gustaría a Yadira regresar a Cuba y he leído además cuál es su Cuba soñada.

Yadira se declara amante de la libertad. Ni el colectivismo marxista ni el individualismo capitalista se avienen a su idea de lo que desean los cubanos; se equivoca sin embargo al incitar a nuestros académicos, universitarios y especialistas de todo tipo a poner en hora su reloj para definir el camino nacional. Le aseguro a la joven Yadira que hay una intelectualidad desde muchas partes y desde muchas tendencias pensando a Cuba, solo que su huella no siempre se puede encontrar en los medios oficiales, hay que buscarla también en sitios alternativos, y en varios casos, es hostigada, silenciada y demonizada. El anhelo de que esta joven se hace eco debería ser presencia permanente en los medios de difusión y en cuanto espacio de pensamiento y debate exista o quiera surgir en nuestro país, no solo virtual sino físico también.

No sé qué optimismo que escapa a mi comprensión le hace pensar a Yadira que el nacionalismo podría conciliar. Según lo veo, la sobredosis de nacionalismo mal digerido ha sido fuente de ruptura social y nos dividió en comunistas o apátridas, integrados o apáticos, de derecha o de izquierda, revolucionarios o gusanos y otras comparaciones siempre antagónicas. Es el nacionalismo una de las bazas que ha usado la propaganda del gobierno cubano para tratar de convencer al mundo de que todo pensamiento diferente al oficial, es antipatriótico. La patria es otra cosa, es algo intangible que va con uno y se manifiesta en cada cual de forma distinta, es una emoción y es a veces un olor, y es, sobre todo, una taxonomía imposible.

En efecto, un alto por ciento de la población votó por un socialismo eterno. Yo que veo cómo la gente vota y luego se justifica, que conozco la forma en que se controla desde el sistema electoral hasta las decisiones personales –íntimas incluso- me permito dudar de la sinceridad de las cifras y de la sinceridad de los votantes.

No puedo dejar de comentar la visión de Yadira sobre la tragedia del trasbordador 13 de marzo. Muy pequeña era ella cuando los terribles sucesos, pero con un poco de información sobre aquella fatídica noche, nadie podría hablar de accidente. Un accidente implica una acción involuntaria; Yadira parece desconocer la versión de los sobrevivientes, en cambio acepta como válida la versión que se diera en el periódico Granma. Los niños ahogados NO cayeron del barco como en el poco feliz símil que utiliza. El barco fue embestido; con poderosos chorros de agua fue inundado y se fue a pique, los detalles del horror los dejo a su indagación. Tal acto no puede ser calificado más que de criminal. Ante eso, la responsabilidad de los adultos de someter a menores a un viaje riesgoso queda completamente relegada.

Vivir en Cuba me da un poco más de visión del país. La gente no huye por el rigor del Embargo, la gente huye porque la economía ruinosa no permite oportunidades de prosperidad, porque a 55 años de gobierno se sigue hablando de experimentos económicos. En la mala administración, la corrupción y el despilfarro, el efecto del Embargo ha sido mínimo. Invito a Yadira a observar que en los lineamientos de la política económica trazados en el último congreso del Partido, no aparecen las palabras embargo o bloqueo. Y si la motivación de abandonar el país a primera vista parece económica, las decisiones políticas nos han puesto donde estamos.

Si la soberanía popular fuera sagrada, hace rato las etiquetas de cubanos de Cuba o cubanos de Miami habrían desaparecido; no me atrevo a imaginar cómo hubiéramos sido, pero estoy segura de que los cubanos que trabajen, gobiernen y opinen, y entre los que imagino estará también Yadira, serán capaces de hacerlo mejor que en los últimos 55 años. Y sin apelar a la generosa y desinteresada ayuda de ninguna potencia –que ya sabemos lo interesada que fue y las prebendas de que gozó en nombre de la soberanía–, porque la búsqueda de la democracia es un problema entre cubanos.

 

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foto: Luz Escobar

Mi país está tan huérfano de iniciativas ciudadanas, los ciudadanos viven tan convencidos de que ciudadano es un término peyorativo y cuasidelincuencial utilizado por la policía, que cómo van a imaginarse que la palabra no solo es bonita, sino que tiene resonancias eróticas: el ciudadano-soberano es quién elige y quita a sus representantes si no se siente servido por éstos. En esta “democracia” que padecemos se las han arreglado para invertir los términos, por ahí andan las consignas de pa lo que sea y otras en desuso a falta de rima con el nombre del actual gobernante.

Y por ahí, harto de esas consignas que le repiten y repite, anda el alicaído ciudadano sin saber quién es, afrontando el goteo incesante de dificultades que define su vida, donde es víctima, héroe anónimo o villano; sin enterarse, tan sumido en su día a día, de que será el protagonista de la transición democrática.

Delante de una vidriera, delante de un espejo, o delante de un abuso del poder, el ciudadano termina tomando conciencia de quién es.

Entre críptica y seria, he querido saludar la aparición de la Hoja de Ruta Constitucional, que complementariamente con la Campaña por la firma de los Pactos de la ONU (sin desdorar otras propuestas que no conozco o no me interesan; más es mejor) me parecen un buen abono para el ciudadano que espera.

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