¿Igualdad? Juntos, pero no revueltos

Que todavía la igualdad sea motivo de preocupación en nuestra sociedad, es otra muestra de fracaso, no importa si se crean organizaciones o se promulgan leyes. Para el 77% de la población –nacida después de 1959–, las medidas formales han estado por un lado, y la práctica por otro. Eso que se supone que debería funcionar para la discriminación por raza, género, elección sexual, religión también es válido para la discriminación política. La igualdad no se decreta, sucede. El respeto por las diferencias debe ser inculcado como otro valor más, y como parte de esa educación, para el ascenso a un puesto o un cargo, lo importante es la capacidad del elegido y no una cuota de supuesta igualdad que lleva como consecuencia que no se elige al mejor sino al más “correcto”.
Nadie dice que sea fácil, pero es imperativo.

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La cámara dice más en “Cuba dice”

El noticiero de la televisión los martes por la noche, hace unos meses tiene la sección de reportajes Cuba dice. La periodista Thalía González y su equipo parecen tener el visto bueno para acercarse –solo acercarse—a los problemas reales del ciudadano. El tema ayer era el empleo. Más que el abordaje incompleto del tema, llamaron mi atención las opiniones de los entrevistados. La aceptación generalizada de que la oferta en las oficinas del Ministerio del Trabajo no le interesa a nadie, la aspiración de trabajar en “una firma” o tener un negocio propio, la naturalidad con que hablaban de buscarse el dinero, el uso reiterado del verbo resolver, con la connotación que tiene para nosotros los cubanos. La cámara dice lo que ni entrevistadores ni entrevistados mencionan: jóvenes en la calle miran con indiferencia a la cámara. El empleo no satisface las necesidades. El salario no alcanza.

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Guerra perdida

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La guerra contra el paquete audiovisual semanal es una guerra perdida. La programación televisiva es de una ayuda inestimable. Y como estas cosas suelen sintetizarse con ejemplos, les pongo el de mis vecinos de al lado. No me hubiera enterado de que son clientes del paquete de no ser por la discusión entre padre de ochentaipico, militante y miembro de la Asociación de combatientes de la revolución cubana, e hija de trentaipico civil del Minint:
–¡Eso es diversionismo ideológico!—tronaba el padre, repitiendo sin dudas alguna “orientación” recibida en el núcleo del partido.
–¡Pero papi, si nosotras lo que vemos son las novelas!
–¡diversionismo igual!
Y en esas se mantuvieron hasta la intervención de la esposa del combatiente jubilado y madre de la combatienta en activo:
–Tú, mira tu Telesur y tu pelota y déjame mis novelas tranquilas, y si eso es diversionismo ideológico, por lo menos es bonito.

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Indiferencia con fondo de Juan Formell

Acabo de escribir un texto para BBC donde me valgo de experiencias propias para ilustrar cómo ante situaciones cotidianas, se pone de manifiesto la precaria educación de los ciudadanos. O tengo muy mala suerte y me monto en las guaguas donde los problemas estallan, o estos están tan generalizados que le tocan a cualquiera.
Los ómnibus Yutong tienen una plataforma frente a la puerta trasera y a un costado, según la concepción original, para coches de bebés y alguna otra impedimenta, pero aquí, son ocupados casi sin excepción por pasajeros. En una de esas guaguas que me acechan con sus problemas, una ruta 69 llena, pero no repleta, viajaba un pasajero con un enorme saco y lo había colocado en una esquina de la plataforma. Frente al hospital Clínico Quirúrgico de 26, por la puerta del fondo, una pareja sube a una impedida en silla de ruedas, y el hombre que acompañaba a la impedida, amablemente pide al hombre del saco que le hiciera un espacio para la silla de ruedas de forma que la impedida pudiera ayudarse con la baranda para levantar su peso. La reacción del hombre del saco fue defensiva: que no había espacio, que la silla cabía atravesada. Un señor mayor que viajaba de pie, no hizo caso a los tirones de manga de su pareja, e intervino airado para acusar al hombre del saco de insensible. La impedida y la pareja que la acompañaba estaban en silencio, pero se les notaba la incomodidad. El hombre del saco se viró hacia el señor: –¿Insensible yo?, No me joda, en esta misma guagua me monté ayer con mi niño de dos años y nadie me dio el asiento ni me cargaron al niño, y no se meta, que no es con usted.
Silencio, hasta del señor cuya dama acompañante había aconsejado con éxito no responder. La impedida se bajó en Santa Catalina y Vento y yo dos paradas más allá. El hombre del saco continuaba en un soliloquio, me imagino que trataba de justificarse. Solo al bajar, ya en la calle, dos personas cruzaron expresiones: En este país se acabó el querer. Y la respuesta: Sí, ya nadie quiere a nadie.

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Mi trabajo en otros sitios, en las pestañas superiores

Escribir aquí me ha dado la posibilidad de ser invitada a colaborar en otros sitios. Poco a poco iré incorporando nuevas pestañas con trabajos en Diario de Cuba o la revista Voces que andan dispersos. Por ahora BBC y 14 y medio.  No pienso abandonar mi malaletra aunque la he tenido abandonada estos últimos tiempos…

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El largo tour de Pancho Céspedes

Voy a comenzar a reunir por acá mis publicaciones en otros sitios, porque estoy escribiendo muy poco y tengo el blog medio abandonado. Además de este concierto, estuve en el de Fito Páez y lo disfruté más aun, pero Fito vino hace dos años y Pancho no cantaba para el público hace una pila. A continuación, esta crónica publicada en 14ymedio.

panchoDesde las ocho de la noche del sábado, el tránsito congestionado en la esquina de 1ra y 10 en Miramar indicaba que un suceso estaba por producirse en el teatro Karl Marx. Artistas conocidos, como Carlos Varela o Edesio Alejandro podían distinguirse en el gentío. Poco después de las nueve, con la sala repleta, un ágil y espigado Pancho Céspedes sorprendía con esa nueva imagen. Luego de veinticuatro años sin cantar para su público, estaba muy nervioso. Lo confesó varias veces, además era evidente, pero tanto nerviosismo no pudo estropear más de dos horas de conversación, sonrisas, lágrimas, pero sobre todo, canciones con un público que lo recibió con cariño, lo coreó y estuvo todo el tiempo dispuesto a hacerlo sentir cómodo: estaba en casa.

Este concierto único forma parte del Festival Leo Brouwer de música de cámara que se celebra entre el 26 de septiembre y el 12 de octubre en homenaje a los 75 años de este excepcional compositor, director e instrumentista. Por lo que Pancho Céspedes mencionara, este festival no volverá a celebrarse en Cuba, y es evidente que su organización tuvo no pocos tropiezos y solo la voluntad de Leo y su oficina pudo sacarlo adelante en esta oportunidad, pero sucesivas ediciones –de hacerse- serán fuera de Cuba. Pancho Céspedes no fue parco en halagos hacia el maestro Brouwer, quien materializó el deseo del cantante de presentarse de nuevo ante un gran auditorio nacional.

Muchas personas grabaron en teléfonos, tablets y cámaras el concierto, y la televisión estuvo allí, por lo que seguramente los televidentes también podrán disfrutarlo más adelante. El cantante no hizo alusiones a su decisión en 1990 de abandonar Cuba y, aunque nada más lejos de su ánimo que esas alusiones, jugueteó con la idea de la larga gira que lo mantuvo alejado de Cuba; con simple aritmética cualquiera pudo sacar la cuenta de que reunirse con su esposa le llevó seis años. Y como los artistas se alimentan de tristezas, depresiones y fracasos, esos años de separación incubaron Vida Loca de 1998, el más exitoso de sus discos. Siguiendo con esa misma aritmética, volver a hacer un concierto en Cuba le llevó 24 años.

No tenía que esforzarse tanto Céspedes en conectar con el auditorio, y ese afán le hizo perder en algunos momentos elegancia en su fluido intercambio con el público entre las piezas musicales. Innecesario, pues el artista derrocha carisma y sus cualidades vocales destacan con esa manera de interpretar, muchas veces cercana a un susurro compartido en complicidad.

Dentro del público siempre existen los que dejan encendido el teléfono móvil, y hasta más de un caso de conversación telefónica dentro de la sala como si de la sala de su casa se tratara, y en ese preocupante indicio de por dónde anda la educación, hasta se ponen bravos si se les llama la atención. Eso y un uso indiscriminado de un moderno sistema de iluminación por leds con frecuencia dirigido hacia el público, cegándolo, impidieron que fuera una velada perfecta.

Sobraron emociones en el artista, que domina a la perfección el espacio escenográficamente desnudo, donde los músicos acompañantes mantuvieron un discreto segundo plano. Hasta un escenario enorme como el del Karl Marx se hizo íntimo y acogedor, y eso, a pesar de que un reflector cenital que conseguía un efecto hipnótico en el público fijando únicamente al cantante sin más parafernalia, fue utilizado pocas veces. Adiós Felicidad, de Ela O´Farrill, me hizo recordar la época en que esa pieza fuera retirada de la radiodifusión por concentrarse en un sentimiento egoísta, incompatible con el entusiasmo de la construcción del socialismo.

Lo mejor de la noche es difícil de elegir; subieron las revoluciones al entonar Señora o Vida Loca, cantadas de punta a punta a coro con el público, pero hubo dos momentos particularmente emotivos. El primero con una canción hermosísima de cómo la añoranza hace nombrar lugares ajenos con los nombres de lugares que quedaron atrás (Átame la mirada). Luego los aplausos fueron ovación cuando Pancho anunció a Pablo Milanés en su primera aparición pública luego de una delicada situación de salud hace apenas unos meses. Pablo, también visiblemente más delgado y todo de negro, se unió a Pancho que ya para ese momento se había despojado del saco y sacado la camisa por fuera. El dúo de esas dulces mentiras y amargas verdades fue premiado por el teatro de pie.

Excelente velada con Pancho Céspedes, quien más por sabio que por viejo ha dado un largo tour de Donde está la vida a la Vida loca. O al revés.

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