El acompañamiento de una carga no acompañada

(publicado originalmente el 3 de set en 14ymedio.com como La odisea de tramitar un envío en la Aduana)

Según la disposición aduanal vigente, los cubanos residentes en Cuba pueden pagar en moneda nacional los impuestos sobre una importación al año pero, para las siguientes, tienen que hacerlo en CUC. Algunos han visto en esta situación una ventana de oportunidad para importar bienes que no existen en las tiendas o cuyo precio es demasiado elevado; otros que cuentan con pasaporte extranjero o visado múltiple se ofrecen en alquiler como mulas para aquellos cubanos que no pueden salir de la Isla.

La ley es intrincada, ya que esa importación está limitada a los artículos y cantidades establecidos en un copioso listado. Es una importación única, es decir, todo debe comprarse y embarcarse en un solo envío, pero además la suma de lo importado no puede exceder una cantidad de puntos, determinados para cada artículo en la propia lista.

Pareciera que lo complicado es hacer los cálculos para la compra y enviarla por vía marítima para Cuba (la vía aérea es muy cara y cada vez más limitada por las líneas comerciales) bajo el rótulo de “carga no acompañada”

Pasan varios meses hasta que la empresa de transporte avisa al beneficiario de que puede pasar a recoger sus bultos. No obstante, no conozco ningún caso satisfactorio de la experiencia. Aunque se supone que los horarios están pensados para que los usuarios acudan por turnos y de manera escalonada, en la práctica esto no se cumple, lo cual convierte la experiencia en lenta y desorganizada.

Largas horas habrán de transcurrir en un local sin ventanas, atestado de personas, con un número de asientos muy por debajo de los necesarios, con un aparato de aire acondicionado absolutamente insuficiente (y por tanto, ineficiente). Un televisor en lo alto de la pared aporta imagen y ruido, pero es imposible escucharlo en medio de un gentío ansioso e incómodo hablando a la vez. Cada cierto tiempo se abre una puerta y se vocea un nombre, casi siempre mal leído y peor dicho, lo cual genera revuelo y confusión entre los que se creen llamados.

Los experimentados, que no son pocos, llevan alguna lectura, ropa cómoda, agua y merienda. Principalmente porque la cafetería anexa a la recepción, que parece tan bien surtida por la mañana con bocadillos de jamón y refrescos enlatados, al mediodía ya no tiene nada que vender, y la ubicación, en el Anillo del Puerto cerca de Regla, es un peladero donde no hay más que carretera.

Como es de esperar los “vivos”, tras haber pagado a algún funcionario o a alguien que haga la cola por ellos, llegan tarde, relajados, sonrientes, ¡Y se van enseguida! “Aquí todos somos cubanos, así que no se vayan por el fondo que lo que hacen es molestar”, advierte una funcionaria de la aduana, pese a que muchos no prestan atención al aviso ni a las visitas de los funcionarios.

Una vez traspasada  la puerta de la ansiedad, se llega a una enorme nave donde los bultos están dispuestos según su destinatario. Es el momento de verificar la carga contra el manifiesto. Ese también puede ser el momento amargo en el que, a pesar de la lectura exhaustiva de la Ley de Aduanas y de los consejos de los más experimentados, se puede ver retenida y hasta decomisada una parte o la totalidad de la carga por una disparidad en la documentación o por algún artículo no permitido o que excede los famosos puntos que limitan la cantidad.

Una vez recibido el envío, si se consigue, hay que hacer la cola para pagar. A continuación los montacargas sacan los bultos y los apilan en un patio. Como es de suponer, estos no salen en el orden en que fueron llamados, sino en el que impone el operario del montacargas según las “donaciones” recibidas. Ante todo, no se debe enfurecer a ese trabajador porque su labor todavía será imprescindible para trasladar los bultos desde el patio hasta el transporte que los llevará a su destino. Solo entonces, al llegar a casa exhausto y hambriento, ya casi de noche, uno podrá considerarse pleno propietario de sus artículos.ar. A continuación los montacargas sacan los bultos y los apilan en un patio. Como es de suponer, estos no salen en el orden en que fueron llamados, sino en el que impone el operario del montacargas según las “donaciones” recibidas. Ante todo, no se debe enfurecer a ese trabajador porque su labor todavía será imprescindible para trasladar los bultos desde el patio hasta el transporte que los llevará a su destino. Solo entonces, al llegar a casa exhausto y hambriento, ya casi de noche, uno podrá considerarse pleno propietario de sus artículos.

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Avatares de una “regulada”

{Publicado originalmente en 14ymedio}

Ahora mismo debería estar en Panamá. Pero el 31 de julio, al presentarme en el mostrador del aeropuerto internacional José Martí se me hizo pasar a una oficina donde una uniformada de Inmigración me informó de que no podría viajar por estar “regulada”. La palabra tiene connotaciones desagradables pues la regulación más frecuente en Cuba es la regulación menstrual. En todo caso, preguntar por la causa de semejante prohibición con esa funcionaria fue inútil. No parecía saber más allá de la mala nueva, y es lógico que no tenga los detalles, dada la forma en que funciona (o se supone que funciona) la compartimentación del trabajo dentro del Ministerio del Interior.

Puedo deducir con acierto que dicha medida proviene del departamento que “atiende” a los opositores, conocidos como Sección 21 o Enfrentamiento de la Dirección de Contrainteligencia. Para saber por qué estaba “regulada”, la antigua villa de descanso de los Hermanos Maristas en la Víbora se perfiló como el lugar de las preguntas.

Un oficial de guardia (visitador, creo que lo llaman) se encargó de escuchar la reclamación y tramitar la respuesta. El oficial marcó el teléfono y pidió a la teniente coronel Kenia, le explicó que yo estaba frente a él preguntando por las razones de la “regulación”. Al otro lado del teléfono, la persona pidió mi nombre y apellidos y, tras una pausa, la respuesta fue desconcertante: la Sección 21 no es responsable de mi prohibición de salida del país.

Yo, que tengo una idea –anticuada pero idea al fin– de cómo trabaja la contrainteligencia, sé que si no tienes una multa de tráfico o una contravención por pisar el césped, ni trabajas para ningún organismo del Estado, pero haces periodismo independiente y crítico, las cábalas marcan 21.

Pero el oficial visitador, muy convencido de que mi magro expediente de opositora no clasificaba para la liga del 21, me sugirió visitar las oficinas de Atención a Ciudadanía de Inmigración donde –y fueron sus palabras y no mi interpretación– me dirían quién me tenía “regulada” y por qué.

Después de algunos tumbos con la dirección del lugar, llegué a la calle 20 casi esquina con 7ª, en Miramar. No omití detalles a la funcionaria que me recibió y fui directa: iba a México el 26 de junio pasado invitada a una reunión política y no se me permitió viajar. En aquel momento no indagué por la medida, pues me pareció parte de una estrategia para abortar o deslucir la reunión ya que, al igual que yo, un numeroso grupo de asistentes se quedó en tierra por decisión de las autoridades. Pero este 31 de julio, no iba a una reunión política, iba al Foro Latinoamericano y del Caribe de Gobernanza de Internet, un evento auspiciado por la ONU. Como no pertenezco a ningún partido y solo soy jefa de mis opiniones, quería saber quién y por qué me mantenía “regulada”.

La funcionaria, una capitana, lo primero que me aclaró fue la equivocación del oficial de Villa Maristas: ellos no podían dar información sobre por qué y quién decide esa parte de mi vida, pero consultaría mi caso con su superiora, teniente coronel y jefa del Departamento de Atención a la Ciudadanía.

Alivié la espera, de 40 o 50 minutos, leyendo. Luego, la capitana escribió en un papel mi versión y puso al final de la página mi número de teléfono. Entonces me comunicó que la jefatura había tomado la decisión de desregularme a partir del miércoles.

– ¿Es decir, que puedo montarme en un avión a la una de la madrugada de martes para miércoles?

La capitana respondió que sí, y, jovial, añadió que, por si acaso, lo hiciera después de las ocho de la mañana.

Le agradecí la atención y salí caminando bajo un tremendo aguacero. Apenas 20 minutos después de haber abandonado la oficina de Inmigración, sonó el teléfono. Era la capitana jovial con una contraorden: “No, no puede viajar hasta nuevo aviso y le será notificado”.

Ahí es cuando uno se pregunta cuál es la idea de la policía política y de las directrices que reciben, porque mi participación en el evento no tiene relevancia noticiosa, pero mi ausencia sí.

¿Por qué el Gobierno es tan sensible cuando se le acusa de violar derechos humanos? ¿De qué Estado de Derecho presumen si no respetan su propio cuerpo de leyes modelado a lo largo de este largo autoritarismo? ¿Qué temen, si la propaganda siempre insiste en el apoyo irrestricto y combativo de nuestro pueblo trabajador?

¿Pero qué hago haciéndome preguntas retóricas?

Una deuda con Bogotá

Había pensado escribir de las primeras impresiones que me ha dejado Bogotá, impresiones profundas por el contraste de gente tan cálida que no parecen arrastrar 6 décadas de violencia. Había pensado escribir de la ciudad dominada por iglesias y ladrillos, del mango verde con limón y pimienta, de la hermosa cadencia que dan al español, incluso desde los detestables altoparlantes de unos vendedores avispados; de eso y más pensaba escribir mientras ayer caminaba por la Calle Séptima llena de familias en bicicleta o de paseantes de domingo.

Pero eso fue ayer y hoy lunes veo los detalles del plantón en Venezuela con su saldo macabro. Veo a Lilián Tintori denunciando al que debía ser el Defensor del Pueblo; Veo a María Corina, enorme, frente a una orden de aprehensión. Veo a Venezuela sin el filtro de TeleSur, veo la Venezuela que Maduro & Co. se empeñan en irrespetar.

Veo también la confirmación de que Karla María Pérez, una joven y talentosa estudiante en la Universidad central de Las Villas ha sido expulsada de la carrera de Periodismo por sus compañeros de estudio. ¿La razón? pertenecer a Somos+ , un movimiento político “ilegal” (como todo lo que no esté alineado con el gobierno).

De una parte, el pueblo venezolano por el rescate de la democracia. Del otro, lo retorcido de mandar por delante a un grupo de jóvenes, miedosos ellos mismos de perder ¿su futuro? si no logran ser convincentes. Esos jóvenes de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) que han sido despojados de la inocencia con una lección cruel, incapaces de articular un cuestionamiento a propósito de la desaparición del busto de Mella en ese espacio poscomunista que es ya la Manzana Kempinski (ex Manzana de Gómez).

No, Bogotá. No puedo hacerte la crónica que hubieras merecido.

El fachismo corriente

(del cubanismo facho: robo, malversación)

El largo laissez faire del gobierno con el “si te portas bien, miro para otro lado” ha parido una generación (¿una?) de alegres desvergonzados, conocidos genéricamente como “luchadores”. La simpática denominación que comenzó siendo para unos pocos, ya no tiene color, sexo u ocupación; el denominador común es un salario muy corto para unos precios muy largos. Sí, esos mismos que lloraron frente a una foto con flores no hace todavía tres meses.

Polos tan distantes como el comercio y la cultura convergen en estas noticias que solo pueden confirmarse a medias porque la prensa oficial nunca las cubre sin permiso previo, y los amigos, familiares o compañeros de trabajo del(los) tronado(s) adquirieron hace tiempo el reflejo pavloviano de “no meterse en candela”.

El primero de los casos, en el centro Comercial Puentes Grandes, todavía sin cumplir los tres años de inaugurado y ya parece un local venido a menos. Allí existe una sala de navegación por Internet equipada en su estreno con cinco computadoras y aire acondicionado. Allí ha sucedido algo a lo que nos hemos acostumbrado ya. No siempre están todas las pc operativas; no siempre está operativo el aire. En la propia sala funcionaba un mostrador con artículos electrónicos como memorias usb, teclados, audífonos y afines, y funcionaba un punto de servicios de Etecsa, la Empresa de Telecomunicaciones que mantiene el monopolio de las comunicaciones y como tal, mantiene a sus usuarios entre la insatisfacción y el disgusto. Y digo funcionaba, porque nadie me supo decir si volverá a funcionar, solo en el parqueo con mucha premura, una empleada cuya imagen corporativa incorpora uniforme una talla menor de la necesaria, uñas acrílicas, pelo keratínico y El fachismo corrientemedias negras de encaje, sin levantar mucho los ojos y menos la voz, me dijo que había habido “tremendo explote”. Un taxista informal de los que anda a la caza de algún refrigerador a domicilio, fue el que me contó que tremenda gozadera vendiendo artículos privados, mucho más baratos que los de la tienda.

No son solo las tiendas. Yo recuerdo, muchos recuerdan, hace como quince o veinte años, el escándalo en la Dirección de Relaciones Internacionales del Ministerio de Cultura, donde se armaban delegaciones artísticas sin artistas por el módico precio de 500 CUC de los de entonces. Ahora tocó el turno al Consejo de las Artes Escénicas, y la información llegó de rebote desde Colombia, México o Centro América con toda esta trabazón migratoria, donde algunos de esos vigorosos reclamantes de derechos en ultramar, que lo mismo de profesionales universitarios que de malvivientes, aprendieron a actuar aunque jamás se subieran a un escenario; andan exigiendo con un pasaporte de color rojo, es decir, oficial, autorizado por el susodicho Consejo que se supone viabiliza los viajes de actores y grupos teatrales. Antes ya había sido en Patrimonio y Bienes Culturales por asuntos iguales o parecidos y por algún que otro faltante en las obras de arte y algún que otro sobrante en las obras constructivas que parecen haber sido el motivo de la salida por la puerta del fondo del anterior Ministro de Cultura.

Hasta un octogenario luchador revolucionario había amasado una recatada fortuna para el futuro, ese mismo que iba a pertenecer por entero al socialismo. Tronadísimo apenas dos meses después de un anodino artículo por los 90 de Fidel Castro en el ya de por sí anodino periódico Granma.

Nada que asombre a los cubanos, que de vez en cuando reparamos en que la corrupción nos acompaña a donde quiera que vayamos. La empleada de imagen corporativa y los funcionarios culturales como ya dije, comparten el salario como símbolo. En el otro caso, yo no sé a ustedes, pero a mí el affaire del octogenario luchador (para los desinformados, su nombre es Héctor Rodríguez Llompart), me dice algo de cómo deben andar las cosas entre “los históricos”.

#DíaInternetSeguro

Hoy se celebra en todo el mundo el Dia de Internet Seguro. Buenas prácticas deben acompañar la navegación para beneficio del navegante; así nunca tendrá la sensación ácida de que su página de Facebook ha sido tomada por contenido indeseable, o se quede sin acceso al correo electrónico con toda su correspondencia; eso para no mencionar el desastre de una página web hackeada, y todo por no seleccionar una contraseña más allá de “contraseña” o “1234”.

Muchas veces, cuando hablo de estos temas me miran con sorpresa o con franca indiferencia y creen que “mis contenidos no son secretos”, siempre digo que los míos tampoco, pero mantener la seguridad y la privacidad de los datos es mi derecho; mucho más en un país donde las (malas) prácticas intrusivas son parte de la cotidianeidad.

A propósito de “Santa y Andrés”

En el año 1988 el poeta holguinero Delfín Prats ganó el premio de la crítica con su poemario Para festejar el ascenso de Ícaro, y un amigo de aquella época que no quiere ver su nombre en mi blog, la noche de la premiación llevó a Delfín a mi casa. Momento de celebración y de alegría, pues el premio, venía a ser como la reivindicación de Delfín, homosexual y poeta en una ciudad de provincias. Pero aquello también fue una encerrona. En medio de los brindis, y luego de que me dedicara su libro recién premiado, le dije que le tenía un regalo, y puse en sus manos Lenguaje de Mudos, su poemario Premio David de poesía 1968. Delfín me miró, miró el libro y rompió a llorar. Era la primera vez que veía su libro impreso, pues aquel cuaderno de formato apaisado, no circuló, lo hicieron pulpa por incluir poemas de contenido homosexual.