Sociedad

Temas de actualidad en Cuba

Privatizados?

Ya me había llamado la  atención en los ómnibus del transporte urbano la presencia del antiguo “conductor” (aunque quien conduce sigue siendo el chofer). La función es ignorar la alcancía y entregarle el importe del pasaje. Curiosa como soy, conversé con uno de ellos y me enteré de algo que nuestro informativo periódico Granma no ha recogido.

Según palabras del conductor (y del chofer que se sumó a la plática), las guaguas son prácticamente arrendadas a los trabajadores, pues ellos deben correr con el arreglo y las piezas de repuesto, que los chinos no mandan pues el Estado no paga, pero si se rompen, ellos no cobran, por lo que de manera oficiosa la Empresa de Òmnibus ha transferido el problema a los choferes. Lo del conductor es que se ponen de acuerdo, como el chofer no puede estar al tanto del pago, otro trabajador de la base (chofer él también), es quien se ocupa de velar por el cobro puntual de cada pasajero.

Del porciento que les corresponde, deben reservar una parte para los arreglos del ómnibus. Un porciento muy menor al que exige la Empresa, que se queda con más de la mitad, se quejan mis interlocutores, y se quejan más:

–Lo único que sale en el periódico son las quejas de la población, pero de lo que estamos pasando nosostros, nadie habla.

Les pregunto por la música. Se ha hecho normal que en todas las guaguas haya música del gusto del chofer. Estos de hoy, llevan música romántica.

–A mí me gusta la timba y algunos reguetones, pero esta música tranquiliza, si con esta me busco líos, imagínese si le pongo esa otra.

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¿De forma o de contenido?

La igualdad de géneros es un largo camino en una sociedad machista como la nuestra. Tan machista que ni siquiera ha prosperado la aprobación de una ley para el matrimonio de personas del mismo sexo, a pesar de que la principal defensora de dicho proyecto es hija de nuestro General-Presidente.
Escuchaba este fin de semana en televisión a un panel de expertas disertar sobre el lenguaje sexuado; se criticaba el machismo imperante en el lenguaje y hasta en las leyes, y se exhortaba a erradicar esa minusvalía entre otras cosas sustituyendo con los artículos femenino y masculino la generalización masculina tan al uso.
Yo debo ser medio retrógrada a pesar de creerme lo de la igualdad porque eso me parece de una superficialidad absoluta; es dar un carácter semántico a un problema de profundo arraigo mental y social.
No me parece importante si se habla de “los niños y las niñas”, me parece importante que se erradique el juego donde los roles están predeterminados por el sexo; tampoco encuentro importante que se alargue una oración para decir “las jóvenes y los jóvenes”, en cambio es muy preocupante esa mirada machista que me devuelven los textos del reguetón o los videoclips. Me molesta la impostación cuando se mencionan “las mujeres y los hombres”, pero siento gran impotencia ante el abuso físico y verbal que se manifiesta de manera cotidiana en la sociedad; más todavía cuando es soterrado y ejercido desde una posición de poder.
A esas y esos puristas de la igualdad les pregunto si creen que remendando la forma van a resolver el problema de contenido; tan dispuestas y dispuestos están esas valedoras y esos valedores en su cruzada, que en cualquier momento veo a las niñas y los niños cantando en su acto patriótico: Al combate corred bayameses y bayamesas…

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Naty

Con Naty en su terraza
Naty Revuelta desde el sábado nos hace una falta sin fondo. Si algo contrasta de manera dramática con su vida intensamente social es la semiclandestinidad de su muerte. Una muerte anticipada desde meses atrás luego de sufrir un accidente cerebro vascular del que pareció salir bastante airosa, pero que la dejó según prescripciones –médicas, o familiares, o ambas– en un profundo aislamiento. Invitarla a almorzar ya fue imposible; visitarla se convirtió en un asunto complicado. Aunque durante más de veinte años entré en su casa con la misma falta de protocolo con que ella entraba en la mía, me vi obligada a pedir citas luego de varios fracasos para verla, justo frente a su puerta. Cuando lográbamos hablar, se quejaba de aquel ostracismo involuntario al que se encontraba sometida. No puedo decir que su mente fuera igual de lúcida después del accidente; era repetitiva con algunos temas, pero hablaba con total coherencia de lo que le sucedía y estaba consciente del muro que habían levantado en torno suyo. Sin saber hasta dónde llegó la prescripción médica y el celo filial, estoy segura de que sus últimos meses pudieron ser mejores si hubiera contado con la cercanía de sus amigos.
Hablé con ella por teléfono el lunes pasado; se había caído de nuevo y la habían llevado al médico, pero creía no ser grave pues estaba de regreso en la casa. Le anuncié que pasaríamos mi marido y yo a verla el martes sin falta y se puso muy contenta con la perspectiva. Ese mismo lunes por la noche, ingresó de urgencia y según me dijeron, poco después del ingreso perdió la conciencia. Ojalá se haya quedado esperando mi visita.

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Con C mayúscula

Muchas voces que se consideran democráticas, condicionan las alianzas, ya sean tácticas o estratégicas, o el diálogo con sus oponentes políticos, a dogmas. La postura frente al Embargo, ahora añadido el reinicio de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, divide las aguas.
Ese condicionamiento de que nuestra vida interna pase por la vecindad con los Estados Unidos y el correspondiente antimperialismo en sus antípodas, debilita la lucha por la democracia y es una baza política que solo beneficia al gobierno cubano. Ese tema no concierne al diálogo ciudadano que debe enfocarse sobre aspectos inmediatos como la relación del salario y el gasto, el uso de los impuestos, el destino del presupuesto nacional. La sociedad debe realizar un esfuerzo mancomunado por disminuir las profundas diferencias sociales; no empobreciendo sino enriqueciendo, y eliminar las trabas que impiden un mayor desarrollo económico.
Resulta muy demagógico haber decidido mediante un referendo chapucero, un modelo social “eterno” cuya eternidad no solo no ha exhibido resultados positivos en ninguno de los países en que se ha intentado, sino que es objeto ahora mismo en nuestro país de una cantidad tal de disgresiones que es tarea de pillos demostrar que vivimos en un  socialismo. Más difícil de demostrar aun cuando las medidas para paliar la crisis económica apelan a remedios capitalistas.
Resulta también muy irresponsable diseñar un destino cerrado que no vivirán los votantes sino sus herederos, que espero que con sentido dialéctico, pero sobre todo con sentido común, se quiten de encima ese destino en cuanto puedan.
Necesitamos una discusión abierta de cómo proteger y hacer cumplir los derechos humanos en pleno, despojándolos del halo de malignidad y parcialidad que les ha conferido el gobierno a conveniencia y haciéndolos vinculantes. El papel de la sociedad civil en estos retos es protagónico.
Más que definir si estamos a favor o en contra del Embargo o de relaciones diplomáticas al margen de la sociedad, se trata de definir si estamos a favor o en contra del Cambio.

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Todo para vender

 

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Conferencia económica muy económica

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Hablar de la economía cubana en estos tiempos es complejo, pero si además se logra sin alardear de Marx o de Keynes, yo por lo menos, lo agradezco. Por eso hice un viaje en el P3 hasta la Avenida de Acosta y Diez de octubre que de tan entretenido, me resultó corto. Un cuarentón de aspecto corriente le explicaba a su vecino de asiento las características de nuestra situación económica actual como en esos libros para lerdos donde nos explican hasta la teoría de las cuerdas y uno no es capaz de repetir qué cosa es un leptón, pero siente que ha entendido la esencia de algo que hasta ese momento era misterio.
Volviendo al P3, con esa forma tan natural de hablar alto que tenemos los cubanos, el cuarentón hablaba a gritos, me imagino que además supusiera que el rugido del motor del ómnibus ahogaría sus palabras. Por eso, todos los que íbamos cerca de él en la guagua necesariamente escuchábamos; pude comprobar con un vistazo que casi todos los pasajeros que alcanzaban a escuchar no se perdían una palabra.
Su compañero de asiento casi parecía lamentar tener que bajarse de la guagua en la misma parada mía. El cuarentón siguió viaje, y remató desde la ventanilla: –Pero no te preocupes mi socio, que de jodío pa´lante, no hay más pueblo.
No salía del asombro porque la lengua de aquel hombre había sido un bisturí populachero pero infalible con el estado actual de la economía; ya quisiera el doctor Juan Triana o cualquiera de los asesores de la “actualización del modelo” tener aquel don para conectar lo mismo con un “repa” de cuidado pelo, que con un moreno en uniforme de SEPSA, que conmigo. Todo por el módico precio de cuarenta centavos en moneda nacional. El precio del pasaje.

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