Ojo: Datos

Durante el Forum Mundial de Gobernanza de Internet celebrado a fines de diciembre de 2017 en Ginebra, se dio la curiosidad de que la palabra más mencionada en los diferentes foros, fue la palabra data.

El término Big Data ha ido calando cada vez con más fuerza entre las múltiples partes interesadas en la Gobernanza de Internet. Desde que en 2006 el matemático inglés Clive Dumby lanzara la frase que se asocia con el boom de los datos: “Data is the new oil”, ese nuevo petróleo a diferencia del orgánico, no ha hecho más que crecer de manera exponencial, y es un recurso “renovable”.

Imposible de dar forma sin complejos programas y potentes procesadores, para que esa cantidad enorme de información sea aprovechable; para hacer realmente valiosos esos datos, debe cumplirse lo que se conoce como la regla de las 4V: Volumen, Velocidad, Variedad, Veracidad, que se explican por sí solas.

Según la idea más difundida, se trata de los datos que generan las redes sociales en su conjunto; sin embargo estos datos representan una pequeña cantidad del volumen global –pero– son los datos que permiten elaborar perfiles, y que pueden terminar violentando el derecho a la privacidad como ya se ha demostrado.

Algo tan difundido y cotidiano como el teléfono móvil, aún con los datos apagados, es una fuente emisora y mediante la triangulación de las antenas, constantemente lo pueden mantener geográficamente ubicado. Una conferencia TED ofrece una interesante perspectiva al respecto.

Casos como el de Dumby que se hiciera millonario creando fidelización a una marca por el manejo experto de Big Data para conocer gustos y tendencias, han motivado a muchos a crear sus propios emprendimientos con el análisis de datos.

Para otros, el estudio de esta información puede predecir sequías y evitar hambrunas; puede mejorar la vida del ciudadano optimizando la gestión administrativa en lo que se conoce como Open Goverment, o puede ser decisivo en el diagnóstico clínico. Esta es, digamos, la zona amable del Big Data, porque en su vertiente más oscura, en manos de compañías y/o gobiernos inescrupulosos, ¿Qué no podrán deducir de la vida privada de los individuos?

En muchos países se han abierto esas bases de datos para incentivar el emprendimiento y la innovación y como muestra de transparencia. Pero como en Cuba no podemos esperar esa apertura por parte de un gobierno secretista por excelencia, el cuidado de los datos es una responsabilidad individual. Qué compartimos en las redes sociales, qué hablamos por teléfono, el contenido de nuestra correspondencia tanto tradicional como electrónica.

Y si queremos mayor privacidad, dejemos el celular en casa.

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Propiedad Intelectual en Cuba: Reimprimir, Reeducar, Reinsertar, Repensar

De acuerdo con la Organización Mundial para la Propiedad Intelectual (OMPI), propiedad intelectual es “cualquier propiedad que, de común acuerdo, se considere de naturaleza intelectual y merecedora de protección, incluidas las invenciones científicas y tecnológicas, las producciones literarias o artísticas, las marcas y signos distintivos, los dibujos y modelos industriales y las indicaciones geográficas”.

El campo de protección abarca tanto a las obras más tradicionales como a las asociadas a las nuevas tecnologías: producciones multimedia, bases de datos o programas de computación. Se supone que la protección del derecho de autor estimula la creatividad y favorece el desarrollo cultural y social. El carácter absoluto de dicho aserto es porfiado por quienes defienden la cultura libre.

Dejaremos a un lado las marcas, patentes y toda lo relacionado con la protección de la propiedad industrial para situar el foco en la creación artística protegida por derecho de autor. En particular, miraremos la forma en que esta creación se difunde y/o comparte, por ser un tema de actualidad que reviste en Cuba características peculiares.

Cuba es firmante del Convenio de Berna enmendado en 1979. La ley cubana de derecho de autor data de 1977 con modificaciones mediante decretos-ley que llegan hasta los primeros años de la pasada década. Sobre propiedad intelectual y derecho de autor se imparten temas no solo en la Escuela de Derecho, sino en el Instituto Superior de Arte (ISA), el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI) y la Facultad de Comunicación Social. La actualización de la ley es un imperativo para adaptarla a los cambios de la era digital.

En la práctica hay un celo ejemplar por la protección de la propiedad intelectual cubana en el ámbito internacional, lo que contrasta con la laxitud en el respeto a la propiedad intelectual ajena que ha prevalecido al interior de nuestras fronteras. Las restricciones para acceder a información de calidad en el ámbito científico-técnico hicieron que en la década de los 60 publicaciones como Scientific American, Science o Science & Vie fueran reproducidas inconsultamente para hacerlas llegar a las hemerotecas de los centros de documentación de diversos organismos del Estado y centros de educación e investigación. En la década de los 80, con el auge de los ya desaparecidos videos en formato Betamax, Omnivideo, una empresa adscrita a la Corporación CIMEX, vendía en las tiendas en divisas copias cinematográficas no autorizadas. De otra parte, es práctica habitual de la televisión cubana reproducir materiales ocultando el logotipo del canal del que fueran tomados.

Todas estas prácticas han tratado de justificarse éticamente con el argumento de “ruptura del bloqueo”, pero dejan fuera la discusión más profunda que desvela lo ilógico del contraste ya expuesto. El derecho de autor no es solamente la protección del derecho de los titulares. Es también la creación de un escenario propicio para que circule el arte, el conocimiento, la ciencia y la cultura. El marco jurídico debe reflejar ese equilibrio, solo así una sociedad puede explotar y aprovechar los avances tecnológicos.

El derecho de los titulares y la lucha contra la piratería

Son muchos los grupos que defienden que la piratería ha sido el instrumento para que el conocimiento, la cultura y la ciencia se democraticen. Se sostiene que EEUU tan solo se vuelve protector del derecho de autor cuando desarrolla sus propias industrias culturales después de haber pirateado ampliamente las obras británicas. Sin embargo, durante las últimas décadas los tratados internacionales reflejan una tendencia regulatoria proteccionista que presiona a los países para fortalecer sus mecanismos legales de protección. A medida que Cuba ingrese a las lógicas de la economía de mercado, los vendedores de discos, que rellenan sus dispositivos ópticos con toda clase de material protegido por derecho de autor, se verán acorralados ante la conciencia de que alientan una actividad ilegal.

Es importante reconocer que, como sucede en la mayoría de las economías subdesarrolladas, los discos piratas y otros soportes digitales igualmente al margen de la distribución legal continúan siendo la mayor forma de acceso a la música grabada y a las películas. Mientras los discos legítimos de música cubana oscilan entre los 15 y los 25 pesos convertibles, el mismo disco en el mercado alternativo no cuesta más de 3. En el caso cubano, el conocimiento de cómo funciona y se distribuye El Paquete Semanal, sirve para entender la dinámica interna.

Internet es prácticamente inexistente para la sociedad cubana. Son pocas las personas que pueden tener una conexión doméstica y las públicas son irregulares y todavía muy caras. Esto favorece que coexistan los discos grabados, las memorias USB y discos portátiles debido al alto número de reproductores de CD/DVD que todavía existen en el país. Todo apunta a que dicho modelo debe cambiar. De regularizarse las relaciones bilaterales con los Estados Unidos y/o el debilitamiento de las leyes de embargo comercial contra Cuba, se pone en perspectiva el uso sin restricciones de material protegido.

Quienes gestionan el ya mencionado Paquete Semanal, de manera creciente, han ido incluyendo publicidad comercial del emergente sector privado de la isla. Esto podría permitirles una caída relativamente suave cuando sea punible trasegar productos protegidos por el derecho de autor, dándoles la opción de reconvertirse en empresas de publicidad.

Para los que venden discos el camino será diferente. El deseo de legitimarse generará iniciativas como pudieran ser acuerdos con artistas locales para funcionar como distribuidores de ese material. Experiencias como las de sus pares en Ecuador o Bolivia, muchos reconvertidos por el esfuerzo mancomunado de las instituciones interesadas y el Gobierno, de vendedores de producción pirateada, en comerciantes que tributan al fisco y privilegian a los artistas nacionales con pago por ventas. Para ello, se han bajado los costes de los CD de música y se apela al fomento del mercado nacional y a un estatus legal del vendedor, antes inexistente.

Cuba debe comenzar a pensar en la transición. ¿Cómo se puede propiciar un mercado interno manteniendo los empleos e ingresos que se están creando y permitir a los titulares recibir ingresos por la explotación de su obra? Esta es la arista comercial.

Sin embargo, y al igual que en el resto de los países, ninguna legislación pudo prever el cambio que supondría la popularización de la información y el conocimiento que traería internet con aspectos tanto positivos como negativos. Es inevitable repensar esto dada la nueva forma en que viaja la información, y está calando en la conciencia popular el derecho a acceder a contenidos protegidos.

La Cultura Libre

La complementación de saberes que aprovecha la tecnología digital donde el costo de reproducción es cercano a cero, se traduce en un salto en el nivel de acceso a la información y la cultura nunca antes visto en una proporción jamás imaginada. Es inevitable contaminar y contaminarse con las opiniones y conocimientos que, en cantidades masivas, se comparten en las redes sociales, en las publicaciones digitales 2.0, donde cualquiera puede dejar su comentario.

Internet, pero sobre todo la filosofía del software libre, han propiciado que aparezcan categorías como copyleft (juego de palabras contrario al copyright), o Creative Commons, ambas afines a la cultura libre. La popular Wikipedia es una creación colaborativa por antonomasia.

Esa capacidad de internet y de la tecnología digital de distribuir ampliamente contenidos choca con la premisa central del derecho de autor de pedir permiso para usarlos. En la búsqueda por mecanismos legales que permitieran aprovechar estas características se retoma la filosofía del software libre que se apoya en licencias copyleft y modifican el efecto del modelo legal del derecho de autor. En las licencias copyleft se aprovecha la titularidad para otorgar permisos muy amplios a otras personas en el uso del material protegido con una sola condición: si lo que se hace con el material es modificarlo para una versión derivada, se debe mantener la licencia en el nuevo material para que se perpetúe el efecto de reutilización amplia. Inspirados en estas ideas, surgen a principios del siglo XXI las licencias Creative Commons, que se presentan como una serie de 6 licencias. Una especie de menú a disposición de quien crea para elegir si da más o menos permisos de reutilización de su obra.

El desarrollo y fomento estatal por estas licencias abiertas que se asocian con la idea de cultura libre fomenta una serie de iniciativas donde el aspecto comercial se desplaza. En su lugar, el protagonismo está en aprovechar la tecnología para distribuir ampliamente los contenidos. Por ejemplo, los recursos educativos abiertos, iniciativa de importantes instituciones docentes de compartir la totalidad de sus materiales para la docencia avalada por la UNESCO, ha sido adoptada por muchas instituciones académicas y promovida por gobiernos como el de Polonia o EEUU.

De otro lado, en las periferias económicas y políticas, en ese ámbito dejado, la piratería tiene un papel muy bien establecido como estrategia de desarrollo que facilita la circulación de los bienes del conocimiento. La piratería tiene también un claro rol político como contrapeso del control centralizado de la información, ya sea a cargo del Estado o de intereses privados.

Las flexibilidades de Derecho de Autor, la ciencia y la cultura

No se puede dejar solo en manos de la voluntad de las personas el acceso más amplio a las obras protegidas. El derecho de autor, en su propia arquitectura, tiene pesos y contrapesos. Como mecanismo de equilibrio para los privilegios de quienes crean obras, las normas de derecho de autor prevén que, una vez vencido el plazo de protección, las obras pasan al dominio público y el autor ya no puede controlar la explotación comercial (los derechos morales son perpetuos). Así, cualquier persona puede reutilizarlas sin pedir permiso. Adicionalmente, durante el plazo de protección (en Cuba es de 50 años), la ley reconoce casos excepcionales. Dadas unas condiciones que suelen ser muy restrictivas, las personas pueden reutilizar las obras protegidas sin pedir permiso, pues a través de ellas navega el conocimiento y la cultura de la sociedad. Es por eso que podemos “citar, parodiar o usar con fines académicos” las obras.

Los tratados internacionales han generalizado en forma eficiente la protección de los titulares, pero han dejado en manos de los Estados legislar sobre las excepciones. Esto ha propiciado, sobre todo en países en vías de desarrollo, unas listas que suelen ser limitadas y muy restrictivas. Contrasta, por ejemplo, con Estados Unidos, donde, más allá de listas cerradas tienen una cláusula abierta que permite a los tribunales analizar con criterio más amplio si el uso de una obra sin autorización del titular puede considerarse como justo. Y, por tanto, no violaría el derecho de autor.

A medida que Cuba ingrese en el mercado internacional, las presiones serán por el cumplimiento de las protecciones. Si no lo hace en equilibrio con el derecho de las personas, va a tener problemas graves de acceso al conocimiento, la ciencia y la cultura, además de otros derechos. La ley cubana tiene muy poca flexibilidad que ni siquiera atiende las necesidades de la era previa a internet.

Veamos un solo ejemplo para demostrar el problema. Es usual en las leyes de derecho de autor contemplar excepciones para usar noticias de actualidad sin que eso se considere una violación al derecho de autor. Los noticieros en el mundo reproducen, por ejemplo, las imágenes del último ataque terrorista sin temor de ser demandados por el noticiero local que las obtuvo. Esto

en Cuba no es posible y obliga a los informativos a la ilegalidad. La información de actualidad es excepcional y cualquier ley debe reconocer su utilización más allá del derecho de autor.

En suma, los debates acerca de los límites entre compartir conocimientos y la protección de la propiedad intelectual no han hecho más que comenzar. Discutir, analizar los efectos locales y proponer un marco jurídico equilibrado es una obligación impostergable por las partes interesadas en Cuba.

Un sitio, muchas voces (o cómo se siguió el ciclón desde las redes sociales)

Es época de noticias falsas y Líber Barrueta, un cubano-sueco afincado en Miami tiene un sitio web de estas fake news donde de forma sarcástica se refiere al modo en que la prensa aborda las noticias. Pero ni la construcción de un sistema subterráneo de transporte en La Habana, ni Tony Castro hablando de los uniformes del equipo de béisbol, ni siquiera las nuevas regulaciones aduanales que mucha tinta hicieran correr, le han generado tanto tráfico a Líber como el que ha tenido en su cuenta personal en las redes sociales entre los días 9 y 10 de set.

Son días que los cubanos no olvidaremos fácilmente. Irma se encargaría de recordarnos de lo que es capaz un poderoso huracán. Líber, quien tiene un gran número de amigos en Facebook, donde elabora y comparte videos motivacionales, comenzó a compartir en su muro las informaciones sobre el fenómeno meteorológico. Pero eran informaciones siempre atrasadas, ya que esperaba a que la televisión o la radio dieran algún parte. Un amigo residente en otro estado le llama al ver sus actualizaciones y le recomienda la app Windy.com, que permite seguir los eventos meteorológicos en tiempo real. Líber la instaló en su computadora además de en el teléfono cuando vio la información tan completa que dicha aplicación ofrece, y comenzó a estudiársela, pues sus conocimientos sobre meteorología son los de cualquier cubano que ha visto al Doctor José Rubiera por la televisión. La necesidad lo hizo comprender gráficos, velocidades de traslación, modelos de trayectoria, interpretar los hectopascal para en cinco minutos hacer un curso intensivo y autogestionado de meteorología.

Cuando Irma comienza su azote sobre el territorio de Cuba, Líber transmite ininterrumpidamente durante cuatro horas apoyado en Windy y en los boletines especializados. Y se produce una reacción que da la medida del poder de las redes sociales: desde diferentes partes del mundo, cubanos y extranjeros comienzan a interactuar en el muro de Líber, ya fuera para hacerle preguntas puntuales sobre el fenómeno, para indagar sobre lugares y personas bajo la amenaza del huracán o para compartir imágenes de las zonas afectadas. Desde puntos tan disímiles como Escocia, Rusia, Angola, desde la propia Cuba, llegaron hasta el muro de Líber para construir de esta manera informal pero pormenorizada, los avatares del evento.

Luego de un receso, transmitió por cuatro horas más, un descanso para dormir, y otras dos hasta quedarse sin electricidad y sin conexión a internet. Quizá no tuvo demasiados “deditos” (likes), pues el momento no era para eso, pero recibió más de 50 000 visitas, los comentarios pasaron de 1000 y dejó de contar en 300 los mensajes privados. Las nuevas solicitudes de amistad llegadas tras esta experiencia sobrepasan la capacidad de Facebook para una cuenta personal.

Todavía sin salir del susto por el paso del ciclón y del asombro por la acogida de sus reportes, este Licenciado en Educación en la especialidad de Filosofía e Historia, me confiesa que nunca había sentido interés especial por la meteorología, solo el hecho de vivir en una zona marcada por los ciclones tropicales, pero luego de la extraordinaria experiencia vivida con Irma, lo que comenzó siendo un afán de mantener informados a sus amigos en todas las latitudes, con una información fresca, real y continuamente actualizada durante 10 horas, se ha convertido en una motivación por conocer más acerca de esta materia. Líber es consciente de que muchos de los que visitaron su muro no tenían la posibilidad o la habilidad para recibir información en tiempo real de Miami y mucho menos de Cuba.

Líber Barrueta afirma que sin la ayuda de su novia Katya Moreira y sin el apoyo de la familia de ella le hubiera sido imposible reportar, comentar, conectar, contestar, todo al mismo tiempo en un ritmo frenético. La suegra, quien al principio no entendía lo que hacía, se convirtió en una colaboradora más. No importa que en la familia creyeran que al no ser un especialista no sería capaz de hacerlo bien. –Las personas están acostumbradas– dice, –y esta es una idea muy difundida, que sólo es válido lo que la prensa tradicional publica, y así ocurre en muchos países. Poco a poco van entendiendo que se le debe dar un voto de confianza al ciudadano.–

El acompañamiento de una carga no acompañada

(publicado originalmente el 3 de set en 14ymedio.com como La odisea de tramitar un envío en la Aduana)

Según la disposición aduanal vigente, los cubanos residentes en Cuba pueden pagar en moneda nacional los impuestos sobre una importación al año pero, para las siguientes, tienen que hacerlo en CUC. Algunos han visto en esta situación una ventana de oportunidad para importar bienes que no existen en las tiendas o cuyo precio es demasiado elevado; otros que cuentan con pasaporte extranjero o visado múltiple se ofrecen en alquiler como mulas para aquellos cubanos que no pueden salir de la Isla.

La ley es intrincada, ya que esa importación está limitada a los artículos y cantidades establecidos en un copioso listado. Es una importación única, es decir, todo debe comprarse y embarcarse en un solo envío, pero además la suma de lo importado no puede exceder una cantidad de puntos, determinados para cada artículo en la propia lista.

Pareciera que lo complicado es hacer los cálculos para la compra y enviarla por vía marítima para Cuba (la vía aérea es muy cara y cada vez más limitada por las líneas comerciales) bajo el rótulo de “carga no acompañada”

Pasan varios meses hasta que la empresa de transporte avisa al beneficiario de que puede pasar a recoger sus bultos. No obstante, no conozco ningún caso satisfactorio de la experiencia. Aunque se supone que los horarios están pensados para que los usuarios acudan por turnos y de manera escalonada, en la práctica esto no se cumple, lo cual convierte la experiencia en lenta y desorganizada.

Largas horas habrán de transcurrir en un local sin ventanas, atestado de personas, con un número de asientos muy por debajo de los necesarios, con un aparato de aire acondicionado absolutamente insuficiente (y por tanto, ineficiente). Un televisor en lo alto de la pared aporta imagen y ruido, pero es imposible escucharlo en medio de un gentío ansioso e incómodo hablando a la vez. Cada cierto tiempo se abre una puerta y se vocea un nombre, casi siempre mal leído y peor dicho, lo cual genera revuelo y confusión entre los que se creen llamados.

Los experimentados, que no son pocos, llevan alguna lectura, ropa cómoda, agua y merienda. Principalmente porque la cafetería anexa a la recepción, que parece tan bien surtida por la mañana con bocadillos de jamón y refrescos enlatados, al mediodía ya no tiene nada que vender, y la ubicación, en el Anillo del Puerto cerca de Regla, es un peladero donde no hay más que carretera.

Como es de esperar los “vivos”, tras haber pagado a algún funcionario o a alguien que haga la cola por ellos, llegan tarde, relajados, sonrientes, ¡Y se van enseguida! “Aquí todos somos cubanos, así que no se vayan por el fondo que lo que hacen es molestar”, advierte una funcionaria de la aduana, pese a que muchos no prestan atención al aviso ni a las visitas de los funcionarios.

Una vez traspasada  la puerta de la ansiedad, se llega a una enorme nave donde los bultos están dispuestos según su destinatario. Es el momento de verificar la carga contra el manifiesto. Ese también puede ser el momento amargo en el que, a pesar de la lectura exhaustiva de la Ley de Aduanas y de los consejos de los más experimentados, se puede ver retenida y hasta decomisada una parte o la totalidad de la carga por una disparidad en la documentación o por algún artículo no permitido o que excede los famosos puntos que limitan la cantidad.

Una vez recibido el envío, si se consigue, hay que hacer la cola para pagar. A continuación los montacargas sacan los bultos y los apilan en un patio. Como es de suponer, estos no salen en el orden en que fueron llamados, sino en el que impone el operario del montacargas según las “donaciones” recibidas. Ante todo, no se debe enfurecer a ese trabajador porque su labor todavía será imprescindible para trasladar los bultos desde el patio hasta el transporte que los llevará a su destino. Solo entonces, al llegar a casa exhausto y hambriento, ya casi de noche, uno podrá considerarse pleno propietario de sus artículos.ar. A continuación los montacargas sacan los bultos y los apilan en un patio. Como es de suponer, estos no salen en el orden en que fueron llamados, sino en el que impone el operario del montacargas según las “donaciones” recibidas. Ante todo, no se debe enfurecer a ese trabajador porque su labor todavía será imprescindible para trasladar los bultos desde el patio hasta el transporte que los llevará a su destino. Solo entonces, al llegar a casa exhausto y hambriento, ya casi de noche, uno podrá considerarse pleno propietario de sus artículos.

Avatares de una “regulada”

{Publicado originalmente en 14ymedio}

Ahora mismo debería estar en Panamá. Pero el 31 de julio, al presentarme en el mostrador del aeropuerto internacional José Martí se me hizo pasar a una oficina donde una uniformada de Inmigración me informó de que no podría viajar por estar “regulada”. La palabra tiene connotaciones desagradables pues la regulación más frecuente en Cuba es la regulación menstrual. En todo caso, preguntar por la causa de semejante prohibición con esa funcionaria fue inútil. No parecía saber más allá de la mala nueva, y es lógico que no tenga los detalles, dada la forma en que funciona (o se supone que funciona) la compartimentación del trabajo dentro del Ministerio del Interior.

Puedo deducir con acierto que dicha medida proviene del departamento que “atiende” a los opositores, conocidos como Sección 21 o Enfrentamiento de la Dirección de Contrainteligencia. Para saber por qué estaba “regulada”, la antigua villa de descanso de los Hermanos Maristas en la Víbora se perfiló como el lugar de las preguntas.

Un oficial de guardia (visitador, creo que lo llaman) se encargó de escuchar la reclamación y tramitar la respuesta. El oficial marcó el teléfono y pidió a la teniente coronel Kenia, le explicó que yo estaba frente a él preguntando por las razones de la “regulación”. Al otro lado del teléfono, la persona pidió mi nombre y apellidos y, tras una pausa, la respuesta fue desconcertante: la Sección 21 no es responsable de mi prohibición de salida del país.

Yo, que tengo una idea –anticuada pero idea al fin– de cómo trabaja la contrainteligencia, sé que si no tienes una multa de tráfico o una contravención por pisar el césped, ni trabajas para ningún organismo del Estado, pero haces periodismo independiente y crítico, las cábalas marcan 21.

Pero el oficial visitador, muy convencido de que mi magro expediente de opositora no clasificaba para la liga del 21, me sugirió visitar las oficinas de Atención a Ciudadanía de Inmigración donde –y fueron sus palabras y no mi interpretación– me dirían quién me tenía “regulada” y por qué.

Después de algunos tumbos con la dirección del lugar, llegué a la calle 20 casi esquina con 7ª, en Miramar. No omití detalles a la funcionaria que me recibió y fui directa: iba a México el 26 de junio pasado invitada a una reunión política y no se me permitió viajar. En aquel momento no indagué por la medida, pues me pareció parte de una estrategia para abortar o deslucir la reunión ya que, al igual que yo, un numeroso grupo de asistentes se quedó en tierra por decisión de las autoridades. Pero este 31 de julio, no iba a una reunión política, iba al Foro Latinoamericano y del Caribe de Gobernanza de Internet, un evento auspiciado por la ONU. Como no pertenezco a ningún partido y solo soy jefa de mis opiniones, quería saber quién y por qué me mantenía “regulada”.

La funcionaria, una capitana, lo primero que me aclaró fue la equivocación del oficial de Villa Maristas: ellos no podían dar información sobre por qué y quién decide esa parte de mi vida, pero consultaría mi caso con su superiora, teniente coronel y jefa del Departamento de Atención a la Ciudadanía.

Alivié la espera, de 40 o 50 minutos, leyendo. Luego, la capitana escribió en un papel mi versión y puso al final de la página mi número de teléfono. Entonces me comunicó que la jefatura había tomado la decisión de desregularme a partir del miércoles.

– ¿Es decir, que puedo montarme en un avión a la una de la madrugada de martes para miércoles?

La capitana respondió que sí, y, jovial, añadió que, por si acaso, lo hiciera después de las ocho de la mañana.

Le agradecí la atención y salí caminando bajo un tremendo aguacero. Apenas 20 minutos después de haber abandonado la oficina de Inmigración, sonó el teléfono. Era la capitana jovial con una contraorden: “No, no puede viajar hasta nuevo aviso y le será notificado”.

Ahí es cuando uno se pregunta cuál es la idea de la policía política y de las directrices que reciben, porque mi participación en el evento no tiene relevancia noticiosa, pero mi ausencia sí.

¿Por qué el Gobierno es tan sensible cuando se le acusa de violar derechos humanos? ¿De qué Estado de Derecho presumen si no respetan su propio cuerpo de leyes modelado a lo largo de este largo autoritarismo? ¿Qué temen, si la propaganda siempre insiste en el apoyo irrestricto y combativo de nuestro pueblo trabajador?

¿Pero qué hago haciéndome preguntas retóricas?

Una deuda con Bogotá

Había pensado escribir de las primeras impresiones que me ha dejado Bogotá, impresiones profundas por el contraste de gente tan cálida que no parecen arrastrar 6 décadas de violencia. Había pensado escribir de la ciudad dominada por iglesias y ladrillos, del mango verde con limón y pimienta, de la hermosa cadencia que dan al español, incluso desde los detestables altoparlantes de unos vendedores avispados; de eso y más pensaba escribir mientras ayer caminaba por la Calle Séptima llena de familias en bicicleta o de paseantes de domingo.

Pero eso fue ayer y hoy lunes veo los detalles del plantón en Venezuela con su saldo macabro. Veo a Lilián Tintori denunciando al que debía ser el Defensor del Pueblo; Veo a María Corina, enorme, frente a una orden de aprehensión. Veo a Venezuela sin el filtro de TeleSur, veo la Venezuela que Maduro & Co. se empeñan en irrespetar.

Veo también la confirmación de que Karla María Pérez, una joven y talentosa estudiante en la Universidad central de Las Villas ha sido expulsada de la carrera de Periodismo por sus compañeros de estudio. ¿La razón? pertenecer a Somos+ , un movimiento político “ilegal” (como todo lo que no esté alineado con el gobierno).

De una parte, el pueblo venezolano por el rescate de la democracia. Del otro, lo retorcido de mandar por delante a un grupo de jóvenes, miedosos ellos mismos de perder ¿su futuro? si no logran ser convincentes. Esos jóvenes de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) que han sido despojados de la inocencia con una lección cruel, incapaces de articular un cuestionamiento a propósito de la desaparición del busto de Mella en ese espacio poscomunista que es ya la Manzana Kempinski (ex Manzana de Gómez).

No, Bogotá. No puedo hacerte la crónica que hubieras merecido.